En el piso superior hay dos mujeres, ambas están sentadas sobre grandes cojines de color corcho.
La primera esta frente a un espejo de cobre pulido ubicado en la misma pared que la puerta, tiene el pelo suelto tan negro que podrían pensar que han derramado tinta sobre su vestido.
Este se compone de una vaporosa tela verde sostenida por una cinta roja que fija también el pecho bajo sus axilas, su cuello y escote están cubiertos por un collar de cuentas aguamarina.
Ella con un fino pincel termina de trazar una línea desde el lagrimal hasta detenerse a pocos milímetros de las fosas nasales de su mascara blanca, bajo la mano para apoyar el pincel sobre una bandejita de madera y hueso tintado.
Pone su mano sobre las cuentas de sus clavículas y gira el rostro para mirar a la otra mujer.
Esta viste con un vestido marrón caramelo con los bordes morados, la tela es mucho más rígida y esta sostenida por una cinta del mismo tejido, al no estar cosida el parte de la tela del troso cae en forma de abanico hasta su cintura.
Ella esta terminando de fijarse la mitad superior de su pelo color canela en un moño con una ahorquilla de dos puntas de un material nacarado.
--ya se escuchan a los primeros invitados. –la primera mujer toma una fina tela de un verde jade y se la pone como si se trataran de magas. –estas lista ¿Lili?
Lili asiente mientras se estira la falda del vestido antes de levantarse y se mira brevemente en el espejo para comprobar el carmín de sus labios.
--es de mala educación hacer esperar. Nana.
Ambas se dirigen al umbral de la puerta y cruzan la cortina.
En el primer piso dos hombres saludan a las personas que entran por los laterales de la habitación, ya que son estas las entradas de la calle, a la derecha el que recibe es joven y fuerte, tiene el pecho descubierto y las trenzas del largo cabello cubiertas de aros dorados.
Por el otro lado un hombre delgado y de piel blanda señala con sus dedos llenos de anillos los lugares donde se sienta cada invitado en la gran mesa rectangular que se extiende por la sala, con la actitud de quien su palabra es ley.
Lili y Nana cruzan el umbral derecho, dedicando un breve saludo al joven. Nana se sienta entre la segunda y tercera puerta, Lili a su izquierda, junto a un joven que tiene las cuencas de la máscara demasiado pintadas.
La ropa de los invitados es colorida pero los colores de su ropa carecen de los patrones dorados como los que viste Nina en la falda de su vestido o el joven en su falda azul náutico con patrones florales blancos. Hasta el anciano lucia en su falda blanca líneas rosadas.
Desde detrás de la casa, por el lado derecho, dos personas destacan sobre los demás, visten pantalones abombados y una pequeña capa cubre su troso, todo de un gris ceniza que camufla sus cabellos blancos, sus mascaras están pintadas de igual manera, tres puntos entre las cejas y el labio superior pintado de negro.
En la muñeca izquierda tienen cuentas de madera dorada.
El joven las saluda mientras se hace a un lado, todos los integrantes de la sala se levantan y esperan a que se sienten, la primera lo hace justo en la puerta central, la segunda entre la primera y segunda puerta.
Ellas son las ultimas en llegar, permitiendo al joven sentase a la izquierda de la segunda mujer, bajo la mesa se puede ver como sus manos se tocan, pero no se agarran.
--¡que alergia tener la casa llena! –el anciano se mueve hacia el centro de la sala mientras mira al público. Su voz es apera y fuerte. –toda la familia reunida una vez mas para celebrar el cumpleaños de mi hijo mayor. –dice mientras se gira un poco para mostrarnos al joven mientras este se pone de pies. –y mi hermosa hija Nana. –ella también se pone después cuando su padre la señala con la palma. –como no olvidarnos de Lili, mi otra hija. –Lili se pone de pies con la cabeza gacha avergonzada. –también disfrutamos de la presencia de la luna de la manada, mi querida hermana. –la mujer sentada tras la puerta central se levanta lentamente, teniendo que apoyarse en la mesa. –y la futura luna. –ella se levanta rápido con un ligero temblor en el cuerpo. –asique yo el alfa de esta manada declaro la fiesta ¡comenzada!
El alfa se apresura a sentarse junto a su hermana, ayudándola a poner de nuevo las piernas en el suelo, dejando la mesa a la altura del abdomen.
Las bandejas con comida y licor empiezan en manos de sirvientas vestidas con prendas del mismo tejido que las cortinas a llegar junto a un pequeño grupo de músicos que envuelven la sala en una dulce melodía.
La gente ríe, Lili ayuda a llenar el pequeño cuenco que usan para beber a Nana. Mientras su hermano y la luna nueva tratan de no acercarse mucho el uno al otro, aunque él la sirve pedazos de carne de cuando en cuando.
Algunas personas se levantan y bailan en parejas, pegados, moviéndose de lado a lado en la habitación.
--hermana. –dice Nana con voz fuerte para que la podamos oír. –hay demasiada gente aquí, me muero de calor. –su mano se mueve tratando de abanicarse. –salgamos fuer para disfrutar la frescura de la noche.
--no es buena idea. –Lili sostiene el brazo de ella para evitar que se levante. –esta borracha, puede ser peligroso. Aquí estamos bien, si quieres vamos junto a la ventana para que te de la brisa.
--no. –Nana se levanta mientras tira de su hermana para ponerla en pie. –vamos, lo pasaremos bien.
--hoy ay luna nueva, es de mal augurio. –comenta Lili cuando salen de detrás de la mesa. –no deberíamos estar fura si la protección de la luz.
--desde cuando eres tan supersticiosa. –ríe Nana mientras bajan las escaleras. --¿notas la brisa? –ella se suelta de la mano cuando pone los pies fuera de la casa y empieza a andar hacia el centro de la calle con pasos ligeros. Lili la sigue –el cantar de las aves nocturnas, --alza la vista al cielo. –las estrellas como joyas…
--deberíamos volver. –detrás, de la casa asoman cabezas con mascaras negras. –escucho pasos a la lejana.