Baltazar subió las escaleras a toda prisa, el juraba encontrarse con Lucero, ya en su mente había ideado hacer de las suyas al pagarle lo que no correspondía por sus diseños, a este egoísta hombre le fascinaba aprovecharse de las necesidades de sus pocos trabajadores que le quedaban, a excepto de su amante.
—¿Lucerito? —dijo al abrir la puerta, todo estaba oscuro, pero al prender la luz vió a su esposa sentada— ¿Tú, cariño? Eeeehhhh —palideceó.
—¿En dónde dejaste a tu amante? —preguntó ella.
—Crees que...—rió— ¿Cómo puedes creer que Lucerito sea mi amante? Ella es una niña...
—Para ser exactos, ¿A dónde dejaste a Anastasia? —el hombre palideceó aún más, pero se repuso— ¿Crees que nunca lo iba a saber?
—¿Saber qué? ¿Estás loca? Yo no tengo amante.
—La tienes, dejas de pagarle a tus trabajadores por el placer que ella te da, pero en algo Lucero tiene razón, nunca te Vi los defectos, quizás por amor...o por idiota, por creer que eras de mi familia,.
—No digas tonterías, ¿en dónde está Lucero?
—Se fué —dijo con satisfacción— supe que es amiga de tu amante, ella era tu cuartada, ¿No es así? —el hombre hizo silencio— esa niña es inteligente, abrió mis ojos, no tengo por qué soportar tu perfume barato, tu aliento apestoso, tu mala cara cuando llegas a casa...
—¿Síiii, y que más te dijo Lucero?
—Que eres un infeliz tacaño, que le robas a tus trabajadores, ella no va a trabajar para tí, ¿Crees que todo te lo mereces? Te recuerdo quien es la dueña y como comenzó esta empresa?
—Cariño, tú solo sabes de mantener el orden en la casa.
—¿Tú dices? —rió la mujer secando sus propias lágrimas en decepción— Tú sabes que la idea de este negocio fue mía, y fue la señora Lancaster quien lo patrocinó, gracias a mí has vivido bien, pero también gracias a mí te quedarás sin un centavo, —prendió la pantalla de su teléfono— ¿Crees que no sé que estos diseños son la última oportunidad que tienes para salvarte?, quieres un contrato con la nueva empresa, pero no lo vas a tener.
—¿En dónde están los diseños? Ese es mi proyecto.
—No, ese es el proyecto de Lucero, ella lo hizo, yo se los compré, ¿Sabes para quién? Para mí, yo salvaré mi negocio, y mi hijo vendrá aquí, aunque quiere seguir con la empresa Campbell.
—No te atrevas, bien sabes que si ese proyecto es aprobado sería nuestra salvación.
—Pues ya tu hijo tendrá la aprobación, y no por estos diseños, y no solo eso, quiere conocer a Lucero, llevarla a trabajar con él.
—Un fracasado, es un profesional sin futuro, necesita de esa chica para que no lo corran por inepto y tú, la madre ejemplar, lo secundas.
—A diferencia de tí, eres un mal padre, tacaño y maltratador de los trabajadores, además de infeliz traidor.
La mujer salió enfurecida dejando a Baltazar preocupado, sabía él riesgo que corría sin los diseños, su esposa no los soltó y pareció altanera llevándoselos en la vista de su marido.
***
Lucero entró muy positiva a la empresa Campbell, no sabía que podía espera, pero ella estaba muy positiva, preguntó por Esteban Walter, mientras observaba la foto en el teléfono que la madre de este le había enviado.
La condujeron a una oficina en donde trabajaba, mientras Gael Campbell parecía furioso viendo unas imágenes que le eran inútil. La puerta se abrió y Lucero entró como sí la esperaban.
Gael Campbell fijó su mirada en ella, parecía obstinado por la intromisión sin todavía haberla escuchado.
—¡¿Quién eres y qué buscas?! —gritó a todo pulmón— ¡¿No te enseñaron a tocar la puerta?!
—¿Y alguna vez a usted le enseñaron que a las damas se les trata bien? Se supone que es un caballero —él miró fijamente su atuendo, gorra de medio lado, camisa negra de flequillo con pantalones anchos y tenis, y con una mirada de gacela, sus ojos bien maquillados de negro y una altivez que pocos habían visto en una chica con bajo refinamiento, además de una gran sonrisa.
—Eres...
—No me destroce con la mirada, —interrumpiò al jefe— no estoy aquí por usted, sino por él, me invitó. —señaló a Esteban Walter y el jefe pareció no hacerle gracia.
—¡Ya veo porque tanta pérdida de tiempo, no tienen ideas de nada, este mediocre trabajo es lo que han venido haciendo, yo pago a un profesional que confía en este muchacho sin creatividad, y una tras otra me muestra diseños repetidos sin fundamentos! —soltó los diseños en el escritorio y Lucero pasó su mirada como si fuera una fotocopiadora.
—Horrible —dijo y rió a carcajadas— Nada original, yo los hago mejores sin tener que reconstruir esas tradicionales ideas sin criterio de innovación.
—¿Los haces mejores, fue lo que dijo? —preguntó Gael mostrando interés.
—Claro.
—Hazlo entonces.
—No trabajo gratis, y menos a gente déspota. —ella lo miró como si lo conocía— Haga un contrato para mí y yo le presento algo mejor, ¿De qué empresa hablamos? —dijo mientras tomó los diseños en las manos.
—Lancaster.
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Editado: 17.10.2026