Compromiso inesperado

Capítulo 6

El comedor imperial estaba sumido en un profundo silencio, solo una mesa, dos sillas, y velas.

Nicolás comía en silencio como si fuera una tarea más, cuchillo y tenedor en mano sin levantar la vista del plato.

Anastasia llevaba puesto un vestido azul sencillo, que no le pertenecía a Diana.

-Los impuestos del grano - dijo Nicolás de repente

Anastasia casi se atraganta - Qué!? -

-Qué si subimos el impuesto del grano, el pueblo se revela en invierno - dijo él - si lo bajamos no hay dinero para el ejército. ¿Qué harías tú? -

Anastasia parpadeó. ¿Hablaba en serio?

-Yo no sé de ejércitos su majestad -

-Nicolás, cuando estemos solos llámame Nicolás - la corrigió de forma tranquila

Ella asintió.

-Yo bajaría el impuesto y recortaría de otro lado, quizás del palacio. Hay 200 sirvientes que solo pulen plata -

Nicolás levantó la mirada sorprendido - interesante - anotó algo en una libreta - continua -.

Y hablaron de verdad, de pan, del vino, de la gente. Por primera vez en años Nicolás no hablaba con un político, hablaba con una persona.

Al llegar el postre Anastasia ya estaba más relajada, hasta se atrevió a preguntar

-¿Siempre cenas sólo? -

Nicolás dejó la copa de lado

-No, antes cenaba con... - se calló

El silencio volvió pesado

-Con Diana - dijo Anastasia en voz baja pero para que Nicolás pudiera escucharla

-Diana y yo cenamos 3 veces en 13 años, siempre con 20 personas mirando - Nicolás se río din humor.

Se sirvió más vino

-No - dijo al fin - cenaba con otra -

Anastasia se quedó quieta - ¿otra? -

-Se llamaba Elise - dijo Nicolás con la mirada clavada en la botella de vino - Hija de un duque, inteligente, se reía por todo y odiaba el protocolo -

Anastasia sintió una profunda tristeza, se había casado con un hombre que amaba a otra y que iba a casarse con otra por obligación.

-Y... Qué pasó? -

-Me enamoré - dijo Nicolás, de forma simple y con la mirada perdida - A los 19 íbamos a casarnos, en secreto le pedí permiso a mi padre y dijo que no, que una duquesa sin terrenos no servía para un emperador -

Tomó un trago largo, Anastasia no dijo nada por temor a que Nicolás dejara de hablar

-Además yo ya estaba comprometido y no iba a romper el compromiso con la familia Wittelsbach, la dije a Elise que lucharía, que esperara por mí y ella esperó, esperó por 2 largos años... Yo intenté romper el compromiso. Luego de 6 meses se casó con otro, con un conde -

Nicolás se río otra vez

-Me mandó una carta en donde me pedía perdón, "no puedo esperar por un imperio que no me quiere, te amo Nicolás pero no eres mío" esas fueron sus palabras -

Dejó la copa sobre la mesa

-Desde entonces no creo en el amor, creo en deberes, tratados, por eso cuando Diana huyó no me sorprendí, la gente se va, pero me alegra saber que tuvo la valentía de elegir por sí misma -

-Lo siento - susurro Anastasia

-No lo sientas, fue hace mucho - Nicolás se levantó fue hacia la puerta y se detuvo a medio camino

-No puedo ofrecerte mi amor Anastasia pero si puedo ofrecerte un matrimonio en paz, algo tranquilo tenemos que llevarnos bien, estaremos juntos toda la vida -

Y se fue.

Anastasia no podía dormir, daba vueltas en su enorme cama hasta que decidió salir a dar una vuelta para despejar un poco la mente.

Caminó por el palacio, estaba en total silencio sólo las velas y candelabros iluminaban el camino. Vio una puerta cerrada a diferencia de las demás era de madera simple y no tenía un pomo de oro, entró y se dio cuenta que era una biblioteca enorme agarró la vela de la entrada e iluminó la biblioteca. Todo estaba lleno de polvo como si nadie entrará ahí hace años.

En una pared escondida detrás de una cortina había un cuadro, un retrato de una chica pelirroja de ojos verdes sonríendo un hermoso vestido simple con estampado de flores, sin joyas y en la esquina escrito con tinta había algo Para N de parte de E.

Elise pensó Anastasia, Al lado del retrato había un baúl pequeño lleno de cartas, la primera que agarró decía "Sigo esperándote, sigo amándote eternamente tuya Elise".

Anastasia cerró el baúl rápido, sentía que estaba invadiendo algo privado entonces entendió algo. Nicolás no odiaba a los Wittelsbach, odiaba que le recordarán que el amor pierde contra el deber y ahora el deber le había obligado a casarse con ella.

Anastasia salió de la biblioteca con el corazón encogido, sentía lástima por los dos.




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