El cuerpo de Rei se tensó por completo ante el mordaz comentario de Daiki. Sintió cómo la sangre le hervía de pura rabia en las venas, pero se forzó a mantener el control para no darles el gusto de verlo perder los estribos.
-Tenía mi misión prácticamente resuelta -explicó Rei con un tono de voz apagado por el enojo-, pero tres malditos sujetos intervinieron en el último segundo. Dos de ellos no eran más que simples estorbos, pero la tercera logró causarme serios problemas y aprovechó el caos para llevárselos.
Dejó escapar un pesado suspiro al terminar de dar explicaciones a sus compañeros, presionando con frustración la herida de su brazo.
-Seguro que todo eso no es más que una burda excusa para justificar que no fuiste capaz de cumplir con tu asignación -replicó Daiki, soltando una risita cargada de desprecio y menosprecio hacia su compañero.
En ese momento, Hinata dio un paso al frente, emergiendo de entre las sombras del espeso bosque. Era una hermosa joven de piel clara, salpicada por múltiples rasguños frescos a lo largo de su cuerpo. Su largo cabello negro caía en un vistoso desorden sobre sus hombros, enmarcando un flequillo que casi rozaba sus pestañas. Vestía una chaqueta marrón de manga larga con un aspecto visiblemente desgastado, roto y deshilachado tanto en los bordes como en las costuras, y llevaba un pañuelo atado al cuello con un patrón de rayas verticales rojas y blancas. Su falda, de un tono azul oscuro, era sumamente corta y presentaba un dobladillo completamente destrozado en jirones puntiagudos, combinando a la perfección con unas robustas botas de cuero marrón de suela gruesa que evidenciaban un largo e intenso uso.
Clavando sus brillantes ojos de color violeta en Rei, Hinata adoptó una actitud melancólica y arrastró las palabras de forma pausada:
-¿No sería muchísimo mejor dar aviso a los demás miembros para que ellos se encarguen de eliminar a las molestias? Así tú podrías centrarte única y exclusivamente en asesinar a la chica rubia de una vez por todas.
-¡Claro que no! -la interrumpió Daiki de golpe, adoptando un tono alarmado y dando un paso al frente de forma apresurada-. Si nosotros tres nos encargamos personalmente de exterminar a todas esas malditas molestias junto a la rubia, ascenderíamos de posición de forma inmediata en la organización. ¡Podríamos volvernos piezas verdaderamente importantes gracias a un logro de esa magnitud! -añadió, y sus ojos naranjas brillaron con una intensa emoción y codicia.
Rei lo observó con una mueca plagada de un profundo cansancio físico. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, se impulsó con las piernas y consiguió levantarse del suelo, sacudiéndose un poco la tierra de su ropa dañada.
-Yo me encargaré personalmente de liquidar a la tipa que viste de negro y rojo -sentenció Rei con una seriedad gélida-. Esa maldita infeliz tiene que pagar con su vida por haberse atrevido a humillarme en este bosque. Ustedes pueden quedarse con el resto de los objetivos y matarlos como les plazca.
Daiki frunció el ceño al escuchar la orden, cruzándose de brazos con evidente hostilidad.
-¿Y se puede saber por qué demonios deberíamos hacerte caso a ti? -le espetó con desdén-. Te recuerdo que el que acaba de fracasar miserablemente aquí eres tú, Rei.
—Primero, porque tengo la firme intención de vengarme de esa maldita chica por haber estado a punto de matarme —sentenció Rei, clavando sus ojos grises en Daiki—. Y segundo, la misión original de exterminar a Hikari me fue encomendada única y exclusivamente a mí. Estaba a escasos segundos de cumplirla hasta que esos estorbos intervinieron. Quiero completar mi trabajo por mi cuenta.
Expresó su opinión arrastrando las palabras, intentando disimular el intenso enojo que lo carcomía bajo su habitual máscara de desgano y frialdad.
Daiki se le quedó viendo en silencio, apretando los dientes. «No tengo la más mínima intención de recibir órdenes de un fracasado como Rei... Pero si esta es mi única oportunidad real para ascender en la organización, no me va a quedar de otra que soportarlo», coordinó en su mente mientras analizaba los pros y los contras de la situación, hasta que finalmente tomó una decisión.
—Está bien, de acuerdo —cedió Daiki, cruzándose de brazos—. Pero que te quede bien claro una cosa: el crédito y el reconocimiento ante las altas esferas se dividirá estrictamente entre los tres.
—Eso me importa un bledo —le restó importancia Rei, dándose la vuelta—. Si eso es lo que tanto te interesa, por mí está bien. Con tal de obtener mi ansiada venganza, puedes quedarte con el mérito que quieras.
La penumbra había cobrado por completo el espeso bosque, y un viento gélido y violento comenzó a soplar con fuerza entre las copas de los árboles. Hinata, quien había permanecido sentada sobre un tronco caído observando en silencio el intercambio de palabras entre sus dos compañeros, finalmente se puso de pie.
La muchacha llevó ambas manos hacia las solapas de su chaqueta marrón, aferrándose a la tela desgastada con una fuerza temblorosa, mientras sus brillantes ojos violetas palpitaban con una evidente angustia.
—Oigan... ¿De verdad no creen que esto es un movimiento demasiado riesgoso? —opinó Hinata con la voz un tanto temblorosa por la ansiedad—. Si Tsubaki llega a enterarse de lo que estamos planeando, podría considerar nuestras acciones como una alta traición por haberle ocultado información crucial sobre los objetivos.
—Es un riesgo latente, no te lo niego —respondió Rei, manteniendo su característico desinterés en la voz, aunque por dentro cargaba con una sutil incertidumbre; él también era plenamente consciente de lo peligroso que resultaba moverse a espaldas de su superior—. Pero aunque Tsubaki haya sido nombrada la jefa de esta operación, ella no es nuestra verdadera líder. Si las cosas se complican y llega a descubrirnos, simplemente iremos directamente con el Líder a explicarle los motivos de nuestro actuar.