El jefe, sus reglas...y yo

Capitulo 7. La petición de Lucero.

El jefe se habia quedado dormido, al despertarse miró de inmediato el reloj, ya casi daba las seis de la mañana, salió a toda prisa y entró a la oficina de publicidad.

Lucero estaba profundamente dormida sobre los libros, él la observó sintiendo compasión por ella, pero miró en el reflector de la pantalla un video de todo el trabajo publicitario.

—No puede ser. —pensó— Lo hizo, ¿ella ha logrado hacerlo todo en una noche? Lucero, realmente eres brillante. —espetó sin poder creerlo aún, y ella abrió los ojos, se incorporó de inmediato como si se avergonzara tan solo un poco.

—Creo que me pedirá disculpas señor Campbell...me lo merezco, usted de rodillas ¿Será posible? —rió en medio de un bostezo.

—¡No diga usted tonterías! —respondió disimulando su emoción— Necesito conocer todo el proyecto, hay que hacer la edición, necesito que todo se presente con sus clics y tener todo el material explicativo en las carpetas, y a la mano.

—Todo está listo, solo necesitamos reproducirlo. —dijo con una cara de triunfo.

—No puedo creerlo, ¿hiciste todo eso?, ¿tú sola?

—¿Me pedirá disculpas? —preguntó interesada en la respuesta.

La mirada de Gael parecía haberse ampliado, sus ojos azules se hicieron más intensos mientras leía, ella se acercó y se sentó a su lado.

—Te diré lo que pienso, seré muy objetivo, realmente me gustó tu trabajo, estoy complacido y aunque el señor Lancaster no lo apruebe, yo quiero que trabajes para mí, te pediré disculpa por lo de fugaz.

—Estrella fugaz, así me dijo, ¿Okey?

—Okey, está bien señorita Lancaster, no debí decirte de esa manera sin conocerla bien. Discúlpeme.

—¿De rodillas? —dijo riendo.

—Eso jamás, no es para tanto, señorita Lancaster no seas tan extremista.

—Soy Lucero, solo Lucero, ¿Y un desayuno? Uno de los buenos —él la observó— Comida mexicana, tacos, chiles...me lo merezco.

Gael Campbell rió procurando no mostrarse, ella supo que detrás de tanta amargura había un hombre que necesitaba ser feliz, ella lo sabía, pero no era de su incumbencia, ella solo quería trabajo y dinero.

—Tendrás tu desayuno, le pediré a mi secretaria que te acompañe. Lucero realmente pensé que no lo lograrías, me equivoqué, ahora tienes dos horas para la presentación

—¿Usted la puede hacer? No he dormido y...

—Es tu trabajo, puedes hacerlo, es una orden.

—Tengo sueño, debo volver a casa...por favor, todo está explícito...por favor señor Campbell.

—No sé... demonios no sé porqué te oigo.

—Lo saqué de un aprieto, ¿O no? Seguro que ese señor Lancaster si le gusta el trabajo.

—Okey, sí, tiene razón, me sacaste de un aprieto, pero tenga en cuenta que al firmar el contrato debe cumplir con las reglas pautadas.

—¿Reglas? —Lucero desconcertada rió en medio de interrogantes— ¿Cuáles reglas?

—Ve a desayunar. —dijo Gael Campbell en una orden.

—Eso de dormir aquí no es una regla, ¿Verdad? —hizo una pausa y repuso— Bueno, no lo creo, así sí es verdad que me corren de casa, papá es bien estricto, quizás ya no tengo casa y aún no lo sé.

—¿Señorita Lucero, de qué hablas? —preguntó el jefe con cara de ogro— No eres una niña.

—¡Para usted no! ¡Ohhh perdón señor Campbell, es que a veces me confundo, papá dice cuando le conviene que sí, que soy una niña, pero en otras ocasiones soy mujer. —rió— ya quiero volver a casa, desayunaré antes y usted paga todo.

Lucero abandonó la oficina y Gael Campbell solo observó su retiro, no podía creerlo, se sentó a leer, pero no pudo concentrarse.

—¿Lucero Lancaster, quién eres en realidad? —se preguntó así mismo sin poder parar de reir— Qué chica tan extrañamente loca...pasa la noche trabajando y su humor es igual, pide desayuno con absoluto descaro,sabe que lo merece, es atrevida en pedirme que haga su trabajo y lo que es peor, teme que la corran de casa. Realmente es muy extraña.




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