DEL AMOR AL DESAMOR
CAPÍTULO 6: CADA VEZ MÁS CERCA
Narrado por Ava Miller
El viernes llegó más rápido de lo que esperaba.
Mi semana en Westbridge había sido bastante diferente a lo que imaginaba. Al principio pensé que me costaría muchísimo acostumbrarme a una escuela nueva, pero las cosas estaban comenzando a mejorar.
Sobre todo porque ya tenía un pequeño grupo de amigas y un compañero que parecía tener como pasatiempo llevarme la contraria.
Sí, Isaías Carter.
Me levanté, me arreglé y bajé a desayunar.
—Buenos días —saludé mientras entraba en la cocina.
—Buenos días, cariño —respondió mi mamá.
Daniel estaba sentado junto a Sebastián, que había pasado a visitarnos. Ambos conversaban sobre algo que no me interesaba demasiado.
—¿Lista para otro día de clases? —preguntó Daniel.
—Más o menos.
—Qué entusiasmo.
—Gracias, intento transmitir alegría.
Camila comenzó a reírse.
Después de desayunar, tomé mi mochila y salí hacia la escuela.
UNA MAÑANA TRANQUILA
Al entrar al salón encontré a Luna y Asha conversando.
—¡Ava! —me llamó Asha—. Ven, estamos hablando de lo que haremos este fin de semana.
Me acerqué y dejé mi mochila en el asiento.
—¿Y qué se supone que haremos?
—Todavía no sabemos —respondió Luna—. Estamos intentando ponernos de acuerdo.
—Eso puede tardar bastante —comenté.
—¡Oye! —protestó Asha.
Nos reímos.
Mientras hablábamos, Isaías entró al salón acompañado de uno de sus compañeros. Saludó a algunos estudiantes y, al pasar junto a nuestro grupo, levantó ligeramente la mano.
—Buenos días.
—Buenos días —respondimos.
Se acercó a su asiento y dejó la mochila.
Unos segundos después se giró hacia mí.
—¿Hiciste la tarea de ayer?
—Buenos días para ti también, Carter.
—Ya te saludé.
—Qué considerado.
—Muchísimo.
Saqué mi cuaderno y se lo mostré.
—Sí, la hice.
—Perfecto. Entonces voy por buen camino.
Lo miré con incredulidad.
—¿No me digas que pensabas copiarla?
—Yo nunca dije eso.
—No hacía falta.
Isaías se rio y volvió a acomodarse en su asiento.
UN POCO DE TRABAJO
La primera clase transcurrió con normalidad. La profesora nos pidió resolver algunos ejercicios y, cuando terminó de explicar, comenzó a caminar por el salón para revisar nuestro trabajo.
Yo estaba concentrada en mi cuaderno cuando Isaías se inclinó ligeramente hacia mi lado.
—¿Cuánto te dio el segundo ejercicio?
—¿No puedes hacerlo tú?
—Claro que puedo. Solo quiero comparar resultados.
Le mostré mi respuesta.
La observó durante unos segundos.
—Me dio lo mismo.
—Qué sorpresa.
—¿Por qué lo dices?
—Pensé que ibas a necesitar ayuda.
—Qué poca confianza me tienes.
—Es que todavía no me has demostrado nada.
Isaías negó con la cabeza, fingiendo estar decepcionado.
—Voy a recordar esto.
—Hazlo.
La profesora pasó junto a nosotros y ambos volvimos rápidamente a nuestros cuadernos.
EL GRUPO COMPLETO
Durante el descanso, las chicas y yo nos sentamos en uno de los bancos del patio.
Estábamos hablando cuando Isaías apareció con sus compañeros.
—¿Se puede? —preguntó señalando el espacio libre.
—Mientras no molestes —respondió Liset.
—Voy a intentar portarme bien.
—Eso queremos verlo —añadió Lari.
Isaías se sentó y comenzó a conversar con los demás.
En algún momento, la conversación llegó a los planes del fin de semana.
—¿Ustedes van a salir? —preguntó uno de sus compañeros.
—Estamos intentando organizar algo —respondió Luna.
—Podrían ir al centro comercial —sugirió Isaías.
—No es mala idea —dijo Asha.
—¿Ves? Por algo soy el que aporta las mejores ideas —comentó él.
—No te emociones —le dije.
—Déjame tener mi momento.
Todos comenzamos a reír.
La conversación continuó durante varios minutos. Hablamos de música, películas y algunas cosas que nos habían pasado durante la semana.
Descubrí que Isaías era bastante conversador y que tenía una facilidad increíble para hacer bromas incluso cuando nadie se las pedía.
Y, aunque a veces podía resultar desesperante, no era desagradable tenerlo cerca.
UN PEQUEÑO FAVOR
Al regresar al salón, me di cuenta de que había olvidado un libro en mi mochila de casa. Revisé mis cuadernos varias veces, esperando encontrarlo, pero no tuve suerte.
—¿Qué buscas? —preguntó Isaías.
—Un libro que olvidé traer.
—¿De qué materia?
Se lo dije y él abrió su mochila.
—Creo que tengo el mío.
Sacó el libro y lo colocó entre los dos.
—Puedes mirar conmigo.
—¿Seguro?
—No, lo traje para admirarlo durante la clase.
Lo miré.
—Eres imposible.
—Pero te estoy ayudando.
—Eso es verdad.
Compartimos el libro durante la explicación. Fue un detalle pequeño, pero me sorprendió que se ofreciera sin que tuviera que pedírselo.
HASTA EL LUNES
Cuando terminaron las clases, guardé mis cosas y me levanté.
—¡Ava! —escuché detrás de mí.
Me giré. Isaías estaba terminando de cerrar su mochila.
—¿Qué pasa?
—Que tengas buen fin de semana.
—Gracias. Igualmente.
—Y no olvides hacer la tarea.
—Mira quién habla.
—Yo siempre hago mis tareas.
Lo miré con una expresión de duda.
—Claro, Carter. Lo que tú digas.
Se rio y salió del salón.
Me reuní con las chicas y caminamos juntas hacia la salida.
—Oye, Ava —dijo Luna—, ¿te has dado cuenta de que ya hablas bastante con Isaías?
—¿Y qué tiene?
—Nada, solo lo digo.
—Es mi compañero de asiento. Es normal que hablemos.