Entre raices y recuerdos

Capítulo 7: Secretos que aún no se pueden contar

La enfermería de la academia era mucho más tranquila que el comedor.

O, al menos, debería haberlo sido.

Porque apenas la familia Kuzonoha entró en una de las salas privadas, Amane pareció haber olvidado por completo que acababa de recuperar a su hermano tras seis meses de angustia. No porque no estuviera feliz. Todo lo contrario: estaba demasiado feliz.

—¡No puedo creerlo! —exclamó por enésima vez, dando vueltas alrededor de él.

Yuji permanecía sentado frente a sus padres, sosteniendo con calma una taza de té que había conseguido en algún momento del camino.

—Amane…

—¡Tengo una hermana pequeña!

Yuji parpadeó.

—Soy tu hermano.

—¡Eso es técnicamente correcto! —respondió ella sin inmutarse.

Sacó rápidamente un cuaderno de su bolso y lo abrió sobre la mesa.

—¡Pero mira tu apariencia! ¡Cabello blanco! ¡Plumas entrelazadas! ¡Ese rostro! ¡Y los ojos siempre cerrados! ¡Pareces literalmente el protagonista de una historia de fantasía!

Yuji observó el cuaderno.

—Eso no explica por qué estás dibujando.

—¡Porque necesito saber qué tipo de personaje eres! —afirmó ella, y el lápiz empezó a deslizarse sobre el papel—. Primero necesitamos determinar tu estilo.

—No necesitamos determinar nada.

—¿Caballero sagrado?

—No.

—¿Princesa elfa?

—Tampoco.

—¿Diosa de un bosque misterioso?

La mano de Yuji se detuvo sobre la taza. Fue apenas un instante. Tan breve que casi nadie lo notó. Amane, absorta en su boceto, no lo vio.

—… No.

—¿Doncella de batalla?

—No.

—¿Bruja?

—Definitivamente no.

—¡Entonces una sacerdotisa!

—Amane.

—¡Una protagonista que perdió sus recuerdos y regresó con poderes misteriosos!

Yuji soltó un suspiro.

—Eso suena demasiado específico.

—Porque probablemente sea cierto.

—No lo es.

—Todavía —corrigió ella, levantando una ceja.

Takeshi se llevó una mano al rostro, conteniendo una sonrisa. Hanae, a su lado, simplemente observaba a su hija con una mezcla de resignación y cariño infinito.

Yuji giró levemente la cabeza hacia ellos.

—Por favor, cálmenla.

Su padre soltó una pequeña risa.

—Lo siento, hijo.

—¿Papá?

—Cuando tu hermana se pone así… no podemos hacer mucho.

Hanae asintió con suavidad.

—Desde pequeña es imposible detenerla cuando encuentra algo que le fascina.

Amane levantó la cabeza de golpe.

—¡Esto es diferente!

—¿En qué sentido? —preguntó Takeshi, divertido.

—¡Ahora tengo un hermano que parece salido directamente de un anime!

Yuji dejó caer los hombros.

—Ese argumento no me tranquiliza en absoluto.

Amane volvió a su dibujo.

—Además… quiero hacer cosplay contigo.

Yuji la miró fijamente.

—¿Cosplay?

—Sí.

—No.

—¡Pero aún no te he dicho de qué!

—No importa.

—¡Pero sería divertidísimo!

—No.

—¡Podemos ir de hermanos!

—No.

—¡O los dos de protagonistas!

—No.

—¡O tú de protagonista y yo de hermana mayor que te protege!

Yuji guardó silencio. Amane detuvo el lápiz y levantó lentamente la mirada.

—¿Eso sí?

—Eso ya se parece demasiado a nuestra vida normal.

Ella sonrió, triunfante.

—¡Entonces aceptas!

—No dije eso.

—¡Perfecto!

Yuji suspiró y negó con la cabeza. Takeshi soltó una carcajada.

—Definitivamente eres nuestro hijo.

—¿Por qué? —preguntó Yuji, confundido.

—Porque eres el único capaz de discutir con Amane durante cinco minutos y terminar perdiendo sin darte cuenta.

—Eso no tiene sentido.

—Lo tiene —confirmó Hanae con una sonrisa tierna.

Poco a poco, el ambiente cambió. Amane siguió dibujando, pero ahora el silencio tenía otro peso. La alegría seguía allí, sí… pero detrás de ella había preguntas. Muchas.

Takeshi se inclinó levemente hacia adelante.

—Yuji.

—Dime, papá.

—La pregunta más obvia… y la que más nos ha atormentado en estos meses es… —hizo una pausa, buscando las palabras—. ¿Dónde estuviste durante todo este tiempo?

El lápiz de Amane siguió moviéndose. Pero incluso ella se había quedado inmóvil, escuchando.

Yuji permaneció unos segundos en silencio. Sus dedos acariciaron suavemente el borde de la taza.

—Hay cosas que todavía no puedo contarles.

Hanae frunció levemente el ceño, con el corazón en la garganta.

—¿Porque no quieres?

—No exactamente. —Yuji bajó la mirada hacia el vapor que se elevaba del té—. Porque ni siquiera yo las entiendo completamente.

Takeshi y Hanae intercambiaron una mirada tensa.

—¿Qué quieres decir? —preguntó su padre.

Yuji respiró lentamente.

—Que recuerdo algunas cosas. O al menos fragmentos. Imágenes, sensaciones… —pasó una mano suavemente por uno de sus mechones blancos—. Pero hay partes que no puedo explicar. No sé cómo llegué a donde estuve. No sé exactamente qué ocurrió durante todo ese tiempo. Y tampoco entiendo esto… —se llevó la mano al pecho—. Mi cuerpo.

Hanae lo miró con los ojos llenos de preocupación.

—¿No sabes qué te pasó, hijo?

Yuji negó suavemente.

—No.

La respuesta fue tan sencilla que resultó aún más aterradora.

—Entiendo que estén confundidos —continuó él con suavidad—. Yo también lo estoy. Solo que… aprendí a convivir con las preguntas antes de encontrar las respuestas.

Takeshi lo miró fijamente, serio.

—¿Y no tienes miedo?

Yuji sonrió débilmente.

—A veces.

Aquella sinceridad los golpeó con más fuerza que cualquier otra cosa.

—Pero si hay algo que aprendí durante estos meses —añadió él—, es que algunas respuestas llegan… cuando uno está preparado para recibirlas.

Hanae extendió la mano sobre la mesa y tomó la suya entre las suyas.

—No tienes que contarnos todo hoy. No tienes que explicarnos nada si no puedes. —Apretó suavemente sus dedos—. Solo queremos saber que estás bien.



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Editado: 04.10.2026

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