
Vio a Reo bajar las escaleras. Nagi levantó la cabeza con pereza y miró a la pared, donde estaba la imagen de un helado. Si hubiera nieve sabor a comida, podría comer una todos los días. Sería fácil de digerir y no tendría que masticar nada. Tal vez el chef de Reo pueda inventarlo.
—Reo ya tardó...
Reo no regresaba. Nagi se irguió, metiendo la mano en su sudadera para tomar su celular. Al bajar la mirada, vio una libreta tirada a unos metros de él. La portada tenía recortes de un juego. Si no estuviera tan lejos...
No apartó la mirada hasta que escuchó el crujir de las escaleras; Reo se detuvo frente a él, apoyando el vaso de helado sobre la mesa.
La nieve era blanca, seguro que era limón. No importaba, ya quería comer.

Los dos se levantaron de la mesa; Nagi se acomodó la mochila para seguir a Reo. Tras unos pasos, Reo tropezó suavemente con algo blando en el suelo y se detuvo al instante; se arrodilló con elegancia y recogió la libreta que Nagi había visto antes.
—¿Y esto?
Reo hojeó la libreta, pasando las hojas con rapidez. Nagi estiró el cuello, por sobre el hombro de Reo. Había muchos colores y dibujos.
—Una libreta de una chica gamer, ¿eh? —le dijo, mientras cerraba la libreta.
—¿Cómo sabes que es de una chica?
—¿No es obvio? Solo hay recortes de esos chicos atractivos en 2D; Incluso está decorada a los lados.
—Oh...
Él debía ser un experto en chicas. Ahora que lo pensaba, muchas chicas se le acercaban en clases. Reo es muy popular...
Reo posó su mirada en la libreta. Estaba pensando en qué hacer, ¿no? Era un fastidio preguntar, pero también quería saber qué pensaba Reo.
—¿Qué pasa, Reo?
—Podríamos dejarla en el mostrador, pero... vi que tenía contraseñas; No es seguro dejarla en manos de cualquiera. —Reo lo miró—. Tal vez tenga su nombre en alguna parte.
Reo guardó con cuidado la libreta en su mochila y siguieron su camino.

Nagi estaba hundido en el pequeño sillón de la habitación de Reo; Reo miraba su celular mientras esperaban a que se actualizara el juego. La barra apenas iba por la mitad. Ni siquiera mostraba el porcentaje ni cuánto tardaría.
—Está tardando mucho, Reo.
—No te desesperes. ¿Quieres que te traiga algo de tomar?
—No. —Nagi hizo una mueca sin dejar de mirar la pantalla.
Miró hacia una mesita cercana. Allí vio una libreta con personajes de algún juego. Abrió los ojos. Ah, eso es…
—…La libreta.
—¿Libreta?
—La había olvidado...
Se levantó con desgana y tomó la libreta.
Ya había pasado... ¿una semana? Nagi ya no lo recordaba. Era un fastidio. Tal vez más tiempo.
—Yo también, pero solo encontré un nombre. ¿Cuál era…? Miku, Mako, Aiko. Algo así.
—¿La buscaste por internet?”.
—No. —Reo se encogió de hombros—. Mis padres me llamaron a comer y terminé olvidando la libreta —le dijo sin más, regresando su mirada a la pantalla.
—Oh…
Nagi empezó a hojear la libreta, pasando los recortes de esos chicos 2D que había mencionado Reo, pero algo llamó su atención: en una esquina decía “No olvidar”, había un correo y nada más. Tal vez era de la dueña.
—Reo... creo que encontré un correo aquí.
Reo se inclinó a su lado, rozando el hombro de Nagi.
—Bien hecho, Nagi. —Reo sonrió—. Le escribiré ahora.
Reo tomó una foto de la libreta y comenzó a escribir en su celular. Nagi volvió a mirar la pantalla. No parecía avanzar la barra. ¿Cuánto pensaba tardar?

Nagi salió del edificio de Reo con las manos dentro de su sudadera. La actualización había tardado más de lo que jugaron juntos, pero el padre de Reo lo había llamado. Reo le ofreció a quedarse jugando, pero no era divertido si él no estaba.
Siguió caminando; a su lado, pasaron unas chicas que reían.
—Mañana regresemos al salón de juegos, Aiko. Yo elijo al lindo Ryku~.
—Claro que no, tú lo elegiste hoy, ¡me toca!
Nagi inclinó la cabeza. Esa voz le sonaba conocida. Aiko... ¿Dónde había escuchado ese nombre? Aiko...Aiko...
Nagi se cansó de pensar.
—Ni idea...
Mientras seguía su camino, le llegó un recuerdo a la mente, Reo se lo había dicho:
“Miku, Mako, Aiko. Algo así“.
—Oh… La chica de la libreta. —dijo, como si hubiese descubierto algo nuevo.
Giró la cabeza y vio que las chicas pasaban la calle. ¿Podría ser la dueña de la libreta? Pero ya se alejaban y tenía que alcanzarlas…y eso sería muy fastidioso. Pero Reo quiere encontrarla, ¿no? Si no le digo, me va a reclamar:
“¡Nagi, debiste avisarme!”
Suspiró y se dio la vuelta; Luego, empezó a seguirlas. Espero se detengan, no quiero seguirlas por tanto tiempo...
Nagi empezó a dar zancadas largas, su mochila empezó a balancearse a los lados; estaban a pocos metros de él. Se detuvieron en una esquina, mientras un taxi se detenía con un chirrido y empezaron a subir.
Nagi observó a la última en subir. Esa chica… ¿dónde la había visto?
La chica cerró la puerta y el taxi arrancó.
—Eh... —Miró el lugar donde había estado el taxi—. Qué rápido...
Nagi se dio la vuelta de nuevo y siguió su camino.
—Mejor no le digo nada a Reo o no me va a dejar en paz...
Nagi daba un paso tras otro; había empezado a contarlos, pero hasta eso terminó por aburrirlo. Debí pedirle a Baaya que me llevara a casa.
El semáforo de peatones se puso en rojo, Nagi se detuvo. Tengo calor. Ojalá tuviera una de esas nieves del lugar donde Reo me llevó...