Descargas Eléctricas

Prólogo

A lo largo de mi no tan corta vida, escuché una y otra vez a mi abuela narrar aquella vieja historia de los "Tres Grandes Amores".

El cuento siempre comenzaba igual: tres chicos que llegan en distintos momentos de tu vida, cada uno destinado a enseñarte algo que el anterior no pudo. Tres chicos capaces de romper el equilibrio de tu mundo y hacerte experimentar sensaciones tan electrizantes que parecían sacadas de una novela.

El final era predecible, siempre el mismo. La chica terminaba quedándose con el último, porque, según mi abuela, ese era el que poseía todo lo que los otros dos no. Era maduro y leal, cualidades que al primero le faltaban. Le ofrecía amor y estabilidad, aquello que el segundo jamás supo darle.

Básicamente, el último era el amor de su vida. Y bla, bla, bla.

Cada verano, en aquella casa, la historia se repetía como un disco rayado. Hasta los doce, debo admitir, me parecía fascinante. Pero créanme, cuando la has escuchado hasta el cansancio y, peor aún, cuando tienes diecisiete y estás a un paso de irte a la universidad, pierde todo su encanto.

—Puras chorradas —pensaba cada vez que la oía.

Aunque, claro, mi abuela jamás me advirtió que aquello no era solo un cuento cliché. Tampoco se tomó la molestia de decirme qué hacer si, por capricho del destino, los tres aparecían al mismo tiempo.

¿Es posible?

Claro que sí.

Mi vida flotaba en una rutina soporífera que, sin que me diera cuenta, me apagaba, me oprimía y me hundía en un silencio casi agonizante. Día tras día, repetía las mismas acciones, reía por las mismas cosas y sufría por las mismas heridas. Llegué a convencerme de que así debía ser, que las inseguridades no eran más que caprichos estúpidos que debía enterrar, y que aprendería a convivir con ese vacío que se anidaba dentro de mí.

Pero todo cambió.

Ellos me cambiaron.

Sea para bien o para mal, lo hicieron.

No fue cuestión de tiempo, porque tampoco fue mucho. Solo bastó un verano para acabar con la versión de mí que creía inquebrantable. Un verano donde todo se fue de mal en peor, y después se convirtió en algo que, incluso hoy, no sabría cómo describir.

Lo único que sí tenía claro era esto:

Uno es una montaña rusa.

El segundo, una tormenta.

Y el último... el último es un maldito tornado.

Son tan iguales y, al mismo tiempo, tan diferentes.

Todos dejaron su huella.

Pero solo uno logró hacerme sentir las auténticas Descargas Eléctricas.

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Bienvenidos nuevos lectores

Mis chicas que amamos el romance, el amor y soñamos con casarnos, esta historia es para ti.

Antes de continuar este camino de cambios emocionales, como lo es la adolescencia, tengo mis consejos para ti.

Primero: Recuerda que mis personajes son adolescentes. No los juzgues tan rápido, solo recuerda que mis niños se equivocan y que, si supieran manejarse, esto sería una historia sobre adultos.

Segundo: Mejor ve familiarizándote con lo agridulce.

Tercero: Recuerda, no hay exclusividad.

Xoxo




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