El Corazon Del Dragon

Capítulo 9.

Víktor encontró a Alisa en la cocina. Ella rebuscaba en el refrigerador, que el dragón se había encargado de llenar, sin saber qué preparar. No tenía apetito, pero el dolor sordo del estómago le exigía algo más sustancioso que café.

—Hola —dijo él en voz baja para no asustarla.

—Hola.

Por su mirada, Víktor comprendió que ella se alegraba de verlo. Su inseguridad se desvaneció. Bajo el cuello de su camisa de quinientos dólares volvieron a asomar escamas, solo que esta vez no aparecieron por irritación ni por ira, sino por una oleada de ternura insoportable.

—¿Cenas conmigo? —propuso Alisa con timidez—. Podemos pedir pizza. Como antes.

—¿De queso?

La sonrisa de Víktor pareció transportarla de nuevo al primer año de universidad, cuando aquel dragón desgarbado la alimentaba con esa masa cubierta de queso. Ella temía engordar por su culpa, pero comía con apetito. Víktor se quitó el saco, se remangó la camisa hasta los codos e hizo el pedido.

—Tengo noticias. Sobre tu marido —dijo el dragón con cautela—. Hizo el check-in en el aeropuerto de Denpasar junto con Kira Davlátova.

—Entonces, ¿todo es verdad?

—Sí. Y... —Víktor vaciló—. Eso no es todo.

Ella sirvió café. Se sentaron en el sofá, uno frente al otro. Alisa se llevó las rodillas al pecho y escuchó con atención, tratando de contener la mezcla de emociones.

Víktor le contó con detalle lo que había averiguado la investigación. Sin embargo, no mencionó el destino de las víctimas de su marido para no hacerle más daño. Para que no se sintiera culpable por algo que no había hecho. No le habló de los jubilados que, por culpa de Oleg, habían terminado en la calle ni de las madres solteras que habían caído en las redes del estafador. Observaba atentamente la reacción de Alisa y se alegraba en silencio cada vez que conseguía sentarse un poco más cerca de ella. El cálido aroma de la joven tranquilizaba tanto a la bestia como al hombre.

—Entonces, ¿Elena no se quitó la vida? —dedujo Alisa cuando él mencionó el caso con cautela.

—No podemos afirmarlo con certeza hasta que concluya la investigación. Pero fue Oleg quien se quedó con su dinero y sus joyas. Vendió los aretes por internet. Los anuncios siguen en la red. La madre de Elena los reconoció.

—¿Y su negocio?

—Es una fachada.

—¿Y qué hay en realidad?

—Centros de llamadas fraudulentos.

Alisa apretó los labios. Víktor le transmitía calma, pero no podía librarla del abrasador sentimiento de culpa por lo que hacía su marido ni por no haberlo notado durante todo aquel tiempo. ¿O acaso no había querido verlo?

—¿En qué piensas? —preguntó el dragón.

—No lo entiendo.

—¿Qué cosa?

—¿Cómo pude no darme cuenta de nada? Vivíamos juntos. ¿Entiendes? Nos veíamos todos los días. A veces incluso lo acompañaba en sus viajes de trabajo. Y no me di cuenta de nada. ¿Entiendes?

—No fue culpa tuya. Oleg tenía un negocio legal.

—Lo sé. Pero aun así no puedo creer que haya podido equivocarme tanto.

—Estabas enamorada. Hay muchas cosas que no vemos en quienes amamos.

A Víktor le costó pronunciar aquellas palabras. Le resultaba doloroso aceptar que ella había amado a otro. Y, al mismo tiempo, comprendía que él mismo lo había permitido.

—Sabes, yo estaba enamorada de ti. En la universidad —confesó Alisa de repente.

—¿De mí?

Víktor sintió que el mundo se detenía. El dragón en su pecho se puso alerta y su corazón pareció dejar de latir. Como si fuera un vampiro y no un dragón.

—Sí.

La joven sonrió con amargura, bajó la mirada hacia sus propias manos y continuó:

—Yo... ¿Recuerdas que me dijiste que los de tu especie tienen una pareja predestinada? Estábamos sentados justo así, en este mismo apartamento.

Víktor asintió. Recordaba aquella conversación. Había intentado contarle a Alisa que ella era su pareja, pero estaba tan nervioso que no consiguió expresar la idea. Desde entonces, muchas cosas habían cambiado. Comprendía lo estúpido que había sido, pero ya no podía corregir nada.

—Entonces comprendí que no podría soportarlo si estuviéramos juntos y luego tú conocieras a esa mujer destinada para ti. Después apareció Oleg. Y creí que me había enamorado de él. O quizá sí me enamoré. En fin, ahora lamento que no fueras tú quien me rompiera el corazón, sino él. Es extraño, ¿verdad?

—Tú... ¿Tú me amabas? ¿Ya entonces?

—Perdona si ha sonado fuera de lugar. No quería incomodarte. Y...

Pero no alcanzó a terminar. El dragón tomó el control y la estrechó contra sí. Alisa no se resistió. No entendía qué estaba ocurriendo, pero permitió que el hombre la abrazara. Él ronroneaba como un gato. Bajo la mejilla de la joven, su corazón ardiente latía con fuerza. De pronto, Alisa comprendió que, aquella noche en la que Víktor le había hablado de las parejas predestinadas de los dragones, no lo había hecho con fines meramente educativos.



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En el texto hay: traicion, romance paranormal, dragones

Editado: 04.09.2026

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