La tragedia de Nana

cuarto acto

Nana está durmiendo, con las manos engrilletadas en el espacio de sus piernas cruzadas, tiene la espalda apoyada contra la pared de la izquierda. su ropa rota en los bordes y con machas marrones como grises.

La manta color cereza está perfectamente doblada en un cuadrado a su lado.

En el piso de abajo un grupo formado por cinco guardias estado en el suelo, juegan a algo similar al domino.

--¿Cuánto la quedara? –pregunta el mas cercano a la puerta central mientras quien tiene a la derecha coloca una ficha. –porque hoy no ha molestado.

--más que cuanto la queda, es si el Líder nos dejara. –habla el que da las espadas al público.

--eso espero. llevamos un casi un mes soportándola, no hay quien duerma cunado la da por rezar.

--¿gemirá igual de fuerte? –no mira el juego, está limpiando una daga con un paño. –porque entonces tendremos que amordázala cuando empiece a chillar.

Todos estallan en risas son grabes y roncas, incluso dos aplauden. Mientras por el lado derecho entra el Líder con pasos firmes que suenan contra las escaleras de madera, haciendo que los guardias se levanten y uno de ellos pate las fichas dentro de la segunda puerta. Desapareciendo justo cuando aparece su jefe.

--¿y esta bienvenida? –pregunta deteniéndose frente a ellos con las manos tras la espalda.

--Líder, le estábamos esperando.

--no os castigare por mentirme esta vez. –comenta mientas se inclina y recoge una ficha olvidada del suelo. –ya que os necesito en vuestras plenas capacidades… –juguetea con está pasándosela entre sus dedos. –queda poco para que nuestra prisionera entre en su momento mas delicado del mes. –los hombres se mueven, hay ansia en su mirada. –cuando llegue ese momento, desahogaros con ella con la condición de que, al acabar, suministréis un anticonceptivo y la liberéis en el territorio del Alfa Saro con una daga de plata. –guarda la pieza en su puño y la aprieta con fuerza.

--¿Por qué la liberaríamos armada? –comenta el que está a su derecha.

--son ordenes de la Señora. –impone mientras abre el puño dejado caer un polvo, que hace que sus subordinados tiemblen. –Y nadie cuestiona a la Señora. –espera un momento mientras mira sus rostros. –cuando hagáis lo mandado quemad esta casa y reuniros en el campamento principal. Ahora volver a vuestros puestos.

Los guardias desaparecen tras las puertas mientras el Líder sale de la casa y se oculta tras ella.

--aquí esta la medicina. –una criada ofrece un pequeño baso de barro a la luna, la cual esta acompañada de Rao y Lili en el piso inferior de la casa. –llámeme si necesita algo más.

Mientras la sirvienta se retira la Luna deposita el vaso humeante su izquierda, junto a Rao. Las tres están frente al público sentadas en cojines de color gris, Lili esta volviendo a coser la tela, La futura Luna le un libro de carcasa desgastada mientras la Luna mira más allá del escenario.

La mascara no oculta sus ojos apagados y cansados, apoya la cabeza en el hombro de su sobrina haciendo que esta levante la vista de su labor.

--¿necesita algo?

--¿Por qué coses aquello que se niega a estar unido?

Lili mira la tela mientras su tía pasa la mano.

--en algo tengo que gastar el tiempo ahora que no puedo salir de casa. –su mano no se detiene mientras habla.

--no has respondido mi pregunta…

--por que es la tela favorita de Nana. –corta Rao mientras cierra el libro de golpe. –tomate la medicina, estas desvariando.

--no hables así. Podrías meterte en problemas. –Rao suelta un gruñido mientras niega con la cabeza. --¿Qué te hace sentir mal?

--no lo comprenderías, estas soltera.

La aguja se queda a medio salir de la tela en el mismo momento que Lili mira al público. durante solo un segundo no hace nada, sus ojos abiertos e inmóviles fijos en la nada para luego parpadear y bajar la vista a su labor.

--explícate pues. –comenta a la vez que su tía sujeta el vaso y se lo acerca a los labios. --Así podre entenderte.

--odio lo amargo, odio la medicina… --interrumpe mientras lanza el vaso al suelo. --¿no puede la enfermedad curase con cosas duces?

--¡el libro! –Rao levanta el objeto mientras el liquido avanza. –se va a manchar todo.

--¡servicio! –con una voz de Lili dos mujeres aparecen cruzando la puerta central. --¿podéis limpiar esto?

Mientras las criadas recogen el liquido con un paño sacado del pliegue de la falda, Lili ayuda a levantarse a su tía y marchan junto con Rao por la puerta de la derecha.

--la medicina cuesta lo que un año de mi sueldo. –comenta una criada.

--la Luna sufre y tu solo piensas en dinero.

--sabes de sobra que a esa de Luna la queda un invierno. Aunque para mi dejo de serlo mucho antes…

--¡no te atrevas a decir herejías! –la mujer se sienta sobre sus piernas mientras aprieta el paño en sus manos.

--ya no oficia nada, --cometa la crida mientras vuelve a pasar el trapo. --todo lo hace la chica esa.

--como buena heredera merece su respeto.

--no te hagas la loca, --comenta mientras se levanta y se sacude la falda para después poner la mano libre en su espalda baja y darse un pequeño masaje. –has oído los rumores.

--el viento también susurra y no le hacemos caso. –la tiende el paño húmedo, la otra lo coge. –deberías centrarte en servir bien.

--no me gusta servir a bastardos…

--nadie en esta casa ha sido concebido fuera de la unión. –regaña mientras apila los cojines. –asique no desvíes...

--¿Quién es un bastado? –a las criadas se le caen los trapos y cojines, al ver a Lili en el umbral de la puerta. –contestarme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.