¿Hacer lo que debió hace siete años?
Como si fuera tan fácil.
Mar le mantuvo la mirada durante varios segundos más y luego se alejó un paso para evitar que siguiera tocándola.
Cillian estaba expectante, esperando que ella dijera lo que tanto deseaba escuchar: que también lo amaba y que, ahora que iba a separarse de su esposa, podrían darse una nueva oportunidad.
—Sabes... Se siente casi como una burla que me digas todo esto —dijo en cambio, procurando no alzar demasiado la voz, aunque era evidente que los niños podían escucharlos gracias a su agudo oído.
—¿Qué? ¿Qué estoy haciendo mal ahora? Mi amor, te amo y...
—Y eso no hará que te perdone. Ni aunque te separes —lo fulminó con la mirada—. Me molesta que hables con tanta seguridad y actúes como si fuera tan fácil recuperarme.
Iba a demostrarle que se equivocaba. Él no podía reaparecer siete años después, decirle todo aquello y esperar que ella volviera a derretirse de amor por él.
—Me rompiste el corazón. Durante todo el tiempo que estuvimos juntos, me ocultaste que tenías una prometida —negó con la cabeza, dolida al recordar el pasado—. Ya no te quiero, así que no intentes nada conmigo porque no va a funcionar. Si de verdad me hubieras querido, lo habrías demostrado antes, no ahora, después de siete años.
—Mi Mar...
Ella retrocedió otro paso, evitando cualquier acercamiento.
—No fuiste el único que hizo su vida. Yo también lo hice, así que no creas que puedes volver a la mía y deshacerla como si nada.
—Estás en todo tu derecho de estar molesta conmigo, de despreciarme y de no querer ni verme. Me lo merezco, pero, por favor, dame una oportunidad para intentar reparar el daño que te hice. Te amo y nunca mentí cuando te lo dije. Tuve que casarme porque tenía un deber con mi manada.
—¿Qué pasará si te perdono y vuelves a tener que anteponer a tu manada a mí?
—Eso no pasará. Nunca volveré a cometer ese error.
Mar se cruzó de brazos, sin creerle ni por un segundo.
—Pues tengo mis dudas.
El lobo suspiró.
—Tengo un largo camino que recorrer contigo, amor. No solo debo ganarme tu perdón, sino también tu confianza.
Mar se mordió el labio.
—Y el amor...
Él arqueó una ceja.
—Estoy seguro de que todavía no lo he perdido, a pesar de que digas lo contrario.
—¿Y si te digo que durante estos años estuve con otros hombres? ¿Seguirías creyendo eso?
Cillian se tensó y sintió que el corazón le latía con más fuerza.
—¿Q-qué carajos dices? —la voz le tembló.
—Fueron siete años y yo tenía necesidades, Cillian —añadió ella.
—Creo que mientes... —murmuró él. Una oleada de celos lo invadió—. Dime qué es mentira —rogó
—No miento. Y sabes... No debería molestarte, porque al final tú también estuviste con ella y tuviste una hija hermosa.
—No —respondió él con el rostro endurecido.
Quería gritarle que la única vez que había estado con Lumira ni siquiera había sido consciente de lo que ocurría, porque su esposa lo había drogado para meterse en su cama. Desde entonces, la repudiaba. Sin embargo, se contuvo.
—¿Quién fue el que te tocó? ¿Dijiste que fueron varios? ¿Fue ese tal Adrian uno de ellos? Voy a matarlo. ¡Voy a matar a todos los que te tocaron!
—No matarás a nadie. Olvídate de lo que dije. Esto ni siquiera te concierne. Yo era libre y podía estar con quien quisiera.
—Mar... —la llamó, consumido por los celos y la rabia.
—Los niños están esperando y me tengo que ir a trabajar.
Le dio la espalda y se dirigió a la cocina, sin imaginar que sus palabras acabarían provocando algo inimaginable.
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Editado: 01.11.2026