El jefe, sus reglas...y yo

Capítulo 5. Mi palabra vale más que el oro.

Lucero estaba segura de ella misma, pedía claridad en los asuntos que conciernen no solo en su desempeño, sino en su remuneración, cosa que no era problema para Gael Campbell.

—Señorita Lancaster, necesito ponerla a prueba, si usted logra convencer a mi cliente con una presentación, el puesto será suyo y tendrá todos los beneficios como trabajadora de mi empresa.

—Póngalo por escrito, no suelo creer en esfímeras palabras, sellada y firmadas por favor.

—Claro, y usted me firma que el tiempo invertido también tiene un costo.

—¿Duda de mis capacidades? —preguntó con una cálida sonrisa, pero el jefe no quitó su incrédulo rostro— entiendo, cuando dijo contratada no había formalidad.

—Quiero ver el producto, eso quiero, luego vamos con la formalidad.

—Entrégueme lo recaudos de la empresa Lancaster y mañana traigos los diseños, eso sí. Esto me los pagará por adelantado.

—Veo tu seguridad y aún me parece que juegas, te daré un voto de confianza, solo que no puedes sacar nada de acá.

—No voy a pasar la noche en su empresa. —dijo y él la miró sin bajar su temperamental caracter— ¿Tengo que pasar la noche acá?

—Todos lo haremos. —dijo Esteban— No queda tiempo y mañana deben estar los diseños.

—Iré a casa, hablaré con mis padres y vendré aquí. —el jefe fijó su mirada más en ella, pareció aun más incrédulo— Vendré, no tengo que jurarlo para que me crean. —dijo con la misma velocidad con la que salió.

—Es una charlatana, no volverá, ustedes pónganse a trabajar que mañana es posible que Lancaster nos cancele. —espetó el jefe.

—Señor, Lucero dijo.

—Olviden a esa estrella fugaz —interrumpió— nada es cierto, huyó. —rió como si le resultara graciosa y todos lo miraron, pero aclaró la garganta al darse cuenta— A trabajar —ordenó volviendo a su estado natural.

***

Lucero llegó a su casa, todos la miraron como si la acusaran de algo.

—¿Y mi padre? —preguntó.

—¿Hermanita, de donde sacaste dinero? —preguntó el segundo de los hermanos— ¿Acaso tienes un sugar daddy?

—No, tengo trabajo, realizo unos diseños y me los pagaron a buen precio, y hoy en la noche haré un trabajo extra para la compañía Campbell, amaneceré trabajando. —los hermanos rieron a todo pulmón mientras su madre la veía esperando una explicación.

—No me creen, pero yo solo quiero que papá lo sepa.

—No te creerá.—dijo su hermana.

—No importa, yo igual le diré, él debe saber que ésto es trabajo, a él no le gusta que pase la noche fuera de casa, pero necesito trabajar, vine por mi padre y por mi equipo.

—Papá duerme, mamá le dió su medicamento, no lo molestes. De todas maneras nadie te cree.

—Lo sé, entiendo, igual volveré allá. —dijo y fue por sus cosas, aunque se detuvo en frente de la habitación, y vio a su padre dormido cuando abrió con sumo cuidado la puerta a la que volvió a cerrar y se acercó a su madre.

—Ésto no es buena idea, a tu padre no le gustará.

—Si le dijeras la verdad, papá confiara en mí, sabría que no soy una holgazana que, sus medicamentos son costosos y que no alcanza su dinero, yo los compro, por eso mi retraso en la universidad.

—Tu padre no debe saberlo se sentiría mal y quizás prefiriria morir que ser una carga.

—Entonces sé de ayuda y no me cuestionen más, necesito algo fijo y que me ayude a terminar mi carrera, ¿entiende mami?

—Te entiendo Lucero.

—No, no lo haces cuando mis hermanos me molestan, me ofenden, dile la verdad a ellos para que me respeten, soy tu hija también.

—Lucero, ellos saben que eres noble y buena...son inmaduros, es la edad.

—Mami, tuve esa edad, no fuí inmadura, ni molestaba a nadie, solo quiero la salud de mi padre y salir adelante.

—Hija, yo lo sé, si tu padre no fuera tan aprensivo a que es el proveedor de la casa fuera distinto.

—Sí pero me llama holgazana y quiere que trabaje.

—Lucero, él lo hace para presionarte a estudiar, cree que no buscarás trabajo.

—Un día lo sabrá, y tú tendrás que explicarle, mami...yo sé que mi padre me ama y quiere lo mejor para mí. —dijo y besó la mejilla de su madre, salió llena de alegría, jamás dejaría pasar la oportunidad.

***

Gael Campbell estaba consternado al no ver algo nuevo en los diseños, todo parecía haberse detenido.

—Siempre hemos sido número uno en el mercado publicitario, —dijo el jefe— y ahora no sé qué ha cambiado, ustedes deben actualizarse, si al menos la estrella fugaz hubiese dicho la verdad.

—No soy fugaz, —interrumpió Lucero dejándolo sin palabra— soy auténtica, bella, creativa y muy capaz, pero sobre todo confiable, mi palabra vale más que el oro.




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