Jaelith - La Heredera de la Sangre Escarlata

Capítulo 6 - Sombras en la Niebla

La niebla llegó antes del amanecer.

Esa niebla era densa, fría y pegajosa. Se me metía en la nariz y me dejaba un sabor a metal en la boca. Avancé por el borde del bosque con el cuchillo oculto, la cuerda bien recogida y la caja ajustada al cuerpo.

El brazo de la inyección ya no me ardía, pero seguía sintiendo algo. Era una sensibilidad nueva e incómoda. Sentía que cualquier roce me iba a lastimar.

Mi oído se agudizó. Podía escuchar una rama romperse a mucha distancia o una gota al caer sobre una hoja. Hasta el roce de mi ropa al respirar sonaba fuerte.

También sentía una alerta constante por dentro. Era como si mi cuerpo estuviera alerta ante el próximo peligro.

—No te dejes llevar —me dije en voz baja—. No eres un animal ni un arma.

Aun así, mi mente estaba muy clara. Los pensamientos no se amontonaban y tomaba decisiones muy rápidas.

Eso me asustaba.

Esa claridad también podía ser una trampa. Me hacía creer que tenía el control justo antes de perderlo.

Desde una elevación vi el asentamiento.

El pueblo era chico. Solo unas casas sueltas al costado de un camino viejo, un molino, un corral y un pozo. Los fogones estaban apagados. Además, la niebla tapaba todo y hacía perder la noción de las distancias.

Además, la niebla tapaba todo y hacía perder la noción de las distancias

Pero algo no encajaba en esa vigilancia.

Esos hombres no llevaban uniforme de guardias, pero estaban parados en lugares estratégicos. Uno cuidaba el molino, otro vigilaba sobre una roca y uno más se escondía detrás de la cerca. Estaban quietos, en silencio y atentos a todo.

—Este no es un lugar normal —murmuré.

Me agaché y esperé.

Me puse a mirar lo que hacían. Cada tanto, un hombre salía de una casa y cruzaba hacia el molino con un saco al hombro. No parecía harina porque el saco era rígido y pesado. Al regresar, ya no llevaba nada.

Dos mujeres sacaban agua del pozo y la echaban en barriles. Una de ellas miraba a todos lados a cada rato, como si tuviera miedo de que la atacaran.

Respiré despacio.

—Es una rutina —susurré—. Y siempre que se repite lo mismo, cometen errores.

Me acerqué al borde del camino entre los arbustos. En el barro encontré huellas recientes de zapatos comunes y de botas con suela dura. Estas últimas eran profundas y pesadas, como si la gente llevara mucha carga encima.

Seguí las marcas con la vista hasta que se perdieron en la niebla.

—Son rutas —dije para mí—. No es un solo lugar, son caminos.

Me acordé de Mara, del lugar bajo tierra y de los rumores que venía escuchando. Decían que se los llevan y ya no regresan. Esto no era algo aislado, sino una cadena completa.

Me dieron ganas de entrar rápido y destrozar todo. Sentía mucha rabia y mi cuerpo nuevo me empujaba a hacerlo, pero me acordé de Blasto.

Él siempre decía que si te metes a pelear con furia, será fácil que te maten.

Apreté los dientes.

Tenía que entrar, conseguir información y salir rápido, sin meterme en una pelea larga.

La niebla me ayudaba, pero también era peligrosa. Los ruidos rebotaban raro y alguien podía aparecerse al frente de la nada.

Me arrastré hasta un tendal donde colgaban trapos húmedos. Allí encontré un delantal viejo y una pañoleta. Los tomé y me los puse.

La ropa no era perfecta, pero de lejos servía. Me hacía ver como una mujer cualquiera, cansada y buscando agua.

—No actúes —me ordené—. Camina normal, como si fueras de acá.

Entré al asentamiento.

Los primeros pasos me helaron la espalda. Sentía miradas encima aunque nadie me viera de frente. Había muchos espacios vacíos para esconderse y cada punto ciego me ponía en peligro.

Una mujer mayor estaba junto a un montón de leña, con la cara cansada y las manos rojas por el frío. Me acerqué a ella despacio, caminando normal y sin esconderme.

Ella me vio y frunció el ceño.

—No te he visto antes —dijo en voz baja.

Tragué saliva y mantuve una voz común.

—Vengo del camino viejo. Busco agua y un lugar para poder quedarme un momento. La niebla me hizo perder el camino.

La mujer me miró fijo, pensando bien en lo que le había dicho.

—Es raro que estes de paso —respondió—. O te quedas o te vas rápido.

—Entonces me iré rápido. Solo necesito agua.

Se quedó callada. Luego miró hacia el molino apenas un segundo.



#1290 en Fantasía
#234 en Magia

En el texto hay: #fantasía, #inmortalidad, #espia

Editado: 07.11.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.