Secuestrada Para Vivir

Ojos Violeta

— Ethan Durant

Norte de Escocia; casa frente a la playa de Ethan

Desde que salí de aquella mansión de verano de los Ponssio con Alessia en mi hombro mi culpa ha ido en aumento. Me costó tanto salir de allí que tuve que esperar a que todos durmieran o se encontrarán en sus habitaciones para poder salir con ella.

Suerte que allí todos duermen temprano porque de otra forma no se que hubiera hecho.

Gracias a lo que aprendí estudiando un curso técnico en el área de salud logré estabilizarla. Aunque igual la lleve a emergencias fue una herida de rango medio aunque si hubiera pasado más tiempo sangrando no hubiera habido solución.

Todo se ha complicado tanto que ahora el marido de ella tal vez quiera matarme porque me robe a su esposa.

No sé quién demonios son estos tipos.

Por la ropa que traen podría decir que son asesinos a sueldo. Pero si conocieran a Don Marcelo ni siquiera estarían aquí ya que el maneja este territorio.

Luego de ver a Alessia voltear su rostro y llorar sin consuelo por qué extraña a su familia y a su marido mi culpa me llegó al corazón y decidí disculparme con ella y llevarla de regreso a su casa.

¡Que mala idea fue hacer esto maldición!

Prefiero vender uno de mis riñones a cambio del dinero para mi abuela. Así no le hago daño a nadie.

"Solo a mí". La verdad pensé en pedirle a Don Marcelo que me prestara el dinero y así hacerle la cirugía a la abuela pero el quiere que trabaje para el a cambio del millón de dólares.

Lo haría sin dudarlo si se tratara de solo pelear o cualquier otra cosa. Pero el quiere que le haga daño a personas y la verdad mi abuela le dolería mucho saber que tuve que matar personas a cambio de salvarle la vida a ella así que ¡No!

Prefiero perder un riñón a perder el

amor de la abuela. Luego de darle el agua a Alessia y sentirme algo incómodo tras lo que me dijo. Fui hacia los asesinos para hacer un trato.

—Los voy a dejar ir, pero con una condición, ustedes elijen— les dije a los dos asesinos. Que se encontraban en el suelo amarrados y con cinta adhesiva en sus bocas. Estos abrieron sus ojos de par en par de forma algo graciosa al menos para mí.

—¡Espera!, ¡Vas a dejarlos ir!— me gritó Alessia antes de que otra palabra saliera de mí boca.

— Sí, ¿por qué?, ¿No debería hacerlo?— le respondí sabiendo que ella me ocultaba algo.

Sabiendo que sería imposible que ella me contará lo que sea que estuviera pasando ya que somos desconocidos decidí decirle todo y tratar de ayudarla si podía para regresarla a su casa lo más pronto posible para estar listo para la cirugía.

— Por cierto mi nombre es Ethan, Ethan Durant— le respondí antes de quee dijera algo.

— Te diría mi nombre pero supongo que ya lo sabes— asentí con pena y culpa. Procedió a darme la mano sellando la presentación y sintiendo una especie de corriente que me obligó a soltarla.

Nos miramos intensamente tras aquel estallido de corriente. Y desviamos la mirada cuando aquellos asesinos hacían ruido indicando que si querían escucharme.

—Ok, tienen dos opciones. Número 1 se van a entregar a la policía o número 2 van y se entregan a la casa de "Don Marcelo"— en aquel instante en que dije ese nombre sus rostros se volvieron de terror y allí me di cuenta del que el plan había funcionado.

Les quité la cinta de la boca para que pudieran hablar y ambos respondieron al mismo tiempo.

«¡A la policía!, ¡vamos a la policía no le digas al Don que estamos aquí por favor!»gritaron ambos.

Los ví llorar y darme las gracias mientras me reía de ellos. Si conocía al Don y sabía de lo que era capaz cuando alguien no le hacía caso en especial cuando la regla aquí en Escocia es que nadie trabaja en algo como "matar a alguien por plata" sin que el sepa.

«Se fueron... Pero para asegurarme de que se fueran a entregar igual llamé al Don, así que ellos corrieron y cuando encontraron al primer oficial a una distancia considerable de donde estábamos el oficial se los llevo»

«Me río»

— ¿Ahora vas a decirme porque hiciste esto?, digo por lo menos eso me merezco después de todo ¿No crees? — me dijo Alessia con su mirada clavada en mí

— Tienes razón, además como voy a dejarte ir no tengo nada que perder porque no volveremos a vernos jamás— le dije mientras giré mi cuerpo por completo hacia su dirección.

— ¿Quieres que te desate?— le pregunté porque tenía mucho tiempo acostada allí sin levantarse. Iba a soltarla antes pero gracias a semejante alboroto de esos dos ya no pude hacerlo.

« Asintió »

— Adelante, vamos a hablar, ¿Por dónde quieres empezar? ¿Será por aquello que sé que me estás ocultando o prefieres que yo te diga mis motivos primero?— le dije yendo directamente al punto donde hay tensión ya que siempre me ha gustado ser directo.




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