La tragedia de Nana

noveno acto

Nana esta sentada en la planta baja frente a la Luna, entre ellas hay una bandejita de madera con un plato con duces redondos y de distintos como vivos colores, estos contrastan bastante con la manta marrón que envuelve a Nana como si acabase de salir de la ducha.

--¿y desde cunado practicas tu profesión? –la Luna rompe el silencio. –porque según mis fuentes el Alfa está muy contento con tus servicios.

--no soy una puta. -- Desde su muñeca parte una brillante cadena que se pierde a través del umbral central. --Si lo fuera, no me tendrían encadenada.

--comprende que la situación en la que te encontraron no fue la ideal… pero estoy segura de que recibes un buen trato para ser quién eres.

--no sabes quién soy. --Nana estira la mano para coger un caramelo, pero la Luna la detiene, agarrándola la muñeca. Esta tira para soltarse. --¿pasa algo?

--no creo que debas tocarlos, sabes lo que dicen las escrituras.

--ya te he dicho que no soy una puta.

--que yo sepa, no encuentran a una buena mujer desnuda en medio de un camino choreando de semen. –la Luna retira la bandeja a su derecha, alejándola de Nana. –asique mejor alejemos esto.

--¿tu crees que yo tenía alguna opción?

--tenias una daga.

Al oír eso Nana baja la cabeza mientras el cubre el rostro con sus manos, comenzando un llanto. Mientras la Luna niega con la cabeza con un suspiro, tras eso se levanta y se acerca al público para míranos. En sus ojos no hay pena.

--llorar no cambiara tu decisión, puta.

--no soy una puta. –gime ente lloros. –no lo soy…

--si te hubieran encontrado muerta yo misma te habría nombrado mártir y mi madre te hubiera recompensado. –la Luna se gira para estar frente a ella. –pero fuiste egoísta y decidiste seguir viva. Convirtiéndote en el ser promiscuo que eres ahora, puta.

--¡cállate! –suplica cubriéndose las orejas con las manos para no oírla. –por favor.

--¡las buenas mujeres aceptan la verdad! –su voz hace eco. –pero las putas como tu ni siquiera son capaces de oírla.

Varios pasos apresurados se van haciendo más fuertes según se engrandecen las sombras tras la cortina central, la hecha a un lado el Alfa seguido por un soldado.

--¿se puede saber el porqué de estos gritos?

--por fin te as dignado a aparecer. –la Luna se gira para enfrentar a Saro. –guardia, llévate a la puta, tengo que hablar con el Alfa.

--por muy puta que sea es mía y yo decido donde quiero que este. –mira al guardia. –largo.

Este se retira cerrando la cortina a su paso, mientras Saro se acerca para hablar con la Luna.

--¿se puede saber que quieres de mí?

--si querías que te calentasen la cama, solo tenias que decírselo a tu Omega, que para algo existe.

--no me voy a tirar a una niña.

--no es una, ya ha pasado su primera trasformación.

--¡nos llevamos diez años!

--¿y con ella cuantos? –habla mientras señala a Nana la cual se abraza a si misma. –no es mucho más mayor.

--ella es una prisionera y hago con mis prisioneros lo que me plazca.

--¿y tu Omega sabe que tienes relaciones fuera del vínculo?

--aun no la he cortejado, no somos nada.

--pero estáis predestinados, la anterior Luna lo predijo.

--no. Somos. Nada.

La Luna se pone mas recta aun para intimidar mientras sus nudillos se vuelven blancos de lo fuerte que aprieta los puños.

--pues entonces no tendrás ningún problema con que se conozcan.




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