Solo y Juntos

Tensión

Nagi se recargó en el elevador con pesadez. El edificio de los Mikage siempre terminaba sorprendiendo a Nagi… al menos un poco. Nagi miró arriba, viendo cómo los números subían por cada piso que subían. Demasiados pisos, qué bueno que hay elevador...

Cuando se abrió el elevador, Nagi caminó con lentitud detrás de Reo. Luego, llegaron al piso de Reo; él entró primero como era costumbre. El piso era tan blanco y brillante. Deben pagarle mucho al intendente, ¿verdad? Ladeó un poco la cabeza. Debe ser un fastidio limpiar todo este edificio.

Vio que seguía ese cuadro feo que los padres de Reo le habían regalado. Y también ese jarrón anticuado estaba en el mismo lugar.

Reo lo llevó hasta una habitación, nunca lo había llevado allí. Cuando abrió la puerta, lo recibieron unas luces neón que Nagi tuvo que entrecerrar los ojos. Allí, lo esperaba una máquina de DDR para dos jugadores, muy parecida a la del salón de juegos.

Nagi se paró en seco y se irguió un poco.

—Debió costar mucho, Reo —dijo con voz plana.

—Claro que no. —le sonrió Reo—. Ahora, ¡hoy empieza tu entrenamiento para ganarle a esa chica!

Nagi dio un largo suspiro, bajando los hombros. No debí aceptar ese reto con este juego.

—Oye, Reo, ¿y si me rindo?

—¿Qué dices, Nagi? ¡Por supuesto que no! ¿Dejarás que esa chica te gane?

—Pues…

Reo lo tomó del brazo, posicionándolo con rapidez en el lado derecho.

—Deja de quejarte. Te enseñaré cómo hacerlo.

Le explicó que visualizara las flechas debajo de él antes de jugar, y que en ningún momento debía dejar de ver la pantalla. Ah, qué flojera. Me quiero ir a casa…

—Concéntrate, ¿bien? Mira cómo lo hago.

Reo se posicionó al otro lado, eligiendo la misma canción; la misma dificultad que había puesto ella aquella vez, y la canción inició. Vio cómo Reo movía los pies de un lado al otro contra los paneles de metal a la perfección y justo como le había dicho: sin dejar de mirar la pantalla.

Reo era rápido, y por alguna razón, se veía incluso más ágil que la chica.

Reo es impresionante.

Nagi se recargó sobre una pierna, ya estaba cansado de observar a Reo. Escuchó que la canción terminó y al enfocarse en la pantalla, Reo no había tenido ni un solo error.

Se giró hacia Nagi con una sonrisa gigante; no parecía cansado.

—¿Viste? ¡Así es cómo debes hacerlo, Nagi!

Nagi hizo una mueca, volteando a mirar la pantalla con los puntos perfectos de Reo.

—Reo, mejor no. Es demasiado esfuerzo.

—Demasiado tarde.

Reo enderezó la posición de Nagi y le dio una palmada en la espalda.

—No dejaré que piense que puede ganarte.

Lo miró fijamente, ahí venía otra vez esa pregunta:

—¿De verdad no quieres vencerla?

—No es eso. Pero no en este juego, era mejor el otro.

—¡Pues entonces hazlo por mí, Nagi!

—Mmm... —Nagi se quedó en silencio un segundo y miró de lado—. No.

—¡Oye! Te negaste muy rápido. —Reo le sonrió de lado—. No importa. Vamos, Nagi, debes vencerla, si no...
Reo dio dos pasos hacia Nagi y se situó detrás de él, escuchando cómo se abría el cierre de su mochila. Giró su cabeza de lado y vio cómo metía la mano en ella: había sacado el celular.

—¡No te lo devolveré!

Reo dio un paso atrás, con esa sonrisa victoriosa en su cara.

—Ah, mi celular. Reo, devuélvelo… —dijo sin entusiasmo, estirando apenas su brazo.

—Hasta que te pongas a practicar, Nagi. —Reo no dejó de sonreír.

Nagi suspiró mirando la pantalla con desgano.

—Está bien...

Recuperaré mi celular.

—Inicia el juego, Reo.

—¡Bien!

Y toda esa tarde, los dos practicaron frente a la pantalla. Nagi intentó copiar la rapidez de Reo, pero terminaba tropezando todo el tiempo. A veces, cuando intentaba pisar la flecha metálica trasera, no acertaba y miraba hacia abajo para volver a posicionarse. Reo le corregía cada vez que daba ese paso en falso y siempre le señalaba la pantalla.

Qué fastidioso…

Y cada vez que miraba la pantalla, veía cómo iba alcanzando el puntaje de Reo.

Finalmente llegó el día. Reo lo había obligado a practicar esos días. Las piernas le dolían; era más esfuerzo que cuando practicaba fútbol con Reo.

Ya quiero que acabe.

Suspiró arrastrando los pies, mientras entraba al salón de juegos. Cuando avanzaron hacia la máquina DDR, no encontraron a nadie.

—Ella viene más o menos a esta hora, pero... —Reo miró la pantalla de su celular—. La hora...

—¿O sea que vinimos por nada? —Suspiró mientras dejaba caer su espalda contra la máquina—. No debimos venir, Reo.

—¡No pasa nada! Dudo que esa chica rompa su promesa — aseguró, mientras se acomodaba su bolso deportivo.

—No hizo ninguna promesa, Reo. Tú solo le dijiste que en tres días le ganaría.

—¡Aun así! Dudo que no venga.

Reo apagó la pantalla, guardando su celular en el bolsillo.

—Querrá ganarte en este juego en el que se cree tan buena. —Volteó y le sonrió—. Le ganarás, Nagi. Estoy seguro de eso.

Nagi estaba seguro de que le ganaría a la chica, pero no sabía cuánto esperaría por ella. Si tarda mucho, me iré. Volvió a suspirar y se sentó en una silla cercana, dejando caer la cabeza hacia atrás. A su lado, Reo se le unió.

Metió la mano en la sudadera y buscó qué jugar. Apretó la app de su shooter favorito. Qué fastidio, ahora la tenemos que esperar. De reojo, vio que Reo tomaba su celular y empezaba a escribir algo. Si Reo supiera su número, ya la habría llamado para ganarle de una vez. El juego había terminado de cargar y empezó su partida.




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