
Reo escribía en su lujosa habitación. El espacio era enorme, con esos ventanales de su sala que mostraban la ciudad. Sin embargo, el lugar donde pasaba la mayoría del tiempo era su zona de estudio, en ese amplio escritorio de madera clara, rodeado de revistas de fútbol. Tenía un librero a su derecha con varios libros de todas las materias que cursaba en la preparatoria.
Pero en ese momento se enfocaba en su plan a largo plazo: Camino a la Copa del Mundo con Nagi; así es como llamó a esa libreta que contenía el plan para lograr su gran meta. La hoja estaba llena de rayones, pequeñas notas y flechas con diferente tinta para diferenciarlas una de la otra. Había tantas que se había quedado sin espacio para escribir más.
No sería una tarea fácil, no con su padre negándose a ese futuro. Reo se detuvo un momento con la mirada perdida.
"Eres mi heredero, Reo. Tú te encargarás de la empresa algún día".
Reo recordó las palabras que su padre le había dicho el día que le comentó su sueño.
—No, ese no es el futuro que quiero —dijo en voz alta, como intentando recuperar su confianza.
Reo dio vuelta a la hoja y comenzó a escribir de nuevo; había mucho que hacer. Iba a demostrarle que podía lograrlo y sin la ayuda de su padre. Ya tenía un equipo y tenía a Nagi... aunque ese también era otro problema.
Nagi había accedido a ayudarlo con su meta, o al menos eso parecía. Pero era difícil animarlo. Lo único que quería hacer era dormir y jugar videojuegos. Y el fútbol no parecía entusiasmarlo en absoluto.
No, si soy negativo, no lograré animarlo. Seguiremos practicando, lo convenceré.
Reo sonrió para sí, convencido de que lograría motivar a Nagi, y de que juntos serían el mejor dúo, tal como lo habían hecho hasta ahora.
Reo miró a su izquierda. Ba-ya había comprado los periódicos que retrataban las victorias de Nagi y él. No habían perdido ni una sola vez; Reo tomó uno de ellos, manteniendo su sonrisa orgullosa. Con las estrategias de Reo y el talento de Nagi, serían invencibles.
Su celular sonó, distrayéndolo de su tarea. El nombre de Nagi apareció en la pantalla.
—Qué raro que me escriba... —tomó el celular que estaba en su pantalón y lo desbloqueó.
"Reo, ven al salón de juegos. Necesito tu ayuda" —leyó en la pantalla.
¿Me necesita? ¿Y en un juego? ¿Qué le habrá picado a Nagi?
Sus cejas se alzaron mientras tecleaba una respuesta:
"¿Qué pasa, Nagi?".
"Estoy cansado del jugador misterioso. Es un problema. Ven, Reo" —leyó casi al instante.
Él se levantó. Este tipo es tan caprichoso... Reo sonrió de forma genuina, dejando atrás la silla con energía y preparó su bolso rápidamente para salir.
¿Cómo negarme si Nagi me necesita? Reo se colgó el bolso y salió de su estudio; habló con Ba-ya para que preparara el auto y lo llevara a donde estaba Nagi.

—¿En serio me llamaste para esto, Nagi?
Reo arqueó una ceja mientras lo observaba recargarse con lentitud sobre la máquina. A su alrededor, chicos de su edad jugaban con las ruidosas máquinas. Vio a unos en la esquina, golpeando una pequeña y descolorida máquina.
—Sí, es importante. El jugador misterioso no deja de ganarme. Así que necesito tu ayuda.
Nagi lo miró fijamente por un momento.
—Juega conmigo, Reo.
—¿No dijiste que no querías que jugara? —Reo sonrió.
—No quiero, pero no quiero que gane él.
Nagi se giró y posó su mirada en las letras que brillaban en la pantalla.
Reo también miró la pantalla. La tabla de clasificaciones ponía a "JAJA" en el primer lugar; Nagi estaba debajo, con un leve puntaje menor.
Ese jugador parecía estar burlándose de Nagi... Pero que Nagi le pidiera ayuda implicaba que de verdad le estaba molestando perder. Ver esa inusual mirada decidida en él terminó por animar a Reo.
—¡Hagámoslo, Nagi! ¡Será divertido!
Reo dio un paso al frente, al lado de Nagi, frente a la máquina. Estaba algo rayada a los costados y una de las luces ni siquiera funcionaba. Reo frunció los labios. ¿Cómo podían dejarla en ese estado los encargados?
—¿Quieres que te compre una, Nagi?
—No, gracias.
Nagi apretó el botón para comenzar, mientras Reo posaba sus manos sobre los botones del tablero.
—¿Por qué no? Podrías ir a mi habitación y jugar todo lo que quieras.
—Está muy lejos. Mejor aquí.
Nagi se quedó en silencio y enfocó su mirada en la pantalla, moviendo sus dedos de forma eficiente.
Los videojuegos eran lo único que parecía emocionar a Nagi desde que Reo lo había conocido.
—¡No me has dicho cómo usarlo, Nagi! Eso es trampa —se quejó Reo, mirándolo de reojo.
—Eres listo, Reo. Lo aprenderás rápido —dijo sin quitar los ojos de la pantalla.
—En serio, Nagi... —resopló Reo.
Nagi era flojo, hasta para explicar las cosas. Reo suspiró mientras observaba los movimientos de su amigo. Lo imitó y fijó su vista en la pantalla. Perdió la primera vez, pero tras cometer algunos errores empezó a seguirle el ritmo. Nagi tenía razón: no era tan difícil.

Tras unas horas, los dos seguían jugando. De vez en cuando, Reo llevaba la delantera, pero Nagi siempre lo superaba. Como era de esperar, Nagi era muy bueno en eso.
El juego terminó y Reo estiró las manos.
—Dejémoslo aquí.
—¿Ya te aburriste, Reo?
Nagi se giró a verlo con una mirada curiosa.
—Es difícil aburrirse contigo, Nagi —aseguró Reo con una sonrisa—. ¡Pero ya me duelen las manos! No sé cómo puedes durar tanto tiempo jugando.
Nagi no le respondió al momento; se limitó a parpadear mientras se enderezaba. ¿Lo escuchó o lo ignoró por completo? Con Nagi nunca se sabía.