Km 130 "Conduciendo al Suspenso"

6. Km 129

Capítulo 6

Faltaba un kilómetro para llegar al ciento veinte.

La ruta seguía extendiéndose delante de nosotros, casi sin tránsito.

Andrés permanecía sentado en el asiento del acompañante.

Ya no tenía aquella actitud desafiante de unos minutos atrás.

Parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Yo seguía conduciendo.

Y entonces tuve una sensación extraña.

Estaba jugando un rol.

Me sentía como cómplice.

No había elegido estar ahí.

No había decidido acompañarlo.

Sin embargo, desde el momento en que había vuelto a subir al auto, algo había cambiado.

Andrés ya no me hablaba como a un conductor.

Me hablaba como si yo formara parte de lo que estaba por hacer.

—Mariano, esto que vamos a hacer es muy serio.

Lo miré apenas.

—Tenemos que tener mucho cuidado. No nos podemos equivocar.

No respondí.

—Porque el tipo con el que me tengo que encontrar se portó mal.

—No te entiendo.

Andrés acomodó el cuerpo en el asiento.

—Te lo voy a explicar más claro. Vos te portás bien porque estás colaborando conmigo. Él se portó mal.

—¿Qué hizo?

—Se quedó con algo que es mío.

Hizo una pausa.

—¿Cómo reaccionarías vos si alguien se queda con algo que es tuyo?

—Iría y se lo pediría.

—Yo fui y se lo pedí.

—¿Y qué pasó?

—No me lo dio.

Miró hacia adelante.

—No solamente no me lo dio. Dijo que no tenía nada que darme.

Durante unos segundos permanecimos en silencio.

—Y acá estoy —continuó—. Vengo a buscar lo que es mío y vos me estás acompañando.

Giró la cabeza y sonrió.

—Eso sí es suerte, ¿eh?

Seguí mirando la ruta.

—Al fin entendiste que tenía que ponerte de mi lado.

No respondí.

—¿No la pasás mejor así? Estando de mi lado.

La pregunta quedó suspendida dentro del auto.

—Fue lo más inteligente que hiciste en toda la noche.

—Estás equivocado.

Andrés me miró.

—Yo no me puse de tu lado.

Hizo una pequeña pausa.

—Yo no soy tu compañero.

—¿Ah, no?

—No.

Sonrió.

—¿Y qué estamos haciendo?

No respondí.

—Vos estás de mi lado.

Volvió a mirar hacia adelante.

—Y vas a estar de mi lado hasta el momento en que lleguemos a Buenos Aires, te diga gracias por el viaje y te pague.

—Yo solamente estoy haciendo mi trabajo.

—Eso es lo que vos querés pensar.

Lo miré.

—No. Es lo que estoy haciendo.

Andrés soltó una pequeña risa.

—Como quieras.

Siguió mirando la ruta.

Por primera vez desde que habíamos retomado el viaje, parecía completamente relajado.

Y esa tranquilidad me inquietaba más que sus amenazas.

No dije nada.

Tampoco él.

Durante unos kilómetros solamente se escuchó el ruido del motor y el sonido de los neumáticos sobre el asfalto.

Entonces volvió a hablar.

—No te queda otra, Mariano.

Esperé.

—Aceptalo por las buenas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.