Amor de verdad

Capítulo # 3

Capítulo 3

Dos horas después, en el restaurante Rossi:

Ysabelle lloraba amargamente apoyada sobre el hombro de Alessia.

—¡Ayuda!

—Solo a ti se te ocurren estas cosas —comentó Alessia con seriedad.

—Es que Anthony es horrible... —sollozó la rubia.

—No tenías por qué decir semejante mentira —la regañó su amiga.

Stefania se reunió con ellas en ese instante y se preocupó de inmediato al ver la crisis de Ysabelle.

—¿Qué pasó? —preguntó preocupada.

—Ysabelle inventó que tenía un prometido y ahora su padre exige conocerlo —informó Alessia.

—Ysabelle... —dijo Stefania, mirándola con reproche.

—Es una tonta —comentó Roberta con franqueza. Acababa de llegar a la mesa y no lograba comprender la razón de semejante engaño.

Lucia se sumó al grupo.

—Déjenla tranquila.

—Ni sabes de qué estamos hablando —dijo Roberta, molestando a su amiga.

—Por favor, ¡ya basta! —pidió Alessia, mirándolas a todas con seriedad, notablemente molesta por la discusión.

En ese momento, Stefano y Uma entraron al restaurante.

—¿Qué estará pasando, amor? —preguntó Stefano al ver al grupo de mujeres discutiendo de forma animada.

—No lo sé —respondió ella, extrañada.

Christopher caminaba justo detrás de su hermano.

—Dejen pasar.

—¿Me estaban siguiendo? —preguntó Stefano, girándose hacia sus hermanos.

Tiziano contestó apenado:

—¡No!

De pronto, Ysabelle exclamó entre sollozos:

—¡Quiero morirme!

Varias personas en las mesas cercanas se giraron a mirarla y comenzaron a murmurar.

—No digas esas cosas —pidió Stefania con angustia.

Ysabelle se puso de pie bruscamente.

—Me voy... ¡me voy a matar! —dijo, dramatizando la escena.

Stefania y las demás se abalanzaron sobre ella para sujetarla.

—¡No, Ysabelle!

Ysabelle cambió el gesto de inmediato y les dedicó una sonrisa radiante.

—Soy demasiado bella para morir.

Todas soltaron un largo suspiro de alivio. A Ysabelle le encantaba exagerar las situaciones hasta el límite.

Stefania la miró muy en serio.

—Ysabelle... la solución es simple: solo tenemos que conseguir a un hombre que se haga pasar por tu prometido.

Tiziano dio un paso al frente.

—¡Yo!

Todos en la mesa se le quedaron mirando fijos. El hombre sintió el peso de tantas miradas sobre él y carraspeó, un poco apenado.

—Yo tengo al candidato perfecto —corrigió de inmediato, tomando a Christopher del brazo para empujarlo hacia adelante—. Aquí está.

Ysabelle se emocionó al instante.

—¿De verdad me van a ayudar?

Christopher frunció el ceño, confundido.

—¿De qué se trata todo esto?

Ysabelle les hizo señas para que se sentaran a la mesa y así poder explicarles la situación en detalle. Quería estar segura de si realmente él estaba dispuesto a colaborar.

Todos tomaron asiento y la observaron expectantes.

—Es una historia medio larga... —comenzó a decir Ysabelle.

—No importa, cuéntala —insistió Christopher.

—Este chico es demasiado frío para interpretar ese papel —comentó Lucia con escepticismo.

—Ellos dos son los protagonistas de la obra teatral que estamos montando —aclaró Stefano en su defensa.

—Es verdad, Lucia —afirmó Ysabelle.

—Cuenta de una vez, Ysabelle —pidió Stefania, impaciente.

—Desde que nací, mi padre me comprometió con el hijo de su mejor amigo. Cuando cumplí diecisiete años, le saqué un trato: si a los veintitrés no tenía un prometido formal, me casaría con Anthony. Pero Anthony es tan tonto que antes de casarme con él prefiero a las mujeres.

—¡Ysabelle! —exclamó Lucia, alarmada.

—Pero lo peor de todo es que le di a mi padre un nombre concreto —confesó Ysabelle apenada, desviando la mirada por la vergüenza.

—¿Cuál? —preguntó Roberta.

—Christopher Moretti.

—¡¿Qué?! —exclamaron todos al unísono.

—Perdón, Christopher... no se me ocurrió otro nombre —admitió ella, disculpándose avergonzada.

—Christopher, tienes que ayudarla —insistió Tiziano.

Christopher mantuvo el rostro serio.

—¿Y qué voy a ganar yo con todo esto?

—Pues... —titubeó Ysabelle.

—Pueden tener unas cuantas citas o pasar una noche juntos —propuso Stefania con soltura.

Ysabelle y Christopher exclamaron al mismo tiempo, alterados:

—¡Estás loca!

—Stefania, por favor... Ysabelle no sabe de esas cosas —intervino Alessia, avergonzada.

Ysabelle sonrió con picardía.

—Una cosa es que sea virgen y otra muy distinta que sea ignorante.

—Ysabelle, esas cosas no se dicen en voz alta, y menos delante de los hombres —comentó Lucia con las mejillas ardiendo.

Stefano y Tiziano se sonrojaron de inmediato.

—Tranquila, te guardaremos el secreto —prometió Stefano.

Christopher soltó una carcajada.

—Esto me parece divertido.

Ysabelle lo contempló emocionada al escucharlo reír. Era la primera vez que lo veía sonreír así y le pareció sumamente atractivo.

—¿Entonces la vas a ayudar? —preguntó Roberta.

—Sí.

Ysabelle lo abrazó por el cuello, eufórica.

—¡Gracias, Christopher!

Él se tensó, algo avergonzado por el contacto.

—No hagas esas cosas...

—Perdón —dijo ella, soltándolo apenada.

—Ja, ja, ja, esto se va a poner muy entretenido —habló Lucia con una sonrisa.

—Oye, Lucia, ¿tú ya tienes novio? —le preguntó Uma.

—Eh... ¿por qué preguntas eso? —inquirió la chica, extrañada.

—Es que te vi salir con un chico de lo más simpático —comentó con curiosidad.

—¡Cuenta! —exclamó Stefania entusiasmada.

—Es Adriano —confesó Lucia, sonrojándose.

—¡Vaya! ¿Volviste con él? —preguntó Alessia, asombrada.

—Ese no es —aclaró Roberta, conociendo bien los sentimientos de su amiga.

—No entiendo —dijo Alessia, confundida.

—Adriano es mi mejor amigo, pero vamos a salir hoy —explicó Lucia.




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