El mármol de la mansión de los Zodiacales nunca había visto tanta sangre.
Doce contra doce. Se habían metido por el portón principal y ahora cada rincón era una guerra distinta. Los gritos rebotaban en los pasillos.
Yo estaba en el salón principal, con la espalda contra la chimenea apagada. Leo delante mío, con el cuchillo curvo de su familia en la mano. Frente a nosotros, Dragón. Impecable, como si estuviera en una reunión de negocios. Y Gato, a su lado, limpiándose la bota.
- ¿Monopolio? - Leo se rió, sin gracia. - Te quedaste sin frases, Dragón. Viniste a mi casa a hablarme de negocios.
Dragón se aflojó la corbata, tranquilo.
- No es tu casa, Leo. Nunca lo fue. Los Zodiacales se repartieron Rosario como niños con figuritas. Doce territorios, doce reglas, doce impuestos distintos. Ineficiente. - Dio un paso y miró alrededor, como tasando la mansión. - Yo quiero una sola regla. Un solo proveedor. Sin competencia. Tu puerto, el laboratorio de Virgo, los clubes de Libra... todo bajo una sola marca. La mía.
- Querés todo porque no pudiste tener nada propio, ¿no? - soltó Leo. - Te echó tu padre de Shanghai y ahora venís a robar apellidos.
Dragón sonrió. Esa sonrisa fea.
- Preguntas personales, León. Qué tierno. ¿Quieres saber si duermo bien? ¿Si extraño a alguien? - Me miró a mí, de reojo. - Deberías preguntarle a ella por qué todos la queremos tanto. Ofiuco no es una chica, Leo. Es un contrato firmado con sangre antes de que naciera. Y tú no estás en ese contrato.
- Ella no es un contrato. Es mía.
- Por ahora.
Y chasqueó los dedos.
Gato no lo dudó. Una patada seca, militar, directo a mi estómago. Sentí que se me iba el aire y salí volando por la puerta del salón, directo al pasillo que da al jardín.
Caí sobre el pasto húmedo. El pánico me ahogó. Quise correr hacia la reja, escapar como siempre.
Pero a tres metros, la guerra ya había empezado.
PELEA 1: EL JARDÍN - ARIES VS CONEJO
Conejo estaba en posición táctica, rodilla al suelo, pistola con silenciador levantada. Disparó. Pft. Pft. Pft.
Aries, en el medio del jardín, con la campera rota, no se cubrió. Avanzó.
El primer tiro le rozó el hombro y le dejó una línea de sangre. El segundo lo esquivó girando el torso, Krav Magá puro. El tercero lo desvió con los puños americanos de acero, haciendo chocar metal contra metal.
- ¿Eso es todo? - escupió Aries.
Conejo se levantó y retrocedió, profesional. Volcó la mesa de mármol del jardín para cubrirse y desde abajo siguió disparando. Aries corrió, se tiró al suelo, rodó y le pateó las piernas. Conejo cayó pero en la caída sacó un cuchillo táctico de la bota y le cortó el antebrazo a Aries.
Aries gritó y le respondió con un codazo en la mandíbula y un gancho ascendente con los puños americanos que le partió el labio a Conejo.
Conejo se tambaleó, sacó una granada de gas del chaleco. Aries la vio venir, la pateó en el aire como una pelota y la mandó contra la fuente. Explotó. Humo blanco.
En el humo, se agarraron cuerpo a cuerpo. Puños contra culatazos. Aries lo tenía contra el suelo, le doblaba la muñeca para que suelte la pistola, pero Conejo le mordió y le sacó el seguro de una segunda pistola pequeña del tobillo.
Pft.
El tiro le dio a Aries en la pierna. Aries rugió, ciego de dolor, y con toda su fuerza le aplastó la cara a Conejo con los dos puños americanos juntos.
Conejo quedó inconsciente, con la cara ensangrentada sobre el pasto.
Aries se dejó caer de espaldas al lado de él, agarrándose la pierna, exhausto, sin poder moverse más. Jadeando.
GANADOR: Aries. Pero queda tirado en el jardín, fuera de combate
Yo vi eso y mi pánico se rompió.
No iba a correr.
Me levanté del pasto, agarré una piedra de la fuente y volví corriendo al salón. Gato me esperaba en la puerta.
- Vuelves - dijo, divertido.
Le tiré la piedra. La esquivó. Y me agarró del pelo.
Me arrastró hasta el pasillo y me tiró con otra patada, esta vez hacia la habitación de tecnología.
Caí rodando y la puerta se cerró detrás mío con un golpe.
Adentro, otro infierno.
PELEA 2: HABITACIÓN DE TECNOLOGÍA - ACUARIO VS RATA
La habitación de Acuario era todo cables y pantallas. Y ahora estaba destrozada.
Acuario bailaba, literalmente. Capoeira. Daba vueltas, hacía la finta de la _meia-lua_, una patada que pasaba a milímetros de Rata. Se reía, pero estaba sudando.
Rata no se movía mucho. Manos en los bolsillos. Flaco, con cara de nada. Y de repente, una aguja salió volando de su manga.
Acuario la esquivó girando, pero la segunda le rozó el gemelo. Se le durmió un segundo la pierna.
- ¡Quieto, rata de mierda! - gritó y le lanzó una patada doble.
Rata se tiró al suelo, sacó de la suela del zapato una hoja oculta y se la clavó en el pie descalzo de Acuario. Acuario gritó y cayó de rodillas.
Rata aprovechó y lanzó tres cuchillas del tamaño de una moneda desde su cinturón. Una le cortó la ceja a Acuario, otra el hombro.
Acuario, ensangrentado, hizo lo imposible: se impulsó con las manos, hizo una _au_ de capoeira en el aire y en el giro envolvió el cuello de Rata con las piernas. Lo apretó, lo hizo girar y lo estampó contra la mesa de servidores. Los monitores explotaron.
Rata, ahogándose, sacó su último truco: una aguja envenenada escondida en el cuello de su camisa. Se la clavó a Acuario en el costado.
Los dos cayeron al suelo. Acuario, con el veneno haciéndole temblar las manos, le dio un último codazo en la sien a Rata y lo noqueó.
Pero Acuario quedó ahí, tirado entre los cables, con la vista nublada, respirando agitado, sin fuerzas para levantarse. Solo logro ponerse un anti veneno que le dio Virgo a cada uno por precaución, acuario ya no podía seguir peleando.
GANADOR: Rata. Gana la contraparte por primera vez. Acuario queda exhausto en la sala de tecnología.
Editado: 06.10.2026