DEL AMOR AL DESAMOR
CAPÍTULO 5: CUESTIÓN DE ACOSTUMBRARSE
Narrado por Ava Miller
El jueves por la mañana me desperté unos minutos antes de que sonara la alarma. Algo bastante extraño, teniendo en cuenta que normalmente necesitaba que me llamaran unas tres veces para levantarme.
Me arreglé, preparé mi mochila y bajé a desayunar.
—¿Hoy sí te levantaste sola? —preguntó Daniel al verme entrar.
—Buenos días para ti también.
—Estoy orgulloso de ti, hermanita.
—Qué emocionante. ¿Quieres un premio?
Camila soltó una carcajada desde el otro lado de la mesa.
Después de desayunar, me despedí de mi familia y salí hacia Westbridge.
UNA CARA CONOCIDA
Cuando llegué al salón, encontré a Luna y a Liset conversando cerca de sus asientos.
—¡Ava! —exclamó Luna—. Buenos días.
—Buenos días. ¿Y las demás?
—Asha fue a comprar algo y Lari todavía no llega.
Dejé mi mochila en mi asiento y saqué el teléfono.
—¿Qué haces? —preguntó una voz detrás de mí.
Me giré.
Isaías.
—¿No puedes saludar primero? —respondí.
—Buenos días, Ava. Qué alegría verte. ¿Así está mejor?
—Muchísimo.
—De nada. Soy un encanto.
Luna comenzó a reírse.
—Eso último está en discusión —comentó.
Isaías se llevó una mano al pecho, fingiendo estar ofendido.
—Qué falta de respeto. Y yo que venía de buen humor.
—Pues intenta conservarlo —le dije.
Él sonrió y se dirigió hacia su asiento.
No sé cómo lo hacía, pero siempre encontraba alguna manera de responder.
UN TRABAJO EN EQUIPO
La profesora llegó unos minutos después y comenzó a organizar los materiales de la clase.
—Hoy vamos a realizar una actividad en parejas. Quiero que trabajen con la persona que tienen al lado.
Miré a Isaías.
Él también me miró.
—Parece que nos tocó trabajar juntos otra vez —comentó.
—Qué suerte la mía.
—No tienes que disimular tu emoción.
—Créeme, no estoy disimulando nada.
La profesora explicó las instrucciones y nos entregó una hoja con varias preguntas.
Comenzamos a leerlas.
—Bueno, ¿por dónde empezamos? —pregunté.
—Por la primera pregunta. Normalmente se empieza por ahí.
Lo miré.
—Gracias, capitán obvio.
—A tu servicio.
Intenté ignorarlo y comencé a escribir.
Durante los primeros minutos trabajamos bastante bien. Isaías proponía algunas respuestas y yo las anotaba. De vez en cuando discutíamos porque ninguno estaba de acuerdo con la opinión del otro.
—Eso no tiene sentido —dije.
—Claro que sí.
—¿Y puedes explicarme por qué?
—Porque lo digo yo.
Levanté la mirada lentamente.
—Qué argumento tan impresionante.
Isaías soltó una carcajada.
—Está bien, está bien. Déjame explicarte.
Terminó explicándome su respuesta y, aunque no quería darle la razón, tenía que admitir que no estaba tan equivocado.
—Bueno, esa sí te la acepto —dije.
—¿Ves? No era tan difícil reconocer mi inteligencia.
—No te acostumbres.
Continuamos trabajando hasta que terminamos la actividad.
—No estuvo tan mal —comentó mientras entregábamos la hoja.
—Supongo que sobrevivimos.
—Fue un placer trabajar contigo.
—No exageres.
DURANTE EL DESCANSO
Al llegar el descanso, salí con las chicas hacia el patio.
Asha estaba contando una historia que le había sucedido la tarde anterior y Lari no podía dejar de reírse.
—No, pero ustedes tenían que haber visto mi cara —decía Asha.
—¡Es que me lo estoy imaginando! —respondió Lari.
Me senté junto a Luna y saqué algo de mi mochila para comer.
Unos minutos después, Isaías apareció acompañado de dos compañeros.
—¿Hay espacio aquí? —preguntó.
—Depende —respondió Liset.
—¿De qué?
—De si vienes a molestar.
—Entonces creo que no tengo posibilidades.
Se sentó de todas formas.
—Qué considerado eres —comenté.
—Intento serlo, pero ustedes no me dejan.
La conversación continuó entre bromas y comentarios sobre las clases.
En un momento, uno de sus compañeros mencionó que Isaías había tenido problemas con una tarea.
—¿Tú no eras el que decía que era buenísimo en matemáticas? —pregunté.
—Soy buenísimo.
—Entonces, ¿qué pasó con tu tarea?
—Detalles técnicos.
—Claro, claro.
—No te emociones. Un día de estos te voy a demostrar que sé más que tú.
—Estaré esperando ese milagro.
Todos comenzaron a reírse.
Era curioso. Apenas llevaba unos días conociéndolo y ya teníamos una especie de costumbre: él decía alguna tontería, yo respondía y terminábamos discutiendo por cualquier cosa.
Y, aunque no lo admitiría delante de él, resultaba bastante divertido.
ANTES DE IRNOS
Las últimas clases pasaron rápidamente.
Cuando sonó el timbre de salida, guardé mis cuadernos y me levanté.
Isaías estaba terminando de organizar su mochila.
—Oye, Ava.
Me giré.
—¿Qué?
—¿Terminaste de copiar la tarea de hoy?
—Sí, ¿por?
—Porque no entendí una parte.
Lo miré con cierta desconfianza.
—¿Tú no eras el inteligente?
—Lo soy, pero hasta los inteligentes necesitan ayuda de vez en cuando.
Solté una carcajada.
—Mañana te explico.
—Perfecto. Sabía que podía contar contigo.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
Salí del salón y me reuní con las chicas.
—¿Otra vez hablando con Carter? —preguntó Lari.
—Estábamos hablando de una tarea.
—Ajá —respondió Asha con una sonrisa.
—¿Qué? ¡Es verdad!
Luna se rio.
—Tranquila, nadie ha dicho nada.
Negué con la cabeza y seguimos caminando.
DE REGRESO A CASA
Cuando llegué, encontré a Valeria jugando en la sala con Mateo.