La tragedia de Nana

septimo acto

En el piso inferior esta la Luna de la manada abraza a su sobrina, Lili se aferra a ella mientras gimotea contra su pecho su cuerpo tiembla, para tranquilizarla sus manos suben y bajan por la espalda. Ambas están sentadas en el suelo y a su derecha tienen a Rao de pies junto a unos guardias.

--¡inútiles! –la heredera se mueve de un lado al otro. --¡una puta cosa teníais que hacer!, ¡una!

--pero… --intenta discrepar el guardia de la derecha, el fajín que sostiene su falda marrón porta una espada y su mano envuelve la empuñadura tan fuerte que tiembla. –debe de comprender…

--¡¿le he dado premiso para hablar?! –aunque hay cuatro dedos de diferencia de altura el soldado retrocede un paso conteniendo la respiración. --¡abría que excomulgaros por permitir esto!

--Rao. –llama la Luna con voz calmada, demasiado calmada. –su fiebre está empeorando, --comenta poniendo la mano en la frente de Lili. –necesito que subas y te quedes con ella.

--no tía, él va a volver.

--que tenga cojones. –Rao levanta con cuidado a Lili y la sostiene por la cintura. –vamos.

Despacio se dirigen hacia la puerta, antes de cruzar el umbral Rao jira el rostro y mira a los guardias una última vez haciendo que se tensen. La Luna sigue sentada, con las manos en el regazo mirando al publico con esos ojos vacíos sin brillo.

A la vez el Alfa y su hijo parecen por el lado derecho seguidos por una criada, ambos llevan las espadas desenfundadas, el metal brilla con el sol como si hiciera una promesa.

Entran sin saludar, la Luna agacha la cabeza cerrando los ojos cuando su hermano y sobrino se abalanzan contra los cuatro hombres. estos emiten una inspiración profunda más por sorpresa que por miedo cuando el metal corta la carne y la madera se tiñe de rojo…

La sirvienta se tapa la boca con ambas manos mientras tiembla.

--¿A dónde crees que vas? –el Alfa sostiene con fuerza el antebrazo de su hijo, el cual se dirige al umbral de la habitación de su hermana. –tu hermana esta en celo, no es decente que entres en su cuarto.

--¿me crees capaz de tocarla?

la Luna vuelve el rostro para mirar al Alfa, mientras sus manos aprietan tan fuerte el pantalón que los nudillos se vuelven blancos.

Este suelta a su hijo sin mírala.

--que te acompañe la criada.

La mujer corre para igualar al heredero y así entrar juntos a la habitación, dejado los solos.

El Alfa se gira para mirar a la Luna, pero esta aparta la vista mientras se levanta despacio, como si se sintiera amenazada.

--Mela. –llama el Alfa mientras envaina la espada.

--disculpe, pero no hay aquí ninguna Mela. –contesta de espaldas a él. –le recomiendo poner a más hombres a vigilar los alrededores, puede que el Hombre de azul vuelva.

--hermana…

--Luna. –gruñe ella. –yo. Soy. Luna.

--cada vez que mis hijas tienen un celo te pones igual –los brazos del hombre se cruzan. –sabes que fue un accidente.

--tú me arrancaste la posibilidad –ella se gira para encáralo, su pecho sube y baja por la bullente ira. --eras consciente de lo que hacías.

--a raíz de eso pudiste tener una hija y heredera al mismo tiempo.

Mela niega con la cabeza, despacio, mientras trata de controlar su respiración.

--eres un monstruo.

--hice lo que tenia que hacer. –se para los brazos mientras se gira para mirar al publico con una mano en la empuñadura. –por que no iba a permitir que cualquier otro hombre te tocase.




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