El Armario

Primera Parte

Me convencí que amar y confiar en las mujeres era el peor error…

✶✶✶✶✶

El pequeño abrió los ojos al sentir la presencia a su lado.

El sudor por el anticipado terror, perló su pequeño rostro. Apretó con fuerza las manos sobre la sábana, mientras la ansiedad recorría su cuerpo en un visible trémulo. Lo que estaba por venir era algo que todas las noches, desde tres meses atrás, ocurría y no importaba qué hiciera, nunca podía escapar de esa agonía.

A sus cinco años de edad entendía poco de lo que sucedía, o por qué sucedía, pero sabía que el miedo que sentía cuando lo metía al mueble, le hacía tener pesadillas cada vez que dormía.

Miró a su alrededor, asustado, deteniendo la mirada en el techo. Estaba oscuro y por eso era fácil asustarse con cualquier cosa, no obstante, quien estaba al lado de su cama no era cualquier cosa.

Era su hermano de siete años, la raíz de su miedo, así que sin levantarse, movió la cabeza sobre la almohada de un lado al otro, pero Víctor lo ignoró y encendió una pequeña lámpara de mano para alumbrar un poco la grande habitación que compartían. La luz artificial iluminó también los ojos negros de su hermano y estos brillaron de manera espeluznante, o así le pareció a Christian, quien no pudo evitar los sollozos.

—¡No! ¡No otra vez! —exclamó Chris y su rostro pronto se humedeció con las lágrimas, las que secó con la manta cuando se acurrucó debajo de esta.

Víctor lució entonces una expresión anormal y esta incrementó el terror de Chris cuando la sábana protectora fue apartada de él.

—¡No llores! —ordenó el mayor con voz enronquecida, ruda—. ¡Levántate!

—¡No quiero! ¡No!

—¡Hazlo o juro que vas a lamentarlo mucho más!

Víctor puso su puño sobre el lloroso rostro, pero más que esa acción, era la voluntad de su hermano lo que lo obligaba a obedecerlo. Víctor ejercía un horrible control sobre él, así que pese a su protesta, y como todas las noches lo hacía, salió de la cama. Sin controlar las lágrimas silenciosas, lo siguió al armario.

—Ábrelo —dijo Víctor, deteniéndose ambos a varios pasos del mueble, pero al ver que Chris no se acercaba a las puertas para obedecerlo, ordenó con sequedad—. ¡Ábrelo!

—¡No quiero!

Impaciente y violento, Víctor empujó a Chris hacia las puertas del armario.

—¡Ábrelo ya!

Temblando, Chris miró con súplica a Víctor, pero la expresión oscura de su hermano lo dominó, de modo que abrió las puertas del guardarropa en contra de su voluntad. Nada lo ayudó cuando se vio ante la oscuridad del interior que clamó por él. Sus pies parecían haber echado raíces en el suelo, porque no pudo moverse para alejarse del mueble a pesar de saber lo que ocurriría a continuación.

Víctor iluminó el interior del armario repleto de camisas, pantalones y chaquetas, pero a la vista de Chris, toda esa ropa daba la lúgubre impresión de ser personas colgadas. Personas que, ante su aterrada mirada, parecían levantar los brazos para introducirlo con ellas.

—¿Por qué siempre me obligas a entrar aquí? —preguntó Chris en un hilo de voz.

Su rostro empapado por las lágrimas se volvió a Víctor. Antes ya le había hecho esa pregunta y él jamás le respondía, sin embargo, esa noche fue diferente, pues él dijo en un tono que no logró identificar:

—¡Porque así ella se va! ¡Ahora entra!

Antes de que Víctor lo lanzara adentro del armario con una fuerza de la que hacía gala solamente en ese momento, Chris alcanzó a ver la expresión desquiciada de su hermano, pero pronto la olvidó cuando Víctor cerró las puertas con rapidez, asegurándolas con el pasador corredizo y no hubo escape para él.

Pero para Víctor sí, pues este apagó la lámpara y corrió a ocultarse debajo de su cama, acurrucándose al fondo, bien pegado a la pared.

Entre tanto, adentro del armario, Chris intentó calmarse, pero envuelto en la oscuridad, respiró con agitación mientras su miedo crecía y aquella sensación que siempre llegaba, lo descontroló sin remedio. Su exaltada imaginación lo llevó a sentir que la ropa cobraba vida y se había convertido en muchas personas colgadas que trataban de atraparlo.

Sintió muchas manos sobre él.

Manoteó para sacárselas de encima, pero no pudo, sino que su mente fabricó más irrealidades y llegó el momento en el que no solo había personas colgadas ahí, sino que percibió criaturas extrañas saliendo de las paredes del armario. Habían llegado para llevárselo a su mundo. No pudo soportar más, gritó aterrado. Golpeó con los puños la puerta. Quería salir de esa tortura.

Sus gritos pidiendo ayuda invadieron toda la habitación.

—¡Sácame de aquí! ¡Me están atrapando! ¡Mami! ¡Mami! ¡Quieren llevarme!

Sus gritos traspasaron las paredes de la habitación hasta llegar a la de sus padres, quienes apresurados entraron a la habitación de sus hijos. Encendieron la luz y fueron a rescatar al más pequeño, liberándolo del armario.

Chris no pudo dejar de temblar ni siquiera al encontrarse en los protectores brazos de su madre, quien con gran amor le dijo:

—Ya mi amor, ya pasó. Estás a salvo.




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