Susurros del ayer

Solo importa Mazapán

El aspecto de la gatita era lamentable, sentada en el medio de la lluvia sin saber a dónde ir. Bajo el pelaje gris, tiritaba el pellejo pegado a los huesos, junto a las orejas grandes que conferían un aspecto irregular y tierno.

No maullaba, el suyo era un ruego de alma a alma.

Yuly quedó prendada de esos dos ojos amarillos, redondos como la misma luna. Entusiasmada, rogó a su madre que la llevaran a casa. La mujer se negó, argumentó que una mascota implicaba tiempo y dinero. Mantuvo su postura hasta dejar a su hija en la escuela, pero cuando volvió a pasar por el parque de regreso, no pudo resistirse.

Su hija tenía tiempo pidiéndole un compañero de cuatro patas, y ella solo quería hacerla feliz.

Y lo logró. Encontrar a Mazapán luego de un día escolar se convirtió en una de las memorias más preciadas de Yuly, junto a la manera en que descubrió que a la gatita le gustaba el mazapán. En consecuencia, decidió nombrarla así.

A partir de entonces, Mazapán sería el ancla salvadora en medio de la tormenta que guardaba el futuro para ella.




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