En la habitación de Reo, Nagi tomaba un té frío de limón, sosteniéndolo con sus manos juntas, y Reo reía a su lado tras la noticia, mientras sostenía la libreta de Aiko.
—Así que esa chica Aiko también es la dueña de esta libreta, ¿eh?
—Sí... o al menos eso creo.
—¡Buen trabajo, Nagi! Me muero por ver la cara que pondrá cuando se la entreguemos. ¡Va a ser de oro!
—¿Qué cara hará? —preguntó, antes de dar un sorbo a su té.
—¿No lo imaginas?
Reo se levantó de un brinco, volteando a mirar a Nagi.
—Cuando jugaba, tenía esa cara seria, como si no le importara nada. ¡Y resulta que es una chica otaku cualquiera, loca por unos chicos de videojuegos!
—Ah... sí, tiene imágenes raras.
Reo abrió la libreta, donde tenía una página completa de recortes del tal Ryku; era una especie de arquero con cabello plateado.
—Mira, Nagi. —Él giró la libreta—. Pareces tú.
Nagi volteó a ver la hoja.
—No es verdad. Él tiene un arco.
Reo rio y miró el reloj que estaba en la pared frente a ellos.
—¡Vamos, Nagi! Es hora de entregarle la libreta. ¡Y a hacer justicia!
—¿Justicia?
Reo tomó la bolsa deportiva que siempre llevaba y caminó a la puerta de su piso. ¿Esa chica creía que él le dejaría pasar esto, cuando ella evitó dos veces a Nagi tras trabajar duro? ¡Ni de broma!
Guardó la libreta con un movimiento rápido y abrió la puerta con una sonrisa confiada. Salieron, dirigiéndose al salón de juegos.

Reo entró a paso apresurado; se moría de ganas de ver la cara de la chica cuando le entregara la libreta.
¡Será divertido!
Barrió el salón ruidoso con la mirada, atento a las máquinas donde recordaba haberla visto antes. Escuchó los gritos de unas chicas y volteó. Ahí estaba, en un rincón junto a otra chica, ambas enfrascadas en un juego y gritando frente a la pantalla.
Esa debe ser una de las amigas que mencionó Nagi.
Había investigado sobre ese tal Ryku antes de llegar; era uno de esos juegos de moda entre las chicas. Pensó en qué forma debería entregarle la libreta. ¿Llamarla por su nombre? ¿Bromear sobre la libreta? ¿Sacar el tema de Nagi? ¿Qué era una miedosa? ¡Había tantas opciones!
—Oye, Reo. ¿No vamos a ir con ella?
—Sí, sí —dijo relajado, volteando a ver a Nagi—. Solo pensaba en cómo proceder.
Nagi le miró de reojo, curioso, pero no dijo nada.
Reo echó a andar con seguridad, situándose justo detrás de las chicas, y alzó la voz.
—Hola, Aiko-chan~.
Las chicas respingaron del susto y voltearon a verlo. Reo notó que la amiga se ruborizó al instante y se acomodó el cabello; en cambio, Aiko... tenía una mala cara. Esto iba a disfrutarlo.
—¿Qué quieres? ¿Y cómo sabes mi nombre? —Aiko se cruzó de brazos.
—Te buscábamos para entregarte esto. —Reo sacó la libreta—. Con el irresistible Ryku en la portada, ¿eh, Nagi? —Lo codeó, con una sonrisa burlona.
—Sí. Lo encontramos en una heladería.
La cara de ella se volvió roja.
Sí, esta es la Aiko que buscamos.
—Eso no es mío.
—¿Oíste eso, Nagi? Lo está negando.
—Tu nombre viene en una de las páginas. Mira.
Nagi tomó la libreta de las manos de Reo y lo acercó a ella, señalando su nombre.
—¿Ves?
—Eso no prueba nada, no soy la única con ese nombre —dijo Aiko, arrugando la frente.
—¿Ah, no? ¿Y por qué estás completamente roja?
—Ah... —Nagi inclinó la cabeza—. Debe ser que la hiciste avergonzar, Reo.
—¡No lo estoy! Solo... —¡Estoy enferma! —espetó la chica, pero su cara seguía del mismo color.
Reo la estaba pasando bien.
Qué fácil es hacer enojar a esta chica.
—Toma, Aiko-chan.
Reo estiró el brazo con la libreta, sin quitar su sonrisa burlona.
—¡No me llames por mi nombre!
Ella le arrebató la libreta de la mano de un jalón.
—Ok, pro de la DDR que teme perder contra Nagi.
—¡¿Qué dijiste?!
—Entonces sí era tu libreta... —Interrumpió Nagi.
—¡Piérdanse!
La chica tomó a su amiga del brazo y la hizo girarse hacia la pantalla, aunque la amiga veía de reojo a Reo. Él se rio y se alejó con Nagi, justo cuando alcanzó a oír:
—¡No me dijiste que conocías a Reo Mikage!
—¿Quién...?
Escuchó su nombre salir de la boca de la amiga, dicho con esa mezcla de sorpresa y emoción. Sonrió para sí; estaba acostumbrado. Nagi desvió la mirada hacia él.
—La molestaste mucho, Reo.
—Se lo merecía, Nagi —Reo sonrió de lado.
Nagi giró la cabeza un segundo para mirarla.
—...Parece disponible.
Reo se detuvo de golpe con los ojos bien abiertos.
¿¡Disponible?! ¿¡Nagi está INTERESADO en esta chica?!
—¿Cómo que disponible?
Nagi le devolvió la mirada.
—Su juego había terminado... Estaba libre.
Reo soltó una risa y negó con la cabeza.
Se refería a eso...
—No puedes decir las cosas así, Nagi.
—¿Por qué?
—Olvídalo. —Reo dejó salir una sonrisa—. ¡Vamos, Nagi!
Nagi era incomprensible. ¿Quién usaba “disponible” de esa forma? ¿Por qué Reo siempre intentaba encontrarle lógica? ¡Era imposible!
