Custodia Compartida con el Alfa

CAPÍTULO 7

Mar se levantó muy temprano para arreglarse y prepararles el desayuno a sus pequeños.

Casi no había podido dormir. Se pasó buena parte de la noche pensando en todo lo ocurrido y los niños tampoco se lo habían puesto fácil. Estuvieron hablando hasta por los codos de su padre, ansiosos porque amaneciera para volver a verlo.

No se daban cuenta de lo mucho que le dolía oír hablar de él y sobre todo verlo y recordar lo que vivieron juntos.

Al final, fue ella quien se quedó dormida primero y, para colmo, terminó soñando con el lobo.

Suspiró.

Puso las fresas y la leche en la licuadora para preparar el batido. Tenía un menú diferente para cada día de la semana. De lunes a viernes, los desayunos eran más elaborados porque también debía prepararles el almuerzo que llevaban a la escuela. Los trillizos cursaban segundo grado.

—Buenos días, mami —saludó Cielo al entrar en la cocina, frotándose los ojos con sus puñitos mientras bostezaba.

—Mi princesa, ¿cómo dormiste? —Mar se acercó para darle un besito en la mejilla y luego regresó a encender la licuadora.

—¡Muy bien, mami! —exclamó la pequeña, tapándose los oídos con ambas manos.

Al ser mitad lobo, tenía el oído mucho más desarrollado y podía escuchar sonidos desde varios metros de distancia. Por eso, el ruido de la licuadora le resultaba mucho más molesto.

Mar procuraba mantenerlos alejados de ese tipo de ruidos para evitarles un mal rato.

Apagó el aparato.

—Ya está, cariño.

Cielo se destapó los oídos y se subió al taburete.

—¿A qué hora vendrá papá?

—No lo sé. No me ha escrito para avisarme —respondió su madre mientras servía la bebida en un vaso y se lo entregaba—. ¿Tus hermanos siguen dormidos?

La pequeña asintió y bebió de golpe casi todo el delicioso batido de fresas.

—Bueno, esperemos que ya bajen.

Mar sacó el pan de plátano del horno y lo dejó sobre la isla. Después, se puso a preparar huevos con espinacas y un poco de café para ella.

—¡Buenos días, mami! —Los varones entraron en la cocina y corrieron a echar un vistazo al pan, que olía delicioso y todavía estaba calentito.

—¿Y mi beso? —preguntó Mar, mirándolos con fingido reproche.

Los dos se acercaron y ella se agachó para recibir un beso en cada mejilla.

¡Muak!

—Muy bien, así me gusta, jovencitos.

—¿Mami, ya podemos comer pan de plátano?—preguntó Hunter, mirando el que estaba sobre la isla con los ojitos brillantes y haciéndosele agua la boca.

—Enseguida les sirvo. ¿Se lavaron las manos?

—¡Sí!

Mar sonrió y les sirvió primero los huevos con espinacas, algo que no a todos les gustaba. También les entregó sus batidos.

—Coman y después vayan a prepararse para que nos marchemos a la repostería. Ya saben la rutina, nos quedaremos hasta el medio día. A no ser que su padre venga antes para estar con ustedes.

Sin perder más tiempo, los trillizos comenzaron a devorar el desayuno. A Cillian Jr. no le gustaban las espinacas ni nada que fuera verde, pero sabía que no habría pan de plátano hasta que terminara lo que tenía en el plato, así que no le quedó más remedio que comérselo todo.

Mar estaba disfrutando de su café cuando sonó el timbre.

Los trillizos levantaron la cabeza y olfatearon el aire.

—¡Ese es papá!

Se bajaron de los taburetes y corrieron a abrir la puerta muy entusiasmados. Habían reconocido el aroma de su padre, aunque percibieron que venía acompañado de otro.

Al abrir, descubrieron de quién se trataba.

—¡Hola! —La pequeña Mar levantó la mano para saludarlos, con una amplia sonrisa en los labios.

—Buenos días, hijos de mi corazón —saludó tambien el Alfa.

Cielo intercambió una mirada con sus hermanos antes de acercarse.

Desde la entrada de la cocina, Mar observaba la escena con el corazón encogido.

Sus ojos recorrieron a la pequeña que estaba junto a Cillian, tomada de su mano, mientras los trillizos se presentaban como si fuera la primera vez y le daban la bienvenida.

Su ex levantó la mirada y se encontró con la suya.

—¿Podemos pasar? —preguntó con cautela.

Ella asintió y avanzó unos pasos para saludar a la hermana de sus hijos, tratando de ocultar que todavía le afectaba saber que Cillian tenía una hija con su esposa.

Pero, si sus pequeños querían conocerla y relacionarse con ella, no sería Mar quien se interpusiera.

—Mami, mira, ella es nuestra hermana, la que se llama igual que tú... —se apresuró a decir Cielo.

Mar asintió y se acuclilló frente a la pequeña.

—Es un placer conocerte, Mar.

La niña sonrió con un poco de timidez.

—A mí también me da gusto conocerte —respondió, acercando una mano para tocarle la mejilla—. Eres muy hermosa.

La Mar adulta sonrió aún más.

—Y tú también lo eres, corazón —le dijo, acomodándole un mechón de cabello detrás de la oreja antes de incorporarse—. Estábamos desayunando. Acompáñennos.

Cielo tomó de la mano a su hermana como si se conocieran de toda la vida y la llevó a la cocina junto a Cillian Jr. y Hunter.

—Gracias —dijo el Alfa cuando ambos se quedaron solos.

Mar lo miró en silencio y finalmente se dispuso a marcharse.

Él la detuvo sujetándola de la mano.

—Espera. Por favor. Quiero contarte que anoche hablé con mi familia y con la madre de mi hija. Ya es un hecho que voy a separarme de ella y mi pequeña se quedará conmigo.

Mar sintió que el corazón le daba un vuelco. Lo miró fijamente.

Cillian se acercó un poco más y con la mano libre, le acarició la mejilla.

—Mar, mi amor, voy a ser libre... Libre para poder amarte.

—Cillian...

—Voy a recuperarte, mi amor. Haré lo que debí hacer hace siete años.




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