Entre Cámaras y leyes

CAPITULO 6

CAPÍTULO 6

NARRADOR OMNISCIENTE

La madrugada del sábado se filtraba en la habitación a través de la penumbra. Burak no podía dormir. Caminó descalzo hasta la puerta entreabierta de la habitación de Milenka. Allí estaba, acurrucada entre sus muñecos, respirando con la paz que solo los niños conocen.

Se quedó de pie, mirándola en silencio. Una oleada de ternura y miedo lo envolvió al mismo tiempo. Apretó los puños, como quien hace un juramento invisible.

—Haré lo que sea necesario —murmuró para sí mismo—. Nadie nos va a separar.

El sonido del celular lo arrancó de ese momento. Vibraba con insistencia, iluminando la oscuridad. Contestó con el corazón encogido.

—Burak… —era la voz de Mauro—. La denuncia salió. Está en todos los portales.

Antes de que pudiera responder, escuchó la voz de Mara al otro lado, dura y cargada de reproche, con un poco de preocupación.

—¿Cómo pudiste guardarlo?

Burak cerró los ojos, consciente de la herida que les había causado su silencio. Pero Mara continuó, más firme, más protectora:

—No importa ya. Lo importante es que estamos contigo. Actúa ahora mismo.

Colgó sabiendo que no había vuelta atrás.

Horas después, en la sala de su casa, Burak se encontraba de pie con el celular en mano. Milenka aún dormía arriba, ajena al caos. Marcó el número de Kristhina. Su voz sonó grave, cargada de urgencia.

—Necesito que vengas. Ahora, la denuncia llegó a los medios y debemos sacar un comunicado.

Cuando ella llegó, la casa ya no era refugio: era un campo de batalla. El manager de Burak la recibió con una sonrisa ensayada y un contrato en la mano. Su traje impecable y su tono autoritario apenas disfrazaban la presión.

—Firma esto —ordenó, empujando los papeles hacia Burak—. Es la única manera de proteger tu imagen.

Kristhina tomó el documento y, en cuestión de segundos, descubrió lo que se escondía entre líneas: cláusulas que le entregaban demasiado poder al manager y que, de firmarlas, podrían destruir la carrera de Burak sin remedio.

—No lo firme, señor —dijo ella, con la firmeza de alguien que sabía exactamente lo que estaba en juego.

Burak dudó, atrapado entre años de confianza ciega y la voz segura de su abogada. Por primera vez, eligió escucharla a ella. Cerró el bolígrafo y lo dejó sobre la mesa.

La máscara del manager se quebró por un instante. Sus ojos revelaron un odio latente, dirigido directamente hacia Kristhina. En ese gesto quedó sellada una enemistad que marcaría todo lo que estaba por venir.

Mientras tanto, el comunicado ya estaba en proceso de ser difundido: en diez días se celebraría la audiencia que decidiría si aquella denuncia era verdad… o si solo se trataba de una trampa destinada a derribarlo.

Burak levantó la vista hacia el techo, como si pudiera ver a Milenka dormir en su habitación. En silencio, se juró no ceder, no quebrarse. Porque no se trataba solo de él. Se trataba de su pequeña.

El comunicado había sido difundido por la prensa y en redes sociales.

El manager finalmente se levantó, ajustó su corbata con esa sonrisa fría y dijo:

—Piénsalo bien, Burak. Es por tu bien…

Luego salió, dejando un silencio cargado de tensión en la sala.

Pocos minutos después entró Graciela, la nana de la casa, con esa calma, dulzura y autoridad que siempre transmitía seguridad.

—Kristhina, ¿quieres quedarte a desayunar? —preguntó mientras señalaba la cocina—. Se nota que no has desayunado.

Mientras ponían la mesa, Graciela se acercó a Burak y, con voz baja, le aconsejó:

—Ten cuidado con tu mánager. De haber firmado ese documento hoy, le habrías otorgado el control para comprometer seriamente tu carrera profesional.

Burak asintió, aún con la tensión acumulada. Kristhina se movía cerca de él, sus manos rozando ligeramente las suyas mientras organizaba los utensilios, y un silencio cargado de electricidad los rodeaba. Sus miradas se cruzaron y, por un instante, parecieron acercarse peligrosamente hacia un beso, cuando de pronto se abrió la puerta de la habitación y apareció Milenka.

—Papá… —dijo con esa voz dulce que siempre lograba detener cualquier pensamiento inquietante—. Tuve un sueño lindo. Soñé que tendría una mami que me va a querer toda la vida… pero también que hay personas malas que quieren separarme de ti. Pero yo sé que tú siempre estarás conmigo. Porque eres mi papi lindo, mío, solo mío.

Burak sonrió débilmente, aunque por dentro quedó ligeramente preocupado por las palabras de su hija.

—Mi vida, no te preocupes… —dijo suavemente, pero sin darle demasiada importancia—. Sabes que eres mi vida y siempre voy a luchar por estar juntos.

—Papi, ya no me duele. Quiero volver a la escuela pronto.

Burak, observando desde la cocina, sintió un alivio profundo y una punzada de orgullo.

—Muy pronto volverás, princesa —dijo con voz cálida y protectora—. Ya verás que todo estará bien.

Kristhina observó la escena y sintió un nudo en la garganta porque no quería que a la niña la separaran de la única persona que ama y da su vida por ella.

En ese instante, Milenka se dio la vuelta y vio a Kristhina, pegando un grito.

—¡Hola, Kristhina! ¿Ya vienes a jugar conmigo? —exclamó con alegría.

Kristhina se agachó, sonriendo mientras tomaba su manita.

—Hola, preciosa. Claro que sí, encantada de jugar contigo.

En ese momento, Graciela entró con paso firme y alegre:

—Vamos a desayunar, chicos —dijo, señalando la mesa mientras organizaba los platos.

Milenka tomó a Kristhina de la mano y comenzaron a caminar hacia el comedor mientras hablaba animadamente:

—¿Sabes? He estado mucho mejor, y mi papi siempre ha estado aquí conmigo. No trabajó, se quedó para cuidarme todos los días.

—Eso es muy valioso, preciosa —respondió Kristhina con suavidad—. Debe ser lindo sentirse cuidada y amada.




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