Los 12: La Mafia del Zodiaco

Capitulo 2: No Pude Hacerlo

No pude dormir. No después de lo que escuché.

_Mátala._

Esa palabra rebotaba en mi cabeza una y otra vez, contra las paredes de mi cuarto. ¿A quién? ¿A mí? ¿Qué había hecho? ¿Leo había cambiado de opinión? Sentía el pecho apretado, las manos heladas. Cada ruido del pasillo me hacía saltar. Entré en pánico y no sabía qué hacer, si esconderme, si correr, si llorar.

Estaba por romperme cuando la puerta de mi cuarto se vino abajo de una patada tan fuerte que rebotó contra la pared.

Era Escorpio.

Tenía el pelo mojado, la camisa negra arremangada hasta los codos y esa cara de que todo le da asco. Ni siquiera se molestó en saludar.

- Arriba - dijo con asco, mirándome como si yo fuera basura. - Hoy vienes conmigo a hacer un trabajo. No quiero quejas, no quiero preguntas, no quiero esa cara de susto. Andando.

No me dio tiempo a nada. Me puse lo primero que encontré en el armario que Leo había dejado para mí, una remera grande y unos jeans que me quedaban enormes, y bajé corriendo. Subí al auto con él.

El auto olía a cigarro, a perfume caro y a metal. Trataba de no mirarlo, de hacerme chiquita contra la puerta, pero era imposible no notar los detalles. Tenía el cuello, las manos, hasta los nudillos tatuados con escorpiones pequeños, negros. Y en el asiento de atrás, tirada como si nada, había una guitarra eléctrica negra.

Sin querer la miré demasiado.

- Deja de revisar mis cosas. Y deja de mirarme - soltó sin sacar los ojos del camino. Su voz era baja pero cortaba. - Me pone de mal humor que me miren.

Me hundí más en el asiento. El resto del viaje fue un silencio incómodo, solo se escuchaba la lluvia golpeando el vidrio y el motor. Yo apretaba las manos hasta que me dolían.

Llegamos a un bosque a las afueras. Estaba oscuro, húmedo. Ahí había dos tipos encapuchados, armados hasta los dientes, parados al lado de dos chicos arrodillados, también encapuchados.

- ¡Patrón, llegó! Estos son los dos que quería - dijo uno, bajando el arma - ¿Y ella?

- Es la nueva. Díganle 13. Vino a aprender cómo trabajamos - dijo Escorpio, metiendo las manos en los bolsillos.

- Como usted diga, patrón. ¿Empezamos?

Escorpio me llamó a los gritos, como si fuera un perro.

- ¡13, ven! Hoy empiezas tu trabajo nuevo. Vas a torturar a estos dos hasta que me den la información que necesito. Quiero nombres.

Sentí que el estómago se me daba vuelta, que me iba a desmayar ahí mismo, pero asentí con miedo. No podía desobedecerlo dos veces.

Empezó el interrogatorio. Escorpio preguntaba con una calma que daba más miedo que si gritara. Y cuando no le respondían, me miraba a mí.

- Dale.

Me pasó un bate de metal. Pesaba muchísimo. Pero mis manos temblaban tanto que el primer golpe fue débil, patético. El segundo también. Escorpio se cansó, me quitó el bate y empezó a golpearlos tan duro que la sangre salpicaba por todos lados. No aguanté más. Esa escena era demasiado cruda, demasiado real.

Tuve que salir corriendo. Escorpio terminó el trabajo solo. Yo solo escuchaba los gritos desde afuera, tapándome los oídos. Cada grito me hacía sentir que la próxima iba a ser yo.

Cuando salió, se limpió las manos con un trapo que le pasó uno de los tipos y me miró decepcionado, con un asco aún mayor que antes.

- No sé por qué Leo te quiere acá. Eres patética. Ni siquiera pudiste dar un simple golpe con el bate. No sirves ni para eso. En fin, vámonos. Se terminó el encargo de hoy - dijo y empezó a caminar hacia el auto, sin esperarme.

Pensé que me iba a dejar tirada ahí, en el medio del bosque. Pero me obligó a subir al auto y me llevó a comer a un bar de ruta. Eran las 12:39 y yo tenía el estómago cerrado, las manos todavía sucias y temblorosas.

Pidió dos cafés y dos platos de comida sin preguntarme.

- Los Zodiacales podemos ser malos, injustos, incluso sanguinarios - dijo de la nada, tomando su café y mirando por la ventana como si siempre estuviera en alerta, como si alguien fuera a entrar a matarnos en cualquier momento - Pero a nuestra gente y a quienes protegemos, nunca les falta nada. Nunca. Grábatelo.

Le agradecí en voz baja. No quería comer, pero ¿sería desafiarlo si le digo que no a algo que él me ordena? Mejor no averiguarlo.

- ¿Sabías que nuestra familia tiene muchos enemigos, no? - dijo con un tono desafiante - Solo tenemos una familia rival que siempre está a la par nuestra. Lo verás algún día y sabrás quiénes son. Ahora termina tu comida, debemos volver a la base.

De vuelta en la base nos cruzamos a Aries en la entrada. Venía con una sonrisa enorme.

- ¿Llevaste a la 13 a comer? ¡Awwww, qué lindo lo tuyo, Escorpio! ¿Ahora tenés citas románticas? - se burló a carcajadas.

Me sorprendió que Escorpio no lo matara ahí mismo. Cualquier otro ya estaría en el piso. Deben tener mucha confianza para joderse así.

- Cierra la boca, Aries - dijo Escorpio, pero sin bronca real.

- Jaja, como sea. Tenemos que hablar contigo, es sobre el casino de Sagitario. Al parecer escaló muy rápido y ellos no darán el brazo a torcer - dijo Aries muy serio, sin esa sonrisa de hace un momento.

- Ve a hacer otra cosa, 13. Tengo que encargarme de algo - me dijo Escorpio sin siquiera mirarme.

Se fueron los dos por ese pasillo largo. Aunque eso que dijo Aries me dejó helada. ¿"Ellos"? ¿Será la familia rival?

Cuando me di vuelta para irme a mi cuarto, me choqué de lleno con una pared. No, no era una pared. Era alguien. _Listo, ahora sí me matan._

Pero era Tauro. A pesar de ser enorme, de medir casi dos metros y tener brazos que parecían troncos, me sostuvo antes de que me cayera al piso.

- ¿Estás bien? - dijo con una voz grave pero tranquila, mientras me ayudaba a levantarme con una facilidad que daba miedo. Tenía una mirada dulce, cálida - Ten más cuidado, ¿sí? Te puedes lastimar y eso a Leo no le va a gustar nada. Se enoja.



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En el texto hay: mafia, zodiaco, acción / suspenso

Editado: 22.09.2026

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