Más Allá del Césped

Capítulo 7

Los primeros rayos del sol se colaron por las cortinas de la habitación, iluminando el rostro de Olivia, quien abrió lentamente los ojos. El leve aroma de la almohada, mezclado con el perfume discreto de Axel, le recordó dónde estaba. Su corazón dio un vuelco al notar que, por primera vez en mucho tiempo, no despertaba sola. Giró ligeramente el rostro y lo vio, aún dormido, con el cabello revuelto y la respiración tranquila. Parecía tan ajeno a la presión del mundo exterior, tan humano y cercano, que Olivia no pudo evitar sonreír.

Intentó moverse con cuidado, tratando de no despertarlo, pero al hacerlo, la cama crujió levemente. Axel abrió un ojo perezosamente y la miró con una expresión somnolienta pero llena de ternura.

—¿Ya te vas? —murmuró con la voz ronca del sueño.
—No, pero creo que deberíamos levantarnos. —Olivia sonrió tímidamente, sintiéndose un poco nerviosa por la intimidad del momento.
—Cinco minutos más... —bromeó él, cerrando los ojos y estirándose como un gato antes de reír suavemente—. Vale, vale, me levanto.

Se sentaron juntos en la cama, cada uno luchando contra el sueño. Axel se pasó una mano por el cabello desordenado, tratando de despertar por completo, mientras Olivia jugueteaba con los puños de la camiseta que él le había prestado la noche anterior.

—¿Tienes hambre? —preguntó Axel, levantándose y ofreciéndole una mano para que lo siguiera.
—Un poco, pero no quiero molestarte... —dijo ella con timidez.
—Olivia, estás en mi casa. Si alguien tiene que preocuparse por eso, soy yo. Anda, ven, te haré algo para desayunar.

Bajaron juntos a la cocina, donde Axel comenzó a buscar ingredientes en la nevera mientras Olivia lo observaba desde un taburete alto. Su cocina era amplia y moderna, con electrodomésticos que parecían salidos de un catálogo, pero el ambiente era cálido gracias a pequeños detalles: una planta en la ventana, un frutero lleno y algunos imanes en la nevera que delataban su lado más personal.

—No soy un chef, pero te aseguro que hago unas tostadas increíbles. —Axel sacó pan, huevos y fruta, mostrándoselos con una sonrisa triunfal.
—¿Eso es todo lo que sabes cocinar? —rió Olivia, relajándose un poco.
—Hey, también sé hacer pasta. —Se encogió de hombros con una expresión falsa de orgullo, haciéndola reír aún más.

Mientras él cocinaba, Olivia no podía evitar sentirse extraña, como si todo fuera un sueño. Verlo moverse con tanta naturalidad en su hogar, haciendo algo tan cotidiano como preparar el desayuno, la hacía sentir que estaban en un mundo aparte, lejos de la presión y las expectativas que rodeaban a alguien como él.

—¿En qué piensas? —preguntó Axel, volviéndose hacia ella con un plato en la mano.
—En que todo esto es... nuevo. —Su voz era suave, pero honesta.
—¿Demasiado nuevo? —preguntó él, sentándose frente a ella y colocando los platos en la mesa.
—No, solo... diferente. Pero en el buen sentido.

Comieron entre risas y conversaciones ligeras. Axel le contaba anécdotas divertidas de sus compañeros de equipo, mientras Olivia lo escuchaba con atención, maravillada por lo fácil que era estar con él. Después de terminar, él insistió en recoger la mesa y lavar los platos, a pesar de las protestas de Olivia.

—¿Estás lista? —preguntó Axel, mientras tomaba las llaves de su coche.
—¿Lista para qué? —respondió ella, algo desconcertada.
—Para llevarte al trabajo. No voy a dejar que vayas andando después de haber desayunado conmigo.

Aunque quiso protestar, no pudo evitar sonreír ante su amabilidad. Durante el trayecto en coche, el ambiente entre ellos era relajado. Axel tenía puesta una playlist tranquila, y de vez en cuando, ambos intercambiaban miradas y sonrisas tímidas.

—Gracias por... bueno, por todo. —Olivia rompió el silencio cuando estaban cerca de la cafetería.
—No tienes que agradecerme nada. —Él la miró rápidamente antes de volver la vista a la carretera—. Solo quiero que estés bien.

Cuando llegaron, Axel aparcó frente a la cafetería y salió del coche para abrirle la puerta. Olivia bajó, agradecida pero algo cohibida por el gesto.

—¿Vas a estar bien? —preguntó Axel, inclinándose un poco hacia ella.
—Sí, claro. Es solo un día normal de trabajo. —Sonrió, tratando de transmitir seguridad, aunque sentía un leve nudo en el estómago.
—Entonces... nos vemos luego. —La miró por un momento, como si quisiera decir algo más, pero terminó despidiéndose con una sonrisa cálida.

Olivia entró en la cafetería, pero no pudo evitar mirar hacia atrás antes de que Axel se fuera. Él seguía ahí, mirándola con esa mezcla de dulzura y tranquilidad que tanto le gustaba.

Mientras comenzaba su turno, Olivia no podía evitar pensar en lo diferente que era todo ahora, y en cómo, a pesar de sus inseguridades, una pequeña parte de ella comenzaba a creer que tal vez, solo tal vez, estar con Axel podría ser algo real.

El sonido de la campana al abrirse la puerta de la cafetería llenaba el pequeño local cada vez que entraba un cliente. Olivia atendía con dedicación, como siempre, aunque su mente divagaba entre recuerdos del desayuno con Axel y las últimas palabras que él le había dicho antes de despedirse. Había algo en su forma de mirarla que le daba una seguridad que nunca había sentido antes.

Mientras limpiaba una mesa vacía, escuchó el murmullo de dos clientas sentadas cerca del mostrador. Aunque no era de las que prestaban atención a las conversaciones ajenas, no pudo evitar que su oído captara algo.

—Dicen que Axel tiene una novia nueva. La vieron con él saliendo de un restaurante anoche.
—¿De verdad? ¿Quién será? Seguro es alguna modelo o influencer.

Olivia sintió cómo su corazón se aceleraba. Las palabras de aquellas mujeres resonaron en su cabeza mientras seguía limpiando con movimientos automáticos. Por suerte, ninguna de ellas parecía relacionarla con el rumor. Sin embargo, sabía que no faltaría mucho para que alguien lo hiciera.




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