Solo y Juntos

Helado Tóxico

Reo y Nagi caminaban por la ciudad, personas iban y venían, entre estudiantes y oficinistas que avanzaban a paso rápido. El destello de las pantallas empezaba a destacar contra el cielo dorado. Las calles siempre se llenaban más a esa hora del día.

Reo caminaba de forma firme entre los peatones, mientras Nagi los esquivaba con naturalidad. Reo alzó la mirada a una de las pantallas de un edificio: eran las seis de la tarde. El tiempo había pasado muy rápido y tenían poco tiempo antes de regresar a casa.

Nagi le había pedido ir a comer una nieve. Este chico no come nada bien; a este paso, morirá. Reo sonrió para sí mismo. Pero si Nagi quiere eso, se lo daré.

No es que no le importara la salud de Nagi, claro que lo hacía, pero se había esforzado tanto en el DDR, y a la chica no le importó en absoluto. Reo solo pudo sentirse culpable.

Siguió caminando. El aroma dulce empezaba a llenar las calles, mientras Reo avanzaba a su destino. Buscó con la mirada, el lugar de moda que había escuchado y que medio mundo recomendaba.

Lo encontró, tenía un cartel llamativo con letras grandes. Levantó su brazo y señaló con un dedo.

—Mira, allí está. ¡Dicen que tiene todo tipo de sabores!

—¿De todo tipo...? —Nagi quedó en silencio un momento—. Tal vez tendrán té de limón...

—¿Por qué habría sabor té de limón si ya existe el sabor limón, Nagi?

—No sabe igual, Reo.

Reo sonrió de lado. Nagi era extraño, pero así le agradaba. Aunque debería poner los pies en la tierra de vez en cuando.

Reo empujó la puerta y entró al local. Estaba fresco, debía ser el aire acondicionado. Era amplio y tenía dos pisos. Las mesas eran circulares y de diferentes tamaños, además había muchas luces cálidas en el lugar. Las risas de los estudiantes inundaban el lugar. Nagi va a detestar esto.

—Reo, hay mucha gente —se quejó Nagi.

—¡Por supuesto! Todos hablan de este lugar.

Reo avanzó al mostrador, Nagi se detuvo a su lado y miraron arriba. Allí estaba la lista de todos los sabores en colores llamativos; estaban divididos en dulces, salados y amargos. Y al lado, las coberturas y jarabes.

Reo alzó las cejas al ver que eran muy baratos. ¿De verdad eran de calidad como le habían dicho?

Escuchó a Nagi suspirar a su lado. Seguro le parece un fastidio elegir entre tantos sabores. Reo mantuvo su sonrisa y lo miró.

—¿Qué piensas, Nagi? ¿Ya decidiste un sabor?

—Mmm...no hay té de limón, Reo. Así que mintieron.

—¡Entonces elige el de limón! —dijo divertido.

—No.

—Entonces elige otro, Nagi —expresó Reo, negando con su cabeza pero sin quitar su sonrisa.

Nagi observó el menú un rato, hasta que giró su cabeza hacia él.

—¿Qué elegirás tú, Reo?

—Elegiré una de tres niveles.

Reo alzó su mano frente a su cara, para enumerar.

—La primera de uva, la segunda de fresa y la tercera, de nuevo, de uva. ¡Una buena combinación entre el dulce y ácido!

—Oh... eres muy simple, Reo.

Nagi se giró de nuevo y volvió a mirar el menú.

—¡Y me lo dices tú!

No pasó mucho antes de volverse hacia Reo, parecía ya haberse decidido.

—Reo, quiero sabor wasabi. —Nagi volvió a mirar el menú—. Con cobertura de flor de cerezo y jarabe de tinta de calamar.

—Nagi... —Reo sonrió de forma divertida—. ¿De verdad te vas a comer eso?

Nagi lo miró de reojo sin girarse por completo.

—Sí, es como una comida normal. Tendré vitaminas, Reo.

¿Cómo tendría eso vitaminas?

Reo alzó una ceja; no podía dejar de sonreír.

—Nagi, ¿has comido alguno de esos?

—Solo wasabi.

—¿Y por qué quieres probar los otros?

—Se ven llamativos, quiero probarlos —dijo con seriedad.

Reo desvió levemente la mirada al menú. El verde chillón del wasabi, el rosa pastel del cerezo y el negro brillante del calamar. Sí, es completamente llamativo.

Volvió a mirarlo. Nagi era como un niño pequeño, veía algo fuera de lo común y se interesaba de inmediato. Reo negó con la cabeza y le respondió.

—Si sabe mal, no me culpes, ¿eh, Nagi?

—Sí~

Luego de que les entregaron las nieves, Reo pagó por las dos con su tarjeta, y buscaron un lugar para sentarse. Reo miró alrededor; no había ni una mesa vacía.

—Vamos al piso de arriba, Nagi.

—Reo, no quiero caminar más. —dijo Nagi arrastrando la voz.

Reo comenzó a caminar a las escaleras y alzó la voz para que Nagi lo escuchara.

—Deja de quejarte, no te llevaré en la espalda aquí.

—Mmm… —Nagi hizo un puchero y siguió a Reo.

Subieron las escaleras de madera en forma de caracol; escuchó los pasos pesados de Nagi detrás de él los cuales hacían crujir la madera. Cuando llegaron arriba, Nagi se quejó, pero Reo lo dejó pasar.

Apenas comenzaba a llenarse. Allí, vio una mesa vacía al lado de una ventana, apresuró el paso y tomó asiento; Nagi se dejó caer en el asiento frente a él.

—Entonces... ¡a probar, Nagi!

Tomó su cuchara y probó la nieve; Nagi hizo lo mismo con la suya. La textura era suave, pero el sabor no era tan marcado como esperaba. Reo sacó la cuchara de la boca.

—No está mal, pero el que hace mi chef es mucho mejor. ¿Qué tal el tuyo, Nagi?

Nagi se quedó en silencio. Estaba mirando la nieve con una mirada vacía.

—¿Nagi...?

—Sabe mal, Reo.

Reo sonrió y negó con la cabeza.

—¿No te dije que no pidieras eso?”.

—Reo, cambiemos.

Nagi empujó su nieve sobre la mesa, hasta topar con el vaso de Reo. La apariencia viscosa del negro con la mezcla de ese verde, lo hacía ver tóxico. Reo torció la boca.

—¡Claro que no!

Nagi hizo un puchero y miró a la ventana. Este chico... A veces me da estos dolores de cabeza. Reo suspiró y encajó la cuchara en la nieve.




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