Los Reyes Del Mal

Capitulo 2: El Plan

6 de noviembre de 1996

Germán Félix y Edward Rodriguez caminaban a paso apresurado hacia los complejos de oficinas de la corporación tras una tensa jornada recorriendo las principales entidades bancarias de San Salvador. Tony Armando había convocado a toda la cúpula a una junta de alta prioridad en un lapso de dos horas.

—Necesitamos acelerar la diversificación de los fondos, Edward —advirtió Germán con preocupación—. En las sucursales centrales notamos que el flujo de capital se está estancando. Las exorbitantes ganancias de las distribuidoras están colmando las cuentas activas.

—Lo sé perfectamente, Germán —asintió Edward, acomodándose los lentes—. Los directores de auditoría están comenzando a lanzar preguntas incómodas sobre esos volúmenes tan masivos de efectivo.

Mientras tanto, a miles de pies de altura, el jet privado de El Colonel surcaba los cielos rumbo a México para coordinar la entrega de las quince toneladas de cocaína pactadas con Miguel Rodriguez. Desde el teléfono satelital de la aeronave, el colombiano se comunicó con el despacho principal en San Salvador.

—Faltan exactamente dos horas para mi aterrizaje en la pista privada de Miguel —anunció el viejo capo—. Asegúrate de avisarle para que su gente tenga la logística de recepción lista.

—Descuida, Don Vicente. Me comunico con él de inmediato —respondió Tony, antes de colgar el aparato.

Jonathan Félix se encontraba sentado frente al escritorio de Tony, escuchando con atención. Tony se giró hacia él:

—¿Cuáles son las novedades en los despliegues de San Salvador y Chalatenango, Jonathan?

—Instauramos tres anillos perimetrales de seguridad blindada a lo largo de las fronteras departamentales —explicó el menor de los Félix con precisión táctica—. Nuestras patrullas cubren la zona manteniendo una distancia de 55 metros entre cada puesto, todos equipados con comunicadores encriptados de alta frecuencia para reportar cualquier anomalía en tiempo real.

En ese momento, Zack Jairo entró al despacho con un fajo de documentos de inteligencia bajo el brazo. Su mirada reflejaba entusiasmo:

—Tenemos la estrategia perfecta, Tony. Logramos que los mandos oficiales nos concedan el aval legal para ejecutar operaciones masivas de captura contra las estructuras de las pandillas. Utilizaremos a nuestras fuerzas de élite y las nuevas camionetas blindadas para iniciar una ofensiva implacable hacia los sectores del oeste.

Tony analizó el mapa sobre su mesa y asintió:

—Es la oportunidad perfecta para erradicar a esos criminales y expandir nuestro control territorial bajo el amparo de la ley.

—Excelente —añadió Zack—. Ya tengo a varios de mis capitanes coordinando con las delegaciones locales en los departamentos de Sonsonate y Santa Ana.

—Esto nos viene de perlas para solucionar el problema del dinero estancado en los bancos —intervino Jonathan—. Podemos justificar retiros multimillonarios para financiar esta 'guerra contra el crimen' y dinamizar las cuentas antes de que llamen la atención de auditores internacionales. Germán y yo acudiremos a las sucursales centrales de inmediato; tramitaremos el retiro en efectivo de 7 millones de dólares bajo el concepto de inversión logística para la exportación de vinos hacia el mercado de Tokio, Japón.

—Háganlo ahora mismo —ordenó Tony—. El Colonel ya debe estar tocando suelo mexicano, y Zack iniciará los despliegues en el campo.

Al otro lado del continente, el jet de la corporación aterrizó suavemente en una pista privada de México. Dos camiones de carga pesada escoltados por camionetas repletas de sicarios fuertemente armados aguardaban en el hangar. Miguel Rodriguez descendió de su vehículo y caminó hacia la aeronave para recibir a El Colonel. Ambos hombres se estrecharon la mano con respeto; en los años dorados del narcotráfico continental, cuando eran jóvenes, habían sido leyendas vivientes del contrabando internacional. A pesar de la diferencia de diecisiete años de edad entre ambos, la complicidad seguía intacta.

Mientras los sicarios mexicanos y la tripulación descargan las cajas que contenían miles de botellas de vino de exportación y los bloques de pasta blanca de alta pureza, Miguel abrazó amistosamente al colombiano:

—Vaya, Vincente... estás jodidamente viejo y arrugado —bromeó el capo mexicano—.

—Llámame como siempre, Miguel: El Colonel —respondió el viejo capo con una sonrisa cansada—. Todos en este negocio se confunden y creen que fui militar, pero prefiero mantener la tradición.

Miguel soltó una carcajada mientras supervisaba el abordaje de la mercancía en los camiones. Antes de subir a su vehículo, se detuvo, miró fijamente al colombiano y preguntó con tono serio y curioso:

—Dime una cosa, Colonel... ¿Por qué decidiste apostar todo tu capital, tu logística y tu poder a favor de esos muchachos en El Salvador? Especialmente por ese joven, Tony Armando... Mis informantes me dicen que ese chico se niega rotundamente a ser un narcotraficante común.

El Colonel se acomodó el sombrero vaquero, se pasó una mano por el cabello y respondió con orgullo:

—Porque ellos buscan algo más grande que el dinero, Miguel: quieren estabilizar su nación. Apenas llevan cinco años intentando recuperarse de una cruenta guerra civil, y cuando conocí a Tony, descubrí que a ese muchacho no le importa la plata por simple avaricia; él tiene sed de orden y paz absoluta.

—Vaya, vaya... ¿así que tenemos a un maldito justiciero? —se mofó Miguel Rodriguez con ironía—. No me digas que el mocoso se cree el salvador de su patria.

—Cuida tus palabras, Miguel —advirtió El Colonel con los ojos entrecerrados y un tono amenazante—. Recuerda que yo formo parte oficial de esa organización.

Miguel lo observó atónito por un segundo, midiendo la seriedad del viejo criminal. Luego, sonrió de medio lado:

—¿Y qué planea hacer tu muchacho exactamente, Colonel?

—Aniquilar por completo cualquier amenaza que atente contra su pueblo... y eso incluye a cualquiera que pretenda traicionar o amenazar a nuestra organización —sentenció el colombiano con firmeza—. Grábate esto, Miguel: Los Santos nos convertiremos en el nuevo imperio criminal del continente, operando con una discreción y sofisticación que jamás se ha visto en este negocio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.