DEL AMOR AL DESAMOR
CAPÍTULO 4: LA CHICA DEL ASIENTO DE AL LADO
Narrado por Isaías Carter
El despertador sonó a las 6:00 de la mañana.
Abrí los ojos y miré la hora en mi teléfono. Otro día de clases. Me levanté sin muchas ganas, me duché y comencé a prepararme.
Cuando bajé a desayunar, encontré a mi familia reunida en la cocina.
—Buenos días —saludé mientras buscaba una silla.
—Buenos días, hijo —respondió mi mamá—. ¿Dormiste bien?
—Más o menos.
Sebastián, que estaba sentado frente a mí, soltó una risa.
—Este siempre tiene una excusa para no levantarse.
—¿No tienes nada mejor que hacer? —le pregunté.
—No, molestarte es mi pasatiempo favorito.
Negué con la cabeza mientras mis hermanas pequeñas se reían.
Después de desayunar, tomé mi mochila y salí hacia la escuela.
UN CAMBIO DE PLANES
Al llegar a Westbridge, saludé a mis compañeros y entré al salón.
Todo parecía normal hasta que llegó la profesora.
—Buenos días. Hoy vamos a cambiar los puestos para que puedan compartir con otros compañeros.
Algunos comenzaron a quejarse.
—¡Pero profesora, yo estoy bien aquí! —protestó uno de mis amigos.
—Precisamente por eso vamos a cambiar —respondió ella.
Me acomodé en mi silla mientras comenzaba a mencionar los nombres.
No estaba demasiado interesado en saber quién se sentaría a mi lado. Mientras no me tocara alguien que hablara durante toda la clase, estaba bien.
Entonces escuché:
—Ava Miller, te sentarás en la segunda fila, junto a Isaías Carter.
Levanté la mirada.
Ava Miller.
Ese nombre me sonaba. Era la chica nueva de la que algunos habían hablado el día anterior.
Un momento después, la vi acercarse con sus cosas.
—Hola —me dijo.
—Hola. Tú eres Ava, ¿verdad?
—Sí. Veo que ya sabes mi nombre.
—Es difícil no enterarse cuando eres la nueva.
—Bueno, espero que eso no sea malo.
Sonreí un poco.
—Todavía no tengo una opinión formada.
—Qué amable.
—Intento serlo.
La profesora comenzó la clase y dejamos de hablar.
Al principio pensé que sería una compañera más con la que compartiría el espacio hasta que volvieran a cambiar los puestos. Sin embargo, durante la explicación ocurrió algo que me hizo reír.
Ava estaba buscando algo en su mochila y parecía bastante distraída.
—¿Anotaste lo que dijo de la tarea? —le pregunté.
—¿Qué tarea?
La miré.
—La que acaba de explicar.
—Estaba buscando mi bolígrafo.
Señalé su mano.
—Lo tienes ahí.
Miró hacia abajo y se dio cuenta de que lo había tenido todo el tiempo.
—No digas nada —murmuró.
No pude evitar reírme.
—Tranquila, no diré nada.
Me pareció bastante graciosa su reacción.
EN EL DESCANSO
Cuando llegó el descanso, salí al patio con uno de mis compañeros.
Mientras caminábamos, escuché que Luna me llamaba.
—¡Carter!
Me giré.
—¿Qué pasa?
—¿No vas a saludar?
Me acerqué al grupo. Allí estaba Ava, junto a Luna, Asha, Lari y Liset.
—Buenos días otra vez —dije.
—Qué formal —comentó una de ellas.
—Estoy intentando causar una buena impresión.
—Vas un poco tarde —respondió Asha.
Todos nos reímos.
Mi compañero también se presentó y terminó quedándose con nosotros. La conversación comenzó con las clases y después pasó a otros temas.
En algún momento, alguien mencionó las matemáticas.
—Matemáticas —dijo Ava cuando preguntaron cuál era la asignatura más aburrida.
—¿En serio? —pregunté.
Ella me miró.
—Sí. ¿Algún problema?
—Ninguno. Solo que no estoy de acuerdo.
—Entonces tienes mal gusto.
Me reí.
—O quizás tú no sabes apreciar las matemáticas.
—Créeme, no necesito apreciarlas para aprobar.
—Ya veremos cuánto te dura esa confianza.
—¿Eso fue un desafío?
—Tómalo como quieras.
No esperaba que una conversación tan sencilla terminara siendo tan divertida. Ava tenía respuestas para casi todo y no parecía tener problemas para defender sus opiniones.
Cuando sonó el timbre, regresamos a nuestros respectivos salones.
UNA COMPAÑERA DIFERENTE
Durante las siguientes clases, volvimos a hablar algunas veces.
En una de ellas necesité una hoja extra y le pregunté si tenía alguna.
—Toma —me dijo, entregándomela.
—Gracias.
Cuando terminé de utilizarla, se la devolví con un pequeño dibujo en una esquina.
—¿Qué es esto? —preguntó.
—Una obra de arte.
—Pues tienes que practicar bastante.
—Gracias por tu apoyo.
—De nada.
Me hizo gracia la manera en que respondía. No parecía tomarse demasiado en serio mis comentarios, y eso hacía que conversar con ella fuera sencillo.
Al finalizar las clases, recogimos nuestras cosas.
—Nos vemos mañana, compañera —le dije.
—Si sobrevivo a las clases, claro.
—No prometo que sea fácil.
—Qué motivador eres, Carter.
Me reí antes de salir del salón.
DE REGRESO A CASA
Cuando llegué, mi mamá estaba en la sala.
—¿Cómo te fue hoy?
—Bien. Cambiaron los puestos.
—¿Y con quién te tocó?
—Con una chica nueva. Se llama Ava.
—¿Y qué tal?
—Bien. Hablamos un poco.
Mi mamá sonrió.
—Parece que hiciste una nueva compañera.
—Mamá, solamente estamos sentados juntos.
—Está bien, está bien —respondió entre risas.
Subí a mi habitación y dejé la mochila sobre el escritorio.
Más tarde, mientras revisaba mi teléfono, recordé algunas de las conversaciones del día. No era algo que me quitara el sueño ni mucho menos, pero tenía que admitir que la nueva compañera era bastante divertida.
Hasta ese momento, Ava Miller era simplemente una chica con la que me había tocado compartir asiento.