Custodia Compartida con el Alfa

CAPÍTULO 2

Cillian sintió que el corazón le daba un vuelco al escuchar ese nombre.

Marinnette Winslow.

Era la primera vez que volvía a saber de ella en años y de qué manera.

Su Mar era la madre de esos pequeños y él era el padre.

¡Su Mar tuvo hijos suyos! ¡Tres hijos!

¡Eso era maravilloso!

—Cillian, ¿qué significa esto? —Lumira exigió una respuesta.

Ante el tono violento de su voz, Cielo bajó la mano.

—Hijo...

—Cillian, ¿qué está pasando aquí?

Sus padres también querían una explicación.

La pequeña Mar se aferró a su mano. Él la llevó al otro lado de la mesa dónde estaban los trillizos. Se acuclilló frente a ellos.

—¿De verdad Mar es su madre?

Esto era tan hermoso que le costaba creerlo.

Su hija Mar lo miró con expresión confusa.

—Papi, yo me llamo así.

Por supuesto que sí. Él le había puesto a su hija el nombre de su amada humana, Marinnette.

—Respondan, por favor, ¿Mar es su madre?

Los trillizos asintieron.

—Soy Cielo —se presentó la niña.

—Yo, Hunter.

—Y yo soy Cillian, como tú, papá.

Los ojos de Cillian se llenaron de lágrimas y una amplia sonrisa se dibujó en sus labios.

Sin poder evitarlo, atrajo a todos sus hijos hacia sus brazos y se aferró a ellos con ternura.

A pesar del odio que su Mar debía sentir por él, le había puesto su nombre a uno de sus hijos. Eso lo conmovió mucho.

—¿Cillian? ¡Por la diosa Luna! ¿Encima se llama como él y a mi querida nieta le pusieron el nombre de la madre de esos niños? ¡Esto es una burla! —exclamó su suegra.

El resto de los presentes también comenzó a murmurar.

Cillian se apartó de sus pequeños lobitos y les dio un beso en la cabeza a cada uno.

—¿En dónde estuvieron todo este tiempo?

—Vivimos en Glasgow —explicó Cielo.

—¿Glasgow? ¿Vinieron solos desde allá?

—Sí —dijeron los tres a la vez.

—Tomamos el tren. No está tan lejos. Mami nos explicó cómo venir —avisó Hunter.

—¿Entonces ella les pidió que vinieran a buscarme?

—Sí —respondió Cielo—. Una vez nos dijo que, si estábamos en peligro o alguien quería separarnos, debíamos venir a buscarte

—¿Vas a venir con nosotros? —preguntó Cillian Jr y junto a sus hermanos lo miraron con preocupación—. Mamá de verdad te necesita.

—¿Qué fue lo que pasó con ella?

—Te explicamos después. Tenemos que irnos ahora.

Lumira dio un paso adelante.

—Cillian, no te atrevas a irte así como si nada. Nos debes una explicación a todos. ¿Qué diablos significa todo esto?

Él se incorporó con calma y miró a los presentes.

—Las explicaciones tendrán que esperar. La madre de mis hijos me necesita.

Mar tiró de su mano y él volvió la mirada hacia ella.

—¿Papi, entonces sí son mis hermanos?

—Lo son, mi amor —era lo único que ella necesitaba saber por el momento.

La pequeña sonrió ampliamente.

—¡Mi deseo se cumplió! Lo deseé tanto que ahora tengo tres hermanos. Y nos parecemos mucho.

Levantó la mano para saludarlos, muy emocionada. Los trillizos, en cambio, la miraron con algo de recelo.

Cillian se agachó y besó la coronilla de su hija Mar.

—Ve con tus abuelitos, mi amor. En la noche hablaremos de esto.

Aquellas últimas palabras también iban dirigidas al resto de los presentes.

—¡Quiero una explicación ahora! ¿Cómo que nuestra hija se llama como tu amante? —lo acusó Lumira.

—¡Ya dije que ahora no, Lumira! —la fulminó con la mirada—. Sé que mereces una explicación y te la daré, pero primero yo necesito aclarar ciertas cosas.

Tomó de la mano a la pequeña Cielo y a otro de los trillizos, y salieron de allí a toda prisa.

Después enfrentaría a sus padres y a Lumira. Ahora lo único que le importaba era volver a ver a su humana.

—Cillian, voy con ustedes.

Su beta y amigo los alcanzó antes de que subieran al coche.

—No es necesario, Richard. Mejor quédate y me informas de lo que pase aquí.

Cillian abrió la puerta trasera para que los trillizos subieran.

—Está bien. Por favor, avísame si necesitas algo.

Cillian asintió y subió al coche, sentándose detrás del volante.

—Bien, ¿Exactamente dónde está su madre ahora? —preguntó mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

—En la comisaría. Tienes que evitar que vaya a la cárcel.

—¿Ya me van a decir qué fue lo que pasó? ¿Por qué detuvieron a su madre?

Los pequeños intercambiaron miradas antes de que uno le respondiera.

—Hay un viejo horrible que molestaba a mami y también a nosotros. Hoy mami lo golpeó y lo mandó al hospital.

Cillian no pudo evitar sonreír.

—Me alegra que siga defendiéndose tan bien.

—¿Vas a sacarla de ese lugar? —Cielo lo miró un poco ansiosa.

—Claro que sí, cariño. Pónganse el cinturón de seguridad. Me encargaré de esto de inmediato.

«Y también de ajustar cuentas con el infeliz que provocó todo esto. Nadie se mete con mi Mar y menos con mis hijos»

Los niños obedecieron y se abrocharon los cinturones.

Cillian no perdió más tiempo y puso el coche en marcha.

Aprovechó que el trayecto de Edimburgo a Glasgow duraba aproximadamente una hora en coche para hacerles más preguntas.

Mientras más le contaban, más emocionado se sentía.

Su Mar le había dado tres hijos inteligentes y hermosos.

La amaba más que nunca. Claro que también le molestaba un poco que ella le hubiera ocultado su existencia, pero ahora que sabía de ellos, no tenía ninguna intención de volver a perderse ni un solo momento de sus vidas.




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