Del Amor al Desamor

Capitulo 7

DEL AMOR AL DESAMOR

CAPÍTULO 7: ENTRE RISAS Y COSTUMBRES

Narrado por Ava Miller

El lunes llegó y, aunque no estaba especialmente emocionada por volver a clases, había algo que me gustaba de mi nueva rutina: ya no me sentía como una desconocida en Westbridge.

Ahora tenía amigas con quienes pasar los descansos, personas con quienes conversar y hasta un compañero que parecía haber encontrado en mí a su víctima favorita para hacer bromas.

Isaías Carter.

Me levanté de la cama, me preparé y bajé a desayunar. Valeria estaba sentada en su sillita mientras Mateo intentaba quitarle un pedazo de pan.

—Mateo, eso es mío —protestó ella.

—Mío —repitió él, abrazando el pan.

—¡Mamá!

No pude evitar reírme.

—Buenos días a todos —saludé.

—Buenos días, dormilona —comentó Daniel.

—No soy dormilona.

—Claro que no. Solo tardaste media hora en bajar.

—Daniel, por favor.

Después de desayunar, me despedí de mi familia y salí hacia la escuela.

EL LUNES DE SIEMPRE

Cuando llegué al salón, encontré a Luna, Asha, Lari y Liset reunidas cerca de nuestros asientos.

—¡Por fin llegaste! —dijo Lari.

—¿Qué pasó?

—Nada, pero necesitamos contarte algo —respondió Liset.

Dejé mi mochila y me senté junto a ellas.

—Ahora me preocupan.

Luna comenzó a contar una situación graciosa que le había sucedido durante el fin de semana. Asha no paraba de interrumpirla para agregar detalles y Lari se reía tanto que apenas podía hablar.

Me encantaba pasar tiempo con ellas. Poco a poco, se habían convertido en una parte importante de mis días.

—Buenos días, gente —escuché detrás de mí.

No necesité girarme para reconocer la voz.

—Buenos días, Carter —respondí.

—Vaya, hoy sí saludas.

—No te acostumbres.

—Demasiado tarde.

Isaías dejó su mochila junto a su asiento y se sentó.

—¿Qué están haciendo? —preguntó.

—Hablando de nuestras vidas —contestó Asha.

—Interesante. ¿Y por qué no me invitaron?

—Porque nadie te llamó —dijo Liset.

—Qué crueles son conmigo.

—Es una situación muy triste —comenté, fingiendo preocupación.

Él me miró.

—Gracias, Miller. Sabía que podía contar contigo.

UN TRABAJO EN EQUIPO

La primera clase fue de Lengua. La profesora entró con varios libros y nos anunció que realizaríamos una actividad en grupos.

—Quiero que formen equipos de cuatro personas. Tendrán que preparar una pequeña exposición para la próxima semana.

Luna se giró inmediatamente hacia nosotras.

—Nosotras cinco.

—Son cuatro por grupo —aclaró la profesora.

Nos miramos entre todas.

—Bueno, ya empezamos mal —murmuró Asha.

Después de organizar los equipos, terminé trabajando con Luna, Isaías y otro compañero de la clase.

—Parece que nos tocó juntos otra vez —comentó Isaías mientras acercaba su silla.

—Espero que esta vez trabajes —respondí.

—¿Tú siempre tienes tan poca fe en mí?

—Tengo mis razones.

Luna soltó una carcajada.

Comenzamos a repartir las partes del trabajo. Yo me encargué de buscar información, Luna organizaría las ideas e Isaías prepararía una parte de la exposición.

—¿Y quién va a presentar primero? —preguntó Luna.

—Yo puedo hacerlo —dije.

—Perfecto —respondió Isaías—. Así, si nos equivocamos, podemos echarte la culpa.

Lo miré inmediatamente.

—¿Perdón?

—Era una sugerencia.

—Pues busca otra.

Él se rio y continuó escribiendo.

Trabajar con Isaías podía ser un poco complicado porque siempre encontraba la manera de convertir cualquier conversación en una broma. Sin embargo, también era responsable cuando se lo proponía.

Y eso tenía que reconocerlo.

UN DESCANSO DIFERENTE

Durante el recreo, nos reunimos todos en una mesa del patio.

Luna estaba hablando sobre una película que quería ver y Asha intentaba convencerla de que eligiera otra.

—Esa película es aburridísima —dijo Asha.

—¡Ni siquiera la has visto!

—No necesito verla para saberlo.

—Entonces no opines.

Mientras discutían, Isaías se sentó frente a mí.

—Miller, necesito hacerte una pregunta.

—¿Qué hiciste ahora?

—¿Por qué siempre piensas que hice algo malo?

—Experiencia.

—Qué injusticia.

—A ver, pregunta.

—¿Tú eres buena jugando al voleibol?

—Más o menos. ¿Por qué?

—Estamos organizando un partido después de clases algún día.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

—Que necesitamos gente.

—Ah, o sea que solo me quieres por mis habilidades deportivas.

—Exactamente.

—Qué conveniente.

Isaías comenzó a reírse.

—Entonces, ¿vas a jugar?

—Depende de quiénes vayan.

—Qué exigente.

—Muchísimo.

La conversación siguió entre bromas y comentarios de los demás. Al final, no llegamos a organizar nada, pero quedamos en hablarlo durante la semana.

UNA PEQUEÑA SORPRESA

Cuando regresamos al salón, descubrí que había dejado mi estuche en la mesa del patio.

—Genial —murmuré.

—¿Qué pasó? —preguntó Luna.

—Olvidé mi estuche.

—Yo voy contigo —se ofreció.

Antes de que pudiera levantarme, Isaías apareció con el estuche en la mano.

—¿Buscabas esto?

Lo miré sorprendida.

—¡Mi estuche! ¿Dónde lo encontraste?

—En la mesa donde estábamos sentados.

—Gracias.

—De nada. Por suerte, alguien tiene buena memoria.

—No te emociones. Solo lo encontraste.

—Déjame disfrutar mi momento, Miller.

Le quité el estuche de las manos y regresé a mi asiento.

—Gracias otra vez.

—De nada.

Fue un gesto sencillo, pero me hizo pensar que Isaías no era solamente el chico que hacía bromas todo el tiempo. También podía ser atento cuando quería.




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