Lucero entró feliz a su casa, no podía creer que ya tenía trabajo, su sonrisa era única, ella quería abrazar a su padre, solo que él no estaba feliz de verla.
—¡Ahora pasas la noche en la calle! —gritó afincando su bastón— ¿Crees que esperaba ésto de tí, Lucero?
—No papito, lo sé, solo trabajaba, y te quiero dar una buena noticia. —sonrió encantada tras su mirada soñolienta.
—¡No quiero vagabunda en mi casa! —gritó, la sonrisa de Lucero se congeló, miró a su madre y entendió que ella se había mantenido callada.
—¿Quieres que me vaya de casa cuando solo trabajo? —preguntó con un hueco en el pecho— No soy una vagabunda papi, te juro que...
—¡Aparte de hacer lo que te da la ganas, andas de.. callejera.!
—No es lo que dices, pero entiendo, —interrumpió— no quieres que esté en tu casa, sientes que soy la oveja negra, que mancho el hogar, pero yo sé quien soy, mi madre lo sabe también, y no hace nada por mi.
—¡No metas a tu madre en ésto! ¡¿Quieres que ...?!
—¡Papá no es lo que piensas! —gritó por primera vez a su padre— Entiendo todo, parece que nadie confía en mi, hasta mi madre —lloró secándose al mismo tiempo las lágrimas— entiendo que a mis hermanos no les importe lo que pase conmigo, no llevo su sangre.
—¡No vengas a justificarte con una locura, somos una familia!
—No lo somos, si así fuera lo entenderías...y yo...no valgo para tí, ni para mí madre...yo no he dormido papi, estuve trabajando toda la noche, y no me escuchas... tú ya no me escuchas, y es porque no quieres.
—Lucero...hija, no le dije a tu padre porque en verdad, yooo...
—No crees en mí, ¿mi madre no me cree tampoco? Vaya... deberías decirle la verdad a mi padre, aunque yo no sé si quiera pertenecer ya a esta familia.
—¿Qué dices Lucero? Se acercó su padre confundido.
—Que si yo te causo molestias, no me verás más aquí. —interrumpió devolviéndose a toda prisa, la puerta sonó con estruendo.
—¿Se fue? —preguntó el hombre ahora angustiado— ¡Lucero! —gritó y se apresuró como pudo llamándola, pero no la vió.
—Estaba trabajando, eso me dijo, pero Lorenzo... él dice que no es cierto que...—dijo la mujer con temor— Y tú no oyes nunca a tu hija, o no quieres oírla. —la mujer lloró— de un tiempo para acá todo es más difícil contigo, todo te molesta...
—Llámala, solo no quiero que duerma fuera de casa, por nada, ¿No lo has entendido mujer? —el hombre igual tomó el teléfono y le marcó, pero fue inútil— Tú sabes que no quiero que mi hija esté en la calle, menos de noche, necesito que vayas por ella —-le gritó a su hijo.
—Papá, ya volverá, deja que le pegue hambre. —espetó ofuscado Lorenzo.
—¿O buscas a tu hermana, o él que se va eres tú? —objetó el hombre con severidad— Lucero es mi hija, y lo saben, eso de que no lleva sangre nuestra no significa nada, es mi niña y lo saben.
—No entiendo, la echas como perro, y ahora la mandas a llamar, Lucero ya se fué. —dijo saliendo a toda prisa.
—Lucero siempre trabaja. —dijo la mujer y se retiró a toda prisa, el hombre aún confundido y un poco incrédulo puso su bastón y se sentó pensativo sintiéndose fatal.
...
—Solo quería asustarla —dijo al ver a su mujer de regreso— te lo juro mujer, quiero que vea la vida con fundamento, que estudie...es mi hija y la amo.
—Lucero desde que te enfermaste trabaja ambulante, en mercado, en transporte —mostró los recibos y facturas de compras de cada mes— hace lo que sea para que alcance para tus medicinas, no quería que lo supieras, sabía que te sentirías mal, y ahora es peor, perdóname, por eso su atraso en la universidad. Tú dinero es poco y...las medicinas son muy costosas.
—¡¿Qué...queeee dices mujer? —el hombre sintió un amargo.
—Que Lucero trabaja para que no te falten los medicamentos.
—No puede ser, ¿Por qué...? —se preguntó así mismo— ¿Mi hija se sacrifica por mi? —indagó con un nudo en la garganta— ¿Cómo te callas algo así...? —dijo el hombre avergonzado— ¿Por qué me has hecho ésto? No quiero que mi hija deje de estudiar...¿Por qué...?
La puerta se abrió y Lorenzo muy calmado entró a la casa, era como si se resignaba a no cumplir con él mandato de su padre.
—Lucero se fué, no la vi en ninguna parte. —dijo y su padre se puso de pié.
—Te he permitido muchas cosas, dejaste de estudiar, no trabajas y nada te importa más que tú, ¿O buscas un empleo y ayudas a los gastos, o te vas de la casa? Eres un adulto de veintisiete años...
—Osea que Lucero se va por tu culpa y yo soy el que pago las consecuencias...
—Lucero no puede dejar de estudiar, ¿O trabajas o te vas?
—¿Y si decido estudiar? —preguntó Lorenzo.
—Si quieres estudiar, asumes tus gastos, dos años tiene mi Lucerito pagando lo que te tragas para que tú madre pueda pagar mis medicamentos y a ti no te importa.
—¡Ahora yo soy el malo, que belleza! —objetó con amargura.
—Lo eres Lorenzo, no te importa tu familia —dijo su padre con más enojo— eres egoísta y un gran holgazan, si no te veo buscando empleo, te haré salir de esta casa...porque Lucero sí va a estudiar.
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Editado: 25.10.2026