Amor de verdad

Capítulo # 13

Capítulo 13

Horas después, en el restaurante Rossi:

Todos se encontraban reunidos en el salón principal; únicamente faltaba que hicieran su entrada Alessia y Raffaello.

—Estuvo excelente la reunión de negocios, Lucia —comentó Dante con aprobación.

Lucia se sonrojó levemente.

—Gracias.

—Te ves toda una mujer ejecutiva —añadió Stefania, mirándola con orgullo.

—Más o menos... me tuvieron que explicar algunas cosas técnicas sobre la marcha. Mi fuerte indiscutible sigue siendo la cocina —les reveló ella con humildad.

—Oye, Stefania, ¿y ya tienes todo organizado? —le preguntó Uma.

—Aún faltan algunos detalles —respondió ella.

—Se acerca el cumpleaños de Fania y también el tuyo —recordó Roberta.

—Es verdad —afirmó Dante, sonriendo.

—Deberías organizarle a la niña una fiesta por la tarde y celebrar el tuyo por la noche —le propuso Niccolo.

—No lo sé todavía... —dijo Stefania, algo dudosa.

—Siempre se arma un caos organizativo cuando coinciden los cumpleaños de Stefania y de Fania —comentó Ysabelle, divertida.

—¡Es mi cumple! —exclamó Fania, dando un pequeñito brinco de emoción.

Ysabelle le sonrió con ternura.

—¿Qué quieres que te regale tu tía Ysabelle?

—¡Una Barbie!

—Hecho, tendrás tu Barbie —dijo Ysabelle.

—Alessia no ha llegado aún —habló Lucia, mostrando un toque de preocupación.

—Es cierto —comentó Stefano, consultando la hora.

—Debe de tener bastante trabajo acumulado en el hospital —suspiró Uma.

—Puede ser —coincidió Roberta con gesto serio.

En ese instante cruzaron la puerta Alessia y Raffaello, este último llevando a un niño pequeño cargado en sus brazos.

—¡Hola a todos! —saludó Alessia con una gran sonrisa.

—Hola —añadió Raffaello con calidez.

Stefania los miró con curiosidad.

—¿Y él quién es?

Alessia y Raffaello respondieron al unísono con el rostro iluminado:

—¡Nuestro hijo!

Todos en la mesa se quedaron atónitos, mirando a la pareja sin procesar la noticia.

—¡¿Qué?!

—Sí, él es Aiden, nuestro hijo. Lo adoptamos hace unos días, pero hoy nos otorgaron la custodia legal definitiva —habló ella con inmenso orgullo.

—Aiden era hijo de un primo mío. Lamentablemente su esposa y él sufrieron un accidente fatal y fallecieron. Como el resto de mi familia ya es mayor, las autoridades me concedieron la adopción a mí —explicó Raffaello.

—Así es —asintió Alessia, radiante de felicidad—. Ahora es oficialmente nuestro hijo.

—¿Y cuántos años tiene? —preguntó Roberta, sin salir del asombro.

—Tiene cuatro años; los cumplió hace apenas un par de meses —respondió Raffaello.

—Amor, saluda a todos. Ellos son tus tíos y tus tías —le indicó Alessia al pequeño con voz suave.

—Hola... Soy Aiden Basile Catalano, tengo cuatro años y mis padres son Alessia y Raffaello —se presentó el niño, esbozando una sonrisa tímida.

—¡Pero qué belleza de niño! —exclamó Stefania, fascinada, tomándolo suavemente en brazos.

Aiden la miró apenado.

—Tú eres la tía Stefania.

Stefania sonrió de oreja a oreja.

—Sí, mi amor, soy tu tía Stefania.

El pequeño señaló con su dedito hacia el resto de las chicas.

—Ella es la tía Roberta, ella es la tía Lucia y ella es la tía Ysabelle.

—Así es —afirmó Ysabelle, guiñándole un ojo.

—Le hemos hablado muchísimo de ustedes estos días —comentó Raffaello con una profunda satisfacción.

—Bienvenido a la familia, sobrino —le dijo Dante con tono afectuoso.

—Gracias —agradeció Aiden, sonrojándose un poco.

—¡Tú eres mi primito! —anunció Fania con entusiasmo desbordante.

—Sí.

—¡Qué bien! —dijo Fania, bajándose al instante de las piernas de Ysabelle—. Vamos a jugar —añadió, tomándolo suavemente de la mano.

Los dos niños caminaron hacia una mesa cercana a jugar tranquilos.

—Es un niño precioso —comentó Ysabelle.

—Muchas gracias —respondió Alessia.

—¡Vaya, un nuevo sobrino! —habló Roberta, aún impactada por la sorpresa.

—Ya soy formalmente una tía feliz —soltó Stefania, radiante.

—Un sobrino en la familia... —dijo Arnaldo, contemplando a la pareja.

—Está hermosísimo. ¿A quién se parece más? —quiso saber Uma.

—Se parece mucho a mi primo; heredó el cabello negro de él y los profundos ojos color miel de su madre —respondió Raffaello.

—Se parece a Christopher, ja, ja, ja —bromeó Ysabelle con gracia.

—¡Tienes toda la razón del mundo! —afirmó Tiziano, asombrado por el parecido.

—Oigan, pero es mi hijo —les recordó Alessia, mirándolos divertida.

—Se nota que es un niño sumamente tranquilo —observó Dante.

—Sí, es muy educado y sereno —afirmó Raffaello.

—Ojalá Fania fuera igual de tranquila —suspiró Stefania.

—Eso es pedir un imposible —bromeó Lucia.

—Sí, totalmente cierto —coincidió Ysabelle entre risas.

—Ahora solo quedamos Lucia, Ysabelle y yo para ser madres —comentó Roberta, paseando la mirada entre sus amigas.

—Al menos Ysabelle puede buscar a alguien pronto, pero yo... prefiero mil veces la soltería —confesó Lucia, riéndose de su propia ocurrencia.

—¡Lucia, no digas esas cosas ni en broma! —protestó Uma, alarmada.

—¿Y cómo sigues de la crisis de asma? —intervino Arnaldo con tono preocupado.

—Dentro de dos horas tengo la cita médica con el neumólogo especialista —les informó.

—Te acompaño —se ofreció Roberta de inmediato.

Lucia sonrió con gratitud.

—Muchas gracias, chicas. Ustedes encárguense de organizar las compras para el cumpleaños de Fania, que yo iré a la consulta acompañada por Uma.

Uma sonrió complacida.

—Lucia me llamó para acompañarla. Mi adorado Stefano se quedará al frente del restaurante.

—Claro que sí, me encargo con gusto —afirmó él, entusiasmado.

—Hoy tendremos una excelente jornada de ventas —habló Arnaldo, satisfecho.




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