Yuji llegó finalmente a la mesa.
Era la de siempre. Aquella que habían ocupado el año anterior: sencilla, de madera desgastada, situada lejos de los grandes ventanales y de las zonas donde solían reunirse los estudiantes de apellidos ilustres.
Allí estaban Miyu, Ren y Airi.
Para cualquiera que pasara por cerca, aquella mesa no tenía nada especial. Pero para ellos significaba todo. Habían compartido innumerables almuerzos allí: risas, discusiones, confidencias y silencios. Y, sobre todo, habían convertido aquel rincón en uno de los pocos lugares de la academia donde las jerarquías simplemente dejaban de existir.
Miyu tenía posición suficiente para sentarse en cualquiera de las mesas principales. Ren también. Pero nunca lo hicieron. Desde el primer día eligieron este rincón, junto a los becados. Y Yuji —entonces un chico de cabello oscuro, lentes y uniforme sencillo— había sido parte de aquel pequeño grupo.
Quizá por eso los demás se habían alejado. No porque alguien se lo hubiera prohibido. Simplemente: sentarse con los becados había hecho que Miyu y Ren dejaran de ser bienvenidos en los círculos más altos. Y a ellos nunca les importó.
Los estudiantes becados, en cambio, sí lo agradecieron. Para muchos de ellos, aquella mesa era el único lugar donde podían sentarse sin sentir que cada mirada los juzgaba por su apellido, sus notas o el dinero de sus familias.
Yuji dejó su bandeja sobre la mesa.
—Aquí estamos.
Se sentó junto a Airi. Miyu levantó la mirada.
—Por fin.
Ren sonrió.
—Pensé que tardarías más.
—Hubo un pequeño inconveniente.
Miyu soltó una carcajada.
—¿Pequeño?
Ren miró hacia el otro extremo del comedor. Allí, Valeria seguía intentando limpiar su uniforme con expresión desesperada.
—Bueno… depende de cómo definamos «pequeño».
Yuji tomó asiento con calma. Pero algo había cambiado.
Las conversaciones a su alrededor se habían apagado poco a poco. No por orden de nadie. Sino porque prácticamente todos en el comedor tenían la vista fija en aquella mesa.
Yuji apoyó ambas manos sobre la madera.
—¿Por qué todos nos miran tanto?
Miyu arqueó una ceja.
—¿En serio preguntas eso? Tú que no abres los ojos…
—Siento las miradas —respondió él con calma—. Pesan demasiado.
Ren apoyó el mentón en una mano.
—Porque ahora eres la persona más comentada de toda la academia.
Yuji ladeó levemente la cabeza.
—¿Comentada? ¿Qué dicen?
Miyu suspiró y sacó su dispositivo, colocándolo frente a él.
—Pues como no puedes ver, te lo leeré yo. —Empezó a deslizar la pantalla con el dedo—. Dicen que… «¿El estudiante desaparecido ha vuelto?», «¿Yuji Kuzonoha ahora es una chica?», «¿Qué ocurrió durante su desaparición?», «¿Por qué nunca abre los ojos?»… y… «¿Es realmente humano?».
Yuji escuchó en silencio. Al terminar, esbozó una pequeña sonrisa.
—Vaya.
—¿Solo «vaya»? —se extrañó Miyu—. ¡Toda la academia está hablando de ti! ¡Dicen cosas terribles y absurdas!
—Ya me lo imagino. —Yuji ladeó la cabeza hacia ella, con una sonrisa que se volvió traviesa—. Gracias por leérmelo, Miyu. Eres muy amable. Casi pareces mi lectora personal.
Miyu se sonrojó ligeramente y le dio un suave golpe en el brazo.
—¡No te burles! Solo te lo leo porque tú… bueno… porque prefieres mantener los ojos cerrados.
—Es mucho más tranquilo así —respondió él con inocencia—. Además, si los abriera, dejaría de necesitarte. Y eso sería una lástima.
Ren soltó una carcajada. Miyu abrió la boca para replicar, pero terminó sonriendo entre resignada y divertida.
—Estás insoportable. Pero escúchame bien: lo que dicen es importante.
—Lo sé. —Yuji recuperó la serenidad—. Continúa.
Ren señaló discretamente hacia otras mesas.
—Y eso no es lo único que está pasando. Mira.
Varios estudiantes empezaban a acercarse. Algunos fingían pasear distraídamente. Otros susurraban entre ellos sin dejar de mirar. Incluso un par de chicas que jamás se habían acercado a aquella mesa ahora parecían buscar cualquier excusa para hacerlo.
Miyu frunció el ceño.
—Y ahora vienen todos. Quieren acercarse a ti.
—¿Ah, sí? —Yuji mantuvo la calma—. ¿Y por qué lo hacen?
—Porque ahora eres misteriosa, llamas la atención y todo el mundo habla de ti —explicó Ren con ironía—. Pero hace un año, cuando eras un chico becado y sin respaldo… nadie quería sentarse contigo. Nadie quería saber tu nombre.
Yuji guardó silencio.
—Ahora en cambio… —continuó Ren—, de repente descubrieron que siempre fueron tus amigos.
Miyu soltó una risa amarga.
—Y lo peor es que muchos son exactamente los mismos que antes se burlaban de ti.
Yuji tomó sus cubiertos con tranquilidad.
—Entonces no les den importancia.
Miyu lo miró.
—¿Así de fácil?
—Sí.
—¿No te molesta nada?
Yuji negó con suavidad.
—No.
—¿Ni siquiera un poco? —insistió ella.
Yuji sonrió.
—¿Por qué debería? —Tomó un bocado con calma—. Lo único que sienten es culpa. Y esperanza. Creen que me convertiré en alguien poderoso y quieren estar cerca para beneficiarse.
Airi asintió lentamente.
—Quieren aprovecharse de ti.
—Exactamente. —Yuji bebió un sorbo de agua—. En este lugar todos saben perfectamente cómo funciona la jerarquía. Saben quién está arriba. Saben quién tiene influencia. Saben a quién conviene tratar bien.
Miyu apretó los labios.
—Y ahora creen que tú vas a estar arriba.
—No solo eso. —Yuji dejó el vaso sobre la mesa—. Creen que pueden usarme para subir ellos también.
Ren miró hacia las mesas principales. Varios estudiantes apartaron la vista de inmediato.
—Tiene todo el sentido.
Yuji sonrió.
—Claro que lo tiene. —Su voz no tenía rastro de rencor, y eso la hacía aún más inquietante—. El problema es que olvidaron una pequeña cosa.
Editado: 04.10.2026