El sacrificio

Capítulo VII

ME RECUERDAS A…

—¿Has encontrado algo sobre Damián? —preguntó Marco mientras se acercaba al escritorio de Eithan, estirando los músculos después de pasar horas sentado.

—No, aún no. Desde el asesinato no ha vuelto al trabajo y, según lo que hemos averiguado, tampoco ha salido de su apartamento. Estaba pensando que deberíamos ir hoy mismo a hablar con él... o traerlo a la estación para hacerle unas preguntas.

—Me parece una excelente idea. Necesito salir de este lugar; siento que envejezco más rápido cada minuto que paso encerrado aquí.

Eithan rodó los ojos. Marco tenía la costumbre de exagerar las cosas.

Marco tomó las llaves del vehículo que descansaban sobre el escritorio.

—Yo conduzco.

—Ni lo sueñes. —Eithan le arrebató las llaves de la mano.

—¿Y ahora qué hice?

—La última vez que te dejé conducir casi haces que terminemos en un río.

—Pero eso no va a pasar ahora. No hay ningún río cerca... ¿o sí?

—Ese no es el punto y lo sabes perfectamente.

Marco soltó un suspiro exagerado.

—Eres un amargado.

—Sí, sí... lo que tú digas. Ahora apresúrate, que se nos hace tarde.

Marco negó con la cabeza mientras caminaban hacia la salida.

—Cada día me recuerdas más a mi padre.

Eithan arqueó una ceja y dejó escapar una risa.

—Eso es nuevo... y bastante raro.

—Lo sé. Ahora deja de quejarte y vámonos.

Lo que para Marco parecieron horas, aunque apenas fueron unos minutos, terminó cuando el automóvil se detuvo frente al edificio donde vivía Damián.

Subieron hasta el quinto piso y se detuvieron frente al apartamento número treinta y seis.

Marco llamó a la puerta. Nadie respondió. Volvió a intentarlo.

Después de insistir varias veces, llamó a la administración del edificio.

—¿El señor Damián ha salido hoy?

La respuesta fue inmediata.

—No. Según el encargado, no ha abandonado el edificio desde ayer.

Marco colgó lentamente, un mal presentimiento comenzó a instalarse en su pecho. ¿Y si el asesino se les había adelantado otra vez? ¿Y si, en cuestión de horas, recibirían una llamada informando del hallazgo de otro cadáver?

Mientras aquellas ideas daban vueltas en su cabeza, vio cómo Eithan examinaba la cerradura.

—No responde, pero tampoco parece haber salido —murmuró.

Retrocedió un paso y, tras advertir a Marco con una mirada, lanzó una fuerte patada.

La puerta cedió. Ambos entraron con cautela, Marco recorrió el apartamento con la mirada, esperando encontrar la peor de las escenas.

Pero no había sangre. No había señales de lucha, todo estaba sorprendentemente limpio y ordenado. Aquella normalidad resultaba incluso más inquietante.

Los dos avanzaron revisando cada habitación cuando, de pronto, un fuerte golpe resonó a sus espaldas.

Los detectives se giraron de inmediato, una bolsa de compras había caído al suelo. Frente a ellos estaba Damián.

Tenía el rostro completamente pálido y los observaba con una mezcla de miedo y desconcierto, como si hubiera visto un fantasma.



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En el texto hay: asesinatos, bromas, asesinato muertes

Editado: 25.09.2026

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