Noticias de otro mundo

Capitulo 3: El elegido

Capítulo 3

Un hombre distinto: “El elegido”.

Nota del editor: Este capítulo se basa en las notas personales de Felipe Bermúdez, encontradas meses después en su escritorio del trabajo, junto con recortes de periódico y una lista manuscrita titulada “Cosas que debo recordar decir”.

Felipe Bermúdez había nacido en 1978 en una finca lechera de Alajuela, entre el mugir matutino de las vacas Holstein y el aroma perpetuo de pasto fresco. Su infancia transcurrió entre ordeños, la radio nacional con rancheras y boleros en la cocina y los sueños de su padre de expandir el negocio familiar. Pero empresas muy poderosas, con sus maquinarias corporativas implacables, fueron devorando a los pequeños productores, uno por uno.

Era una estrategia perversa, pero muy efectiva para ellos. Ellos te daban la posibilidad de crecer como proveedor de leche de esa poderosa compañía lechera de la zona. Solo tenías que invertir en equipos de alta tecnología para garantizar los estándares de calidad requeridos. Solo que después que inviertes y te endeudas, bajan artificialmente el precio de la leche, y ya no tienes cómo recuperar la inversión y acabas vendiendo todo a un precio inferior.

La familia Bermúdez perdió la finca cuando Felipe tenía 14 años, y tuvieron que emigrar a San José, como tantas otras familias rurales quebradas por la modernización. Allí Felipe terminó el colegio, estudió Administración de Empresas en una prestigiosa universidad costarricense.

En las noches trabajaba en restaurantes de comida rápida para costear sus estudios. Con mucha paciencia y esfuerzo, se fue haciendo de una vida metódicamente normal: esposa, hijos, trabajo estable en una empresa de seguros.

Un día le propusieron liderar el departamento de ventas, en una sucursal ubicada justamente en Alajuela: su provincia natal. No dudó un instante en aceptar la propuesta; no sabemos si por la oportunidad de crecimiento profesional y económico que representaba, o por regresar a su origen, a su añorado entorno rural, al olor a hierba fresca y a boñiga de vacas. Todo bajo control, todo predecible, en su lugar y en su momento. Adecuado. Nada extraordinario que merezca ser destacado en su vida, hasta los 45 años, cuando lo extraordinario lo encontró a él.

Lunes, 7:15 AM - Frente al espejo del baño.

—Las luces eran… geométricas—. Felipe practicaba su relato mientras se afeitaba, observando su reflejo con la concentración de un actor ensayando su papel para una obra teatral.

—No eran como las luces normales… (Pausa dramática prolongada…). Eran como… matemáticas hechas luz.
Suena ridícula esa frase —pensó—, pero es lo que hay, no se me ocurre otra, ¿qué hago?

Es que Felipe no era muy propositivo que digamos, ni tenía un arsenal de palabras a su disposición, ni un vocabulario extenso y mucho menos eso de expresar una idea y argumentarla. A él había que dejarle las palabras bien escritas, o darle tiempo y un espejo para practicarlas.

Felipe se detuvo a meditar. ¿Había dicho matemáticas hechas luz en la entrevista anterior? Tendría que verificar.

—Las luces eran pulsantes —intentó otra versión; debía ser creíble en sus afirmaciones, el sabor de la fama comenzaba a ser excitante y quería seguir disfrutando—. Pulsaban en patrones que…

Toc, toc, toc.

Los golpes en la puerta del baño le sacaron de sus cavilaciones.

—Felipe —, la voz de Lisset sonaba urgente desde el otro lado de la puerta.

—¡Apúrate! Junior está haciendo fila en la puerta del baño y saltando en un solo pie.

—¡Ya voy! —Felipe se miró una vez más en el espejo. El hombre que le devolvía la mirada desde el espejo ya no era el mismo empleado gris que había sido toda su vida. Este hombre tenía historia. Este hombre era interesante.

—¡Papá! —Junior golpeó la puerta con desesperación. —En serio, voy a explotar.

Felipe abrió la puerta y salió, pero no sin antes practicar una vez más en voz baja:

—Los sonidos eran indescriptibles, como… como…

—Como alguien que va a hacer pipí en el pasillo si no se apura. —dijo Junior, empujándolo y cerrando la puerta con rudeza.

9:30 AM - Camino al trabajo.

El Toyota Corolla (ya devuelto del laboratorio forense sin evidencias “anómalas”) se había convertido en una especie de reliquia familiar. Felipe notó que manejaba más lento ahora, especialmente por esa curva de la carretera. No porque tuviera miedo de otro encuentro, sino porque una parte de él secretamente lo deseaba.

Su teléfono sonó. Número desconocido.

—¿Señor Bermúdez? Habla Carlos Retana, de Seguros Universales. Tengo una propuesta comercial que le va a interesar: Hemos creado el primer “Seguro contra abducciones extraterrestres” de Costa Rica, y quién sabe si el único en el mundo.

Felipe casi se sale de la carretera al escuchar lo que escuchó. O ese Retana está loco, o se trata de alguien gastándole una broma.

—¿Perdón?

—Entiendo su reacción, y su asombro —dijo su interlocutor con serenidad y mucha calma—. Entiendo, pero oportunidades como la que estoy a punto de ofrecerle no aparecen todos los días. Pensamos que alguien con su experiencia podría ser nuestro vocero oficial. Ofrecemos cobertura completa: gastos médicos post-abducción, terapia psicológica y hasta compensación por el tiempo perdido durante un viaje intergaláctico.

Felipe colgó, pero no pudo evitar reírse y preguntarse: ¿La fama es así de extraña o este mundo está completamente loco?




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