Del Amor al Desamor

Capitulo 2

DEL AMOR AL DESAMOR

CAPÍTULO 2: UN COMIENZO INESPERADO

Narrado por Ava Miller

El despertador sonó nuevamente a las 6:15 de la mañana. Por suerte, esta vez no me costó tanto levantarme. Ya había sobrevivido a mi primer día en Westbridge International Institute y, aunque todavía estaba acostumbrándome a todo, comenzaba a sentirme un poco más cómoda.

Me arreglé, preparé mis cosas y bajé a desayunar.

—¡Miren quién decidió levantarse temprano! —comentó Daniel al verme entrar.

—No empieces —respondí mientras me sentaba.

—¿Y qué tal tu segundo día? —preguntó mi mamá.

—Espero que sea igual de bueno que el primero.

—¿Ya tienes amigas? —preguntó Victoria.

—Sí. Luna, Asha, Lari y Lisset.

—Vaya, ya tienes tu grupito —dijo Camila.

—Algo así —contesté sonriendo.

Terminé de desayunar, me despedí de todos y salí hacia la escuela.

UN CAMBIO INESPERADO

Cuando llegué al salón, encontré a Luna y a las demás conversando.

—¡Ava! —me llamó Lari—. Ven, siéntate con nosotras.

Dejé mi mochila y me acerqué.

—¿Cómo amanecieron?

—Con sueño —respondió Liset.

—Eso no es ninguna novedad —comentó Asha.

Nos reímos mientras esperábamos que llegara la profesora.

Unos minutos después, entró al salón con una carpeta en las manos.

—Buenos días, estudiantes. Antes de comenzar, vamos a realizar algunos cambios en los puestos. Quiero que se sienten con personas diferentes para que puedan trabajar y conocerse mejor.

Intercambié una mirada con Luna.

—Espero que no me manden al otro extremo del salón —murmuré.

La profesora comenzó a mencionar los nombres y a indicar los nuevos lugares.

Cuando llegó mi turno, levanté la cabeza.

—Ava Miller, te sentarás en la segunda fila, junto a Isaías Carter.

Miré hacia el lugar indicado.

Perfecto. El chico del que habían hablado las chicas el día anterior.

Recogí mis cosas y caminé hasta mi nuevo asiento. Isaías estaba acomodando sus cuadernos cuando llegué.

—Hola —dije.

Él levantó la mirada.

—Hola. Tú eres Ava, ¿verdad?

—Sí. Veo que ya sabes mi nombre.

—Es difícil no enterarse cuando eres la nueva.

—Bueno, espero que eso no sea malo.

—Todavía no tengo una opinión formada —respondió con una pequeña sonrisa.

Solté una risa.

—Qué amable.

—Intento serlo.

Antes de que pudiera responder, la profesora pidió silencio y comenzó la clase.

Durante la explicación intenté concentrarme, aunque todavía estaba pendiente de dónde había quedado cada cosa en mi cuaderno. En un momento, Isaías se inclinó un poco hacia mí.

—¿Anotaste lo que dijo de la tarea?

—¿Qué tarea?

Me miró sorprendido.

—La que acaba de explicar.

—Estaba buscando mi bolígrafo.

Él señaló mi mano.

—Lo tienes ahí.

Miré hacia abajo. Efectivamente, tenía el bolígrafo entre los dedos.

—No digas nada —murmuré.

Isaías soltó una pequeña carcajada.

—Tranquila, no diré nada.

Fue una conversación sencilla, pero consiguió que la clase se sintiera un poco menos aburrida.

UNA CONVERSACIÓN MÁS

Cuando llegó el descanso, guardé mis cosas y salí junto a las chicas.

Nos sentamos en uno de los bancos del patio. Asha estaba contando algo que le había sucedido la tarde anterior cuando vi que Isaías se acercaba con otro chico.

—¡Carter! —lo llamó Luna.

Él giró la cabeza.

—¿Qué pasa?

—¿No vas a saludar?

Isaías se acercó.

—Buenos días otra vez.

—Qué formal —comentó Lari.

—Estoy intentando causar una buena impresión.

—Vas un poco tarde —respondió Asha.

Todos comenzamos a reír.

El chico que lo acompañaba se presentó como uno de sus compañeros y se quedó conversando con nosotros.

La conversación pasó de las clases a los profesores, después a la comida de la cafetería y finalmente a una discusión sobre cuál era la asignatura más aburrida.

—Matemáticas —dije sin pensarlo demasiado.

Isaías me miró.

—¿Matemáticas? ¿En serio?

—Sí. ¿Algún problema?

—Ninguno. Solo que no estoy de acuerdo.

—Entonces tienes mal gusto.

—O quizás tú no sabes apreciar las matemáticas.

—Créeme, no necesito apreciarlas para aprobar.

Isaías se rio.

—Ya veremos cuánto te dura esa confianza.

—¿Eso fue un desafío?

—Tómalo como quieras.

Las chicas comenzaron a bromear con nosotros y la conversación continuó hasta que sonó el timbre.

No había sido nada extraordinario, pero me había divertido.

PEQUEÑAS COINCIDENCIAS

El resto del día transcurrió con normalidad.

En la siguiente clase, Isaías me preguntó si tenía una hoja extra. Se la presté y, al terminar, me la devolvió con un pequeño dibujo en una esquina.

—¿Qué es esto? —pregunté.

—Una obra de arte.

—Pues tienes que practicar bastante.

—Gracias por tu apoyo.

—De nada.

Más tarde, cuando salíamos del salón, coincidimos nuevamente en el pasillo.

—Nos vemos mañana, compañera —dijo él.

—Si sobrevivo a las clases, claro.

—No prometo que sea fácil.

—Qué motivador eres, Carter.

Él se rio y siguió caminando.

Yo me reuní con Luna y las demás para salir de la escuela.

—¿Y qué tal tu nuevo compañero? —preguntó Asha con una sonrisa curiosa.

—¿Isaías? Normal.

—¿Solo normal? —insistió Lari.

—Sí. Es bastante hablador.

—Eso ya lo sabíamos —comentó Luna.

—Bueno, tampoco está tan mal —añadí.

Las cuatro comenzaron a reírse.

DE REGRESO A CASA

Cuando llegué, dejé mi mochila en la habitación y bajé a buscar algo de comer.

Mi mamá estaba en la cocina.

—¿Qué tal el día, cariño?

—Bien. Hoy cambiaron los puestos y me tocó sentarme con un chico llamado Isaías.




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