Lucero escuchaba a su amiga, pretendia convencerla, pero ella de alguna manera quería ser atraída por alguna buena idea que le genere dinero.
—Ese es un abusivo, yo no trabajaré con alguien que crea que nací para ser esclava.
—Exageras...el jefe Baltazar Walter necesita una publicista, anímate —espetó Anastasia, pero Lucero no mostró alegría— no puedes Negarte, necesitas el empleo, además...solo así tu padre dejará de molestarte.
—¿De que hablas? —preguntó Lucero sin dar muestra de ninguna incomodidad.
—Para nadie es un secreto que te humilla, te dice en tu cara que eres floja, que no mereces la comida que te da.
—Es un viejito lindo, me ama, nadie lo entendería, papá siempre está, siempre fue por mi, y sí, es verdad, él piensa que yo soy floja, pero no es así y tú lo sabes, siempre estoy en algo, todo lo que hago es por un fin, mi padre se ha enfermado mucho y...
—Es tu padrastro, ¿Okey? No lo romantices como el mejor....no le pongas bondad que no tiene.
—Es el mejor papá, el mejor, y si vienes a hablarme mal de él, mejor dejamos está conversación hasta aquí.
—Pero yo te escuché decirle que te quiere menos porque no llevas su sangre. —la mujer se sintió triste al ver que Lucero justificaba a su padre.
—Ya te lo dije, tú no lo entenderías, es mi papito lindo, ogro o no, lo amo, es su naturaleza, está pasando por un mal momento, lleva todo el peso de la economía del hogar, mis hermanos les mienten, por eso él no les pelea, a mi sí, y no es porque no sea yo su hija, es solo que, papá está estresado, creo que hasta deprimido, pero un día tendré un gran empleo y lo ayudaré con los gastos de la casa, para eso me preparo, verás que yo si seré la mejor publicista.
—Bueno, el señor Baltazar no paga muy bien, pero es un gran trabajo, acéptalo.
—Es abusivo, ¿Acaso tú no lo odias cuando te paga? Es mezquino. —su amiga rió y Lucero se sorprendió de ver su conformidad.
—A mi me paga que es lo importante, en mi hogar solo suplo mis maquillajes —rió— nadie me exige nada.
—Entiendo, pero igual no me quiero desgastar por miserias que no me alcanzaría para los medicamentos de papá..
—Necesitas el trabajo, Lucero...la experiencia es importante.
—Okey, eso sí que es verdad, la experiencia, no lo discutiré, pero a la primera le dejo el trabajo tirado. —Anastasia rió de felicidad de una manera tan alarmante que Lucero pareció extrañarle— No seas tan bullera.
—Trabajaremos juntas, eso es importante para mí, ¿Acaso no lo es para tí?
—Bueno, sí...creo. —la conformidad de Lucero llenaba expectativas que no eran propias de ella— ¿Cuando es la entrevista? —la mujer celebraba feliz mientras Lucero dejaba salir sus inconformes palabras— ¡Qué viejo tan asqueroso, no sé ni cómo vive, qué bárbaro, ¿Cómo lo soportas?
Su amiga solo reía a placer, cosa que realmente dejaba a Lucero pensando en lo que realmente quería decir cada una de sus carcajadas.
***
Esa misma tarde Anastasia se sentó en las piernas de Baltazar y celebraba su triunfo, él parecía importarle más tocarla que cualquier otra cosa.
—Ella hará el proyecto de publicación, y... tú y yo nos iremos de lo rico a disfrutar. —dijo el viejo como si se le metía el diablo de la lujuria en la piel.
—Solo te pido que le pagues bien.
—Claro que le pagaré, no faltaba más, tener el trabajo listo para mañana es un plan estratégico, verás que la pasaremos exquisito.
—Y acuérdate, mi Baltazar lo que me prometiste.
—Tus deseos son prioridad para mí.
Tocaron la puerta y Anastasia se levantó a toda prisa acomodando su falda, mientras Baltazar sonreía con malicia mirándola.
—Creo que es Lucero. —dijo ella y el hombre se emocionó, pero se hizo el interesante haciéndola entrar.
—Lucerito, qué bueno verte, eres maravillosa con tus diseños, creo que haremos negocios.
—Vaya, ¿Negocios? Supongo que pagará muy bien por un trabajo que está destinado a realizarlo un equipo. —al hombre se le borró la sonrisa y ella continuó— por cierto, me llamo Lucero, nada de Lucerito, ni de mijita, Lucero Lancaster.
—¿Cómo? —Baltazar se exaltó— ¿Dijistes Lancaster?
—Sí, de Monterrey, nada que ver con los de las empresas Lancaster, mi familia es muy humilde.
—Tengo entendido que los Lancaster es una sola familia.
—Fíjese que no es así señor Baltazar, hay que leer un poco más, si así fuera, créame que, yo no le aceptara el trabajo.
—Tiene razón, ¿Quién podría creerlo? ¿Una Lancaster millonaria tú? —las carcajadas del viejo eran bochornosas, sobretodo para Lucero quien salió privada a respirar afuera.
—Ve tras ella. —dijo el jefe a Anastasia al ver salir a Lucero.
—¡Lucero espera, no te vayas! —gritó la muchacha creyendo verla salir.
—Solo busco aire, oxígeno, ¿cómo haces para respirar ese olor que sale de ese asqueroso hombre?
—No seas exagerada Lucero.
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Editado: 17.10.2026