El jefe quedó en silencio con la llegada de Lucero, ella los miró a todos, se sorprendió al ver sus rostros confundidos, aún así rió con encantamiento.
—¿Me necesitan, o no? —su mirada fija en el señor Campbell lo hizo reaccionar.
—Por supuesto.
—Debería de disculparse, eso de estrella fugaz le quedó mal visto, por lo menos de mi parte. —sonrió activamente feliz.
—Si tu diseño logra convencer al señor Lancaster, lo haré, le prometo disculparme.
—De rodillas por favor. —detacó presumida y feliz.
—¿Te dió permiso tu papi? —ironizó el licenciado al ver que lo querían desplazar.
—Sí, claro, —respodió Lucero— de lo que no pedí permiso es de poner mi pensamiento en lo que debo, crear un diseño publicitario que convenza al señor Lancaster, mi creatividad se activa solita, ¿la suya no? —ante la respuesta humillante de la chica, la sonrisa macabra de Gael Campbell se hizo muy visible.
—Veamos. —dijo el licenciado después de carraspear la garganta— comencemos, ¿Qué traes? —se acercó a su equipo y Lucero arqueó sus manos evitando que lo toque.
—Cuidado, no toque a mi princesa, es la diosa de la creación.
—Es una simple computadora. —dijo el hombre, pero ella no le permitió cercanía.
—Para usted es simple —espetó alegre como si sus palabras emanaban como miel— para mí, es lo máximo, allí está todo lo que necesito...es mi princesa.
Lucero Lancaster hizo su espacio sacando todos sus apuntes, pero dejó salir un libro de colores que nadie entendió pudiendo tenerlo en los archivos de su computador.
Gael Campbell solo la observaba incrédulo, pero ella mostraba toda su seguridad y carisma, ella levantó el delicado rostro dejando ver sus ojos grandes detrás de los redondos cristales, y él no supo que decir, solo preguntó.
—¿Qué necesitas? —ella lo observó y aunque el jefe tenía rostro de mando que la hizo reir a carcajadas, pudo decir.
—Un rico café, y una rebanada, pero supongo que usted se ofenderá por tener que cumplir mi petición.
—No me ofende, vaya licenciado, traiga lo que pidió la señorita Lucero.
—¿Yo? Peroooo...
—Vaya de una vez, ella hace su trabajo. —el hombre mostró su enojo y cuando pretendia salir, el jefe lo detuvo— deténgase, yo voy.
—¿Usted señor Campbell? —preguntó el licenciado.
—Soy el más interesado en ver que hará está señorita, espero que mi voto de confianza valga la pena.
El hombre salió y dejó a Lucero con él licenciado, este la observaba como un bicho raro, solo que ella puso sus audífonos a todo volumen y comenzó su trabajo desde cero, aunque le hablaban no podía oír, solo vió cuando pusieron su café y sus rebabadas, mostró una placentera sonrisa.
—Señor, esa chica trabaja sola, también queremos colaborar. —dijo Esteban habiendo regresado después de una llamada que le hizo el licenciado.
—Dejen a la señorita Lancaster trabajar. —dijo el señor Campbell y volvió a su oficina, poniendo su cabeza en el espaldar del sillón, cuestionó lo que tanto le llamó la atención— Lancaster de Monterrey, es extraño, ¿desde cuándo vive Lucero en los angeles? Demasiada casualidad, los Lancaster son solo una familia, no sabía que en Monterrey habría una familia con ese apellido.
***
El señor Lancaster había recibido una propuesta de los nuevos diseños con él nombre de Esteban Walter, el abrió la carpeta y realmente le puso toda su atención.
De inmediato llamó a una reunión y sin mucho preámbulo expuso su criterio.
—Creo que él publicista del señor Campbell ha perdido talento, este muchacho tiene la chispa que necesitamos, mañana, si no me convencen en la última presentación, llamaré a este joven a trabajar directamente para mí.
—Señor Lancaster, mejor tomemos un respiro para conocer quien es y si su talento es tan bueno, este chico es el hijo de Bastazar Walter, ese señor está casi en la ruina.
—Es posible que su hijo sí tenga el talento y la genialidad, nunca está demás escuchar una buena propuesta.
***
Ya casi amanecía, y Lucero había dado por terminado su proyecto, pero miró nuevamente la propuesta para el diseño del señor Lancaster, ella tentada volvió a abrir los libros, allí estaba la foto del millonario, lo observó aún más con detenimiento.
—¿Quién podría haberlo imaginado? Yo, Lucero, Lancaster por error, estoy haciendo el proyecto millonario suyo, veamos qué le parece mi talento, espero que si le gusta mi proyecto, no se fije más en mi apellido que en el mismo diseño creado especialmente para usted...no me gustaría tener que, explicarle señor Lancaster que, a mi sí me importa muchísimo el dinero que, solo así pagaré las cuentas de quien sí supo ser mi padre.
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Editado: 17.10.2026