I Could Be Happy
O ¿no?
I would like to climb high in a tree
La melodía alegre me arrastra hacia la consciencia.
I could be happy, i could be happy
Parpadeo desorientada y durante un aterrador instante, no sé quién soy o dónde estoy.
Or go to Skye on my holiday
Hasta que mi visión se aclara, dejándome ver...
I could be happy, i could be happy
El familiar ¿...? que hace que el latido de mi corazón se estabilice.
Maybe swim a mile down the Nile
¿Ahí hay un nombre tallado?
I could be happy, i could be happy
Debo tener miedo o ¿no?
All of these things I do
Incorporándome en la cama, me quedo sentada, observando mi habitación.
NO. Esto no es mi habitación. Es un ataúd de metal.
Todo a mi alrededor está oscuro.
Mi respiración sale en grandes jadeos.
Noto la humedad en mi vestido calándome hasta los huesos.
La sangre coagulada en mis manos emborrona mi visión.
Y lo recuerdo todo.
*******
Mi madre tira con fuerza de mi brazo y finalmente consigue apartarme de la ventana.
Ninguna habla mientras cruzamos el pasillo y bajamos las escaleras. Con una mano mantiene sujeto mi brazo mientras se aferra al bolso con la otra, silenciosas lágrimas caen como un río por su rostro.
—¡Fausto! —su voz se corta al pronunciar el nombre de mi padre.
Él aparece velozmente en el recibidor seguido de Mabel y Stan. Nos encuentra a medio camino de la escalera para envolvernos en sus brazos.
—¿Estáis bien? —pregunta enterrando la cara en el pelo de mi madre.
Su respiración es jadeante, está sudando de miedo y algo de eso hace que finalmente reaccione.
Me aparto para mirarlo.
—Acabamos de ver al jardinero comerse a su propio hijo, que luego se ha convertido en quién sabe qué. El mundo es el que no está bien. ¿Qué vamos a hacer?
Mi padre traga saliva y me mira de una manera que no tengo cabeza ahora para descifrar.
—Tenemos que ir al hangar —declaro cuando mi padre no habla lo suficientemente rápido para mi gusto—. Usemos el avión privado para volar a otro continente.
—¿Qué hay de la gente? —la pregunta es formulada obviamente por mi madre—. ¿Dejaremos atrás a la gente de Tasmanti?
—¡Sí! —la respuesta es evidentemente mía—. ¿O crees que ellos se quedarían para salvarte si tuvieran la opción de huir de eso? Además, ¿qué puedes hacer por ellos de cualquier manera?
Mis padres se observan haciendo esa cosa de comunicarse sin palabras y siento que voy a explotar de frustración. De pronto, un montón de golpes sacuden la puerta y las ventanas, mezclados con gritos indistinguibles.
—¿Son más de esas cosas? —pregunto frustrada.
Es Mabel quien responde:
—No. Son personas que han venido a pedir refugio por lo que está pasando ahí fuera.
Mi padre se gira hacia ella.
—¿Y cómo atravesaron el portón y el sistema de seguridad?
—Yo abrí el portón y apagué el sistema de seguridad desde la sala de control para que pudieran entrar.
La miro incrédula. ¿Está loca?
—¿Estás loca? ¿O simplemente eres idiota?
—Dánae —mi madre me amonesta sin ganas, casi por inercia y, por supuesto, la ignoro.
—¡¿Cómo se te ocurre desactivar la seguridad en un momento como este?!
La loca me mira como si no se arrepintiera. Se ve que a la edad de Matusalén finalmente ha desarrollado agallas.
—Esa gente que está ahí fuera cuenta con ustedes y se merece ser salvada en lugar de ser dejada atrás para ser despedazada —argumenta—. Esta mansión es segura y yo solo sentí que debía darles la oportunidad de salvarse.
—¿Y a quién le importa lo que tú sientas? Esta casa no es tuya y no eres nadie para tomar esa decisión. Hemos visto a un niño morir de una manera horrible y ¡es tu maldita culpa por abrir la puerta a todo lo que está ahí fuera!
Mi padre me agarra de la cintura para retenerme y hace bien porque en este momento tengo ganas de matarla.
—¡Os lo dije! ¡Os dije que no tratarais al maldito servicio como si fuera de la familia porque al final se lo creerían! ¡Y mirad lo que ha hecho! ¡Podríamos morir todos por su culpa!
—Cálmate —pide mi padre sujetándome con fuerza—. La intención de Mabel era buena.
—¡Me da igual cuál sea su intención! —me giro para clavar mi mirada en ella y gritarle las palabras—. ¡Si quieres jugar a la heroína, sal ahí fuera y muere tú por ellos! ¡No ofrezcas las vidas de los demás fácilmente solo porque tú tengas un pie en la tumba!
Su cuerpo se estremece por la rabia en mi voz. Honestamente, si el techo se abriera y le cayese un rayo, me seguiría sin dar pena. De hecho, fantaseo con la idea de abrir una ventana y lanzarla por ella.
—Ya no se puede hacer nada —dice Stan tratando de calmar las aguas—. Deberíamos pensar qué debemos hacer ahora.
La pregunta va dirigida a mis padres, que vuelven a comunicarse en silencio. Unos segundos después, mi padre cuadra la mandíbula y me suelta.
—Dejaremos entrar a la gente y nos refugiaremos en el búnker.
Mabel suspira con alivio y mira a mis padres con orgullo, como si no esperara menos de ellos. Yo los miro sabiendo que no debería esperar más.
—Pues que os divirtáis en ese agujero —llamar agujero a un búnker de cinco pisos es exagerado, pero mi peor pesadilla es estar bajo tierra—. Yo voy a por Ada y luego buscaré a mi theío para irnos volando de aquí.
Mi padre me detiene cuando voy a bajar los escalones.
—Dánae, no puedes salir de aquí. Es demasiado peligroso.
Mi bufido es ahogado por los gritos y golpes de fuera.
—Corro más peligro quedándome con dos desequilibrados. Tenemos un avión y podemos irnos, pero en lugar de eso queréis quedaros atrapados bajo tierra con una multitud de gente histérica.
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Editado: 25.09.2026