La luz del sol se colaba entre las cortinas de la habitación de Axel, proyectando rayos cálidos que acariciaban la piel de Olivia mientras se despertaba. Aún sentía el peso de todo lo que había pasad*o* últimamente: perder su trabajo, ser expulsada de su casa y depender completamente de Axel. Sin embargo, algo en la forma en la que él la miraba, incluso mientras dormía, le daba una sensación de calma que hacía mucho no experimentaba.
Axel ya estaba despierto, tumbado boca arriba, con una leve sonrisa en su rostro mientras jugaba distraídamente con un mechón de su cabello. Cuando notó que Olivia abría los ojos, se inclinó hacia ella con una mirada tierna.
—Buenos días, dormilona. —Su voz era suave, casi ronca por el sueño.
Olivia se estiró lentamente, tratando de despejarse mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro.
—Buenos días... —murmuró, dejando escapar un bostezo.
Axel se levantó y le ofreció su mano para ayudarla a incorporarse.
—Venga, he preparado el desayuno. Hoy es un día especial.
Ella arqueó una ceja mientras lo seguía hacia la cocina. La idea de que Axel cocinara algo más que café y tostadas le resultaba intrigante. Al entrar, la mesa estaba puesta de manera sencilla pero encantadora, con frutas frescas, yogur, jugo de naranja recién exprimido y una pila de tostadas perfectamente doradas.
—¿Esto lo hiciste tú? —preguntó Olivia, divertida y un poco incrédula.
—Claro que sí. No todo va a ser meter goles, ¿no? —respondió él con un guiño mientras sacaba una jarra de leche de la nevera.
Ambos se sentaron y comenzaron a comer en un silencio cómodo. Olivia observaba cómo Axel la miraba de vez en cuando con una mezcla de ternura y nerviosismo, como si estuviera planeando algo.
—¿Qué estás tramando? —preguntó finalmente, rompiendo el silencio.
Axel dejó su vaso de jugo en la mesa y tomó su mano.
—He estado pensando mucho en todo lo que te ha pasado últimamente, Oli. Lo injusto que ha sido todo... Y quiero hacer algo para que desconectes de todo este caos.
Ella lo miró confundida, ladeando la cabeza.
—¿De qué estás hablando?
—Quiero que te vengas conmigo unos días. Un viaje, solo nosotros dos. Sin presión, sin preocupaciones. Quiero que te relajes, que te olvides de todo esto por un rato.
El corazón de Olivia dio un pequeño salto. La idea era tentadora, pero no pudo evitar sentirse un poco insegura.
—Axel, no sé... Me siento un poco mal. Ya haces tanto por mí, y no quiero que esto sea otra carga para ti.
Axel frunció el ceño y apretó suavemente su mano.
—¿Carga? Olivia, estar contigo es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Si me dejas, quiero hacer esto por los dos.
Olivia bajó la mirada, sopesando la idea. Antes de que pudiera responder, el sonido del timbre interrumpió su momento.
—¿Quién será tan temprano? —murmuró Axel mientras se levantaba para abrir la puerta.
Olivia lo observó desde la cocina mientras abría, y de inmediato escuchó una voz femenina, cálida pero sorprendida.
—¡Hijo, no esperaba encontrarte aquí tan temprano!
Era la madre de Axel, acompañada por su padre. Olivia se tensó, sintiendo cómo su corazón empezaba a latir más rápido. ¿Qué dirían al verla allí? ¿Cómo iban a reaccionar?
Axel, en cambio, parecía relajado, aunque un poco sorprendido.
—Mamá, papá... Esto sí que no me lo esperaba. Pasad, estáis en vuestra casa.
Olivia se levantó lentamente, sintiendo las miradas curiosas de los padres de Axel sobre ella.
—Hola... Soy Olivia —dijo, nerviosa, tratando de mantener la compostura.
La madre de Axel sonrió amablemente, aunque con un toque de curiosidad en los ojos.
—Encantada, Olivia. Pedro nos ha hablado de ti.
El padre de Axel asintió con una leve sonrisa antes de extender su mano.
—Un placer conocerte, hija.
Axel rodeó los hombros de Olivia con un brazo, como si quisiera tranquilizarla.
—Bueno, ya que estáis aquí, ¿os quedáis a desayunar? Hay más tostadas, y prometo no haberlas quemado.
La situación se relajó poco a poco mientras Axel, con su carisma natural, lograba que la conversación fluyera. Sin embargo, Olivia no podía dejar de sentir una mezcla de alivio y nerviosismo. La idea de un viaje con él ahora parecía aún más atractiva.
Tras el inesperado encuentro con los padres de Axel, el desayuno se tornó animado y lleno de risas. Aunque Olivia aún estaba algo tensa, la naturalidad y el cariño con los que los padres de Axel la trataron la ayudaron a relajarse. Sin embargo, no podía evitar notar cómo Axel la miraba de reojo de vez en cuando, como si intentara medir cómo se sentía.
Cuando finalmente los padres se despidieron, prometiendo volver a verlos pronto, Axel cerró la puerta y dejó escapar un suspiro de alivio.
—Bueno, eso no estaba en los planes de hoy —comentó con una sonrisa divertida mientras se giraba hacia Olivia.
Ella rió suavemente, dejando caer los hombros como si se deshiciera de un peso invisible.
—Tus padres son muy amables. Aunque no te voy a mentir, me sentí un poco fuera de lugar al principio.
Axel se acercó a ella, tomándola de la mano y mirándola con ternura.
—Lo hiciste genial, Oli. Mis padres ya te adoran, estoy seguro.
Olivia bajó la mirada, algo sonrojada, pero no pudo evitar devolverle la sonrisa.
—Gracias, Axel. De verdad.
Axel le dio un ligero apretón a la mano antes de soltarla y caminar hacia el sofá.
—Bueno, ahora que volvemos a estar solos, ¿puedo retomar lo que te estaba diciendo antes?
Olivia lo siguió y se sentó a su lado, apoyando las manos en su regazo.
—Lo del viaje, ¿verdad?
Él asintió, inclinándose hacia ella con entusiasmo.
—Sí. Pensaba en algo sencillo pero especial. Nada de lujos exagerados, lo prometo. Podríamos ir a algún lugar tranquilo, cerca de la playa, donde podamos desconectar. Tú lo necesitas más que yo, y no aceptaré un no por respuesta.