Relatos de una adolescente imperfecta

✧・゚: 5. Requiero más paciencia

POV: Grace

Puse la sonrisa más incómoda de mi vida y agarré la mano de Libby, para caminar rápido. Al parecer, su venganza estaba apenas por comenzar. Tensé mis músculos mientras oía una pequeña carcajada de mi amiga.

Bravo, Grace, ahora él creerá que estás que mueres por él

Te equivocas, estúpida consciencia

Tengo razón, estás loca por él :)

Revoleé los ojos y seguí mi camino hacia la parada de buses. La próxima vez me zafo y salgo corriendo para no pasar un momento similar.

MUCHAS GRACIAS, LIBBY, ACABAS DE HACER QUE PIENSE EN ESE HECHO TODA LA TARDE MIENTRAS ME PONGO NERVIOSA POR LO QUE MAÑANA PODRÁ PASAR, DE VERDAD GRACIAS.

Subí a mi bus sin regresar a ver a Libby. Que tenga en claro que la acaba de cagar, más porque ella no tiene ningún crush en el colegio, por lo tanto, yo no podía hacer lo mismo.

Pagué la tarifa y esta vez conseguí asiento cerca de la puerta de salida, porque sabía que se repetiría la triste historia de las mañanas.

(...)

Tiré mi maleta en algún sillón de la sala. Corrí hacia mi habitación gritando un "Buenas tardes", informándole a mi madre que había llegado. Me cambié a una ropa cómoda y enseguida prendí mi laptop.

Revisando mis redes sociales, caí en cuenta de que no había checado mi WhatsApp. Tenía como tres llamadas perdidas de Avril. Un poco extrañada, decido marcarle.

Llamada telefónica

—¡MUJER! ¿POR QUÉ NO CONTESTAS? —gritó con ganas.

Me llevé una mano a mi oreja, sobándomela mientras cambiaba el celular hacia la otra.

—Buena tarde para ti también —fue lo primero que exclamé—. Avril, no tengo internet en la secundaria, pero dime, ¿pasó algo? —pregunté de lo más calmada.

—Lo siento, solo quería saber si estabas bien —respondió con un tono de voz normal.

—Sabes que, aunque a veces pienso en el pasado, todavía estoy viviendo mi presente y hoy me he entretenido bastante —dije mientras miraba fijamente una sandalia.

—Uhm, ¿y con qué?, o, mejor dicho, ¿con quién? —interrogó mi amiga. Dios, parece que realmente me estaba viendo por un hueco en la pared.

—Me encantaría decirte que he estado conociendo a otra persona, pero la verdad es que estoy más estresada que nunca porque tengo un montón de proyectos de la secundaria —conté con un poco de preocupación.

—¿Estás segura? ¿Qué me dices de tus crushes? El que siempre ves en receso o el que ves en las clases dirigidas —su tono de voz fue un poco molesto. Reí un poco porque valoré su intento por distraerme.

—Agh, no me hagas acuerdo, que hoy no pude con la pena y vi a Sam; para el colmo, mi amiga se rio cuando pasamos a su lado —dramaticé.

—Ya, ¿cuándo te quitarás la pena? Quizás es un chico agradable —ella asumió. Torcí los ojos. —¿Y qué hay de... uhm, Kenny? —volvió a preguntar.

—Ojalá las cosas fueran tan sencillas como para poder decirle a Sam "hola", pero siento que cada que se fija en los demás tiene una mirada y sonrisa burlesca —hice una mueca—. Y ni hablar si sabe que es el imposible de las chicas; es un caso perdido, por eso es mejor de lejos —finalicé resoplando un poco.

—Ya, pero, ¿y Kenny? —fue lo único que dijo. Quise rechinar los dientes, pero me calmé. Si había alguien más chismosa que yo, era Avril.

—En su casa, supongo —respondí. Ella hizo un chillido. Me iba a dejar sorda. —Pues, ya sabes que solo lo veo los viernes, así que te contaré ese día —dije totalmente aburrida.

—Okay, chisme asegurado —comentó con alegría. Solo asentí, aunque ella no podía verme.

A partir de ese momento comencé a quejarme de mi día y ella del suyo. Realmente me sentía aliviada por saber que no era la única que estaba copada con tarea.

(...)

Después de estar una hora pegada al teléfono y encerrada en mi cuarto, salí con un ligero mal gusto en la boca por la llamada.

Odio con mi vida recordar todo lo malo que me ha sucedido.

—Hasta que al fin sales de tu guarida —dijo Tiffany, haciéndome sobresaltar de nuevo.

¿QUÉ MANÍA TIENES, TIFFANY? ¿ACASO TODOS QUIEREN VERME EN EL SUELO CONVULSIONANDO HOY?

—Sí, sí, lo que digas, harás tus tareas —respondí mientras hacía un ademán con la mano, restándole importancia.

—Mamá ha salido en el instante que te encerraste; de seguro ya mismo llega. Yo te aconsejo que comieras lo más rápido tu almuerzo —espetó Tiffany, mientras comía uno por uno sus Froot Loops.

Ni siquiera te acordaste de mi cereal, mundana.

¡ESTÚPIDA, NUESTROS SENTIMIENTOS, IDIOTA!

Prendí el microondas para recalentar mi queridísimo almuerzo. Mientras esperaba, me preparé un jugo de naranja y limpié el mesón, porque estaba hecho un desastre gracias al yogur que Tiffany ingería en este preciso momento.

—Ugh, comerás como persona decente —dije enojada. No era la única vez que hacía esto, y si mi madre no encontraba la casa limpia, pues simplemente me castigaría más a mí que a mi queridísima hermana menor.

—Sí, sí, lo que digas —repitió mis palabras antes dichas con una voz muy chillona.

—Te lo digo en serio, y si no haces caso, esta vez te grabaré mientras hablas dormida —amenacé ya cansada de su actitud.

Dios, cuando te dije que quería un hermano menor, me refería a uno más chévere.

—Okay, lo haré, tranquila, vieja. —Quitó los ojos de su tablet y me miró por un minuto, para ver si mi amenaza iba en serio. Puse la cara más terrorífica que tenía, a lo que ella solo hizo una mueca mientras asentía.

El microondas sonó avisándome que mi comida estaba lista. Me senté en la mesa y comí como si no hubiera mañana. Más por lo que dijo Tiffany que por mi hambre.

Sabía perfectamente que, si me saltaba alguna comida, de nuevo iban a aparecer los castigos, los cuales incluían estar sin celular, y por consiguiente sin leer ni chatear.




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