No duró.
El sonido que había escuchado al final no era una pelea. Era un disparo.
Volví al salón principal a los tumbos, con Gato detrás mío agarrándome del brazo. Me empujó contra una columna de mármol y me dejó ahí, con su mano en mi hombro, apretando lo justo para que no me escape, pero lo suficiente para que mire.
- Quieta y aprende, 13 - me susurró al oído.
Frente a nosotros, la escena estaba congelada. Dragón con el brazo izquierdo levantado. Tres balas aplastadas contra el metal. Leo con el arma táctica todavía humeando en la mano y el cuchillo curvo en la otra.
No habían empezado a pelearse. Habían hablado.
- Piensa, Leo - decía Dragón, como si nada hubiera pasado, bajando el brazo de metal blindado con calma-. Tú y yo juntos. Tu gente y mi gente. Nadie nos toca en Rosario. Ni la policía, ni los rusos. Seríamos la mafia más temida de toda la provincia. Un solo nombre. Un solo jefe. Yo pongo el dinero de Shanghai, tú pones las calles.
Leo escupió a un costado, no bajó el arma.
- ¿Y dividirlo todo con vos? ¿Ser tu empleado? Yo no traiciono a los míos.
- No es traición, es evolución - insistió Dragón, y me miró de reojo a mí, tirada contra la columna-. Ofiuco lo entendió. Por eso no tenía lealtad hacia nosotros. Sabía que los Zodiacales son débiles por estar divididos en doce. Por eso se fue con ustedes. Buscaba algo más grande.
Al escuchar mi nombre, Leo apretó la mandíbula hasta que le crujió.
- No la nombres.
- ¿Por qué te molesta tanto? ¿Que ella prefiriera a los doce antes que a uno solo? ¿Que confiara más en los Zodiacales que en tu obsesión?
- Te dije que no la nombres.
Fue la gota. Dragón sonrió, esa sonrisa que usa antes de matar, metió la mano en la manga y lanzó una daga plateada directo al cuello de Leo.
¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!
Leo no se agachó. Disparó. Tres tiros secos que rebotaron contra el brazo de metal blindado de Dragón. CLACK-CLACK-CLACK. Las balas se clavaron en la pared de la mansión.
- Ahora sí - dijo Dragón.
Y ahí sí, por fin, se fueron a las manos. Pero esa pelea es para el final.
Porque mientras nosotros estábamos en el salón principal, en el resto de la mansión la guerra seguía.
PELEA 1: LA BIBLIOTECA - GÉMINIS VS PERRO
La biblioteca olía a papel viejo y ahora a pólvora.
Los gemelos Géminis, él y ella, se movían como si compartieran cerebro. Kali filipino puro. Dagas dobles en cada mano, girando, cortando el aire. Ella iba bajo, buscando tobillos. Él iba alto, buscando garganta.
Perro estaba en el medio, enorme, con el chaleco antibalas puesto y la escopeta táctica en las manos.
- ¡Miren qué lindos, los perritos de biblioteca! - rugió Perro.
Disparó. ¡BANG! La estantería de al lado explotó en pedazos de libros.
Los gemelos se separaron. Rodaron entre las mesas. La gemela mujer apareció por detrás y le cortó el chaleco a Perro con una daga. Él giró y le dio un culatazo en la cara que la tiró contra una mesa.
- ¡ANA! - gritó su hermano.
- ¡SIGO! - ella se levantó con la nariz rota, escupiendo sangre y sonriendo.
El hermano aprovechó y le clavó una daga en la pierna a Perro. Perro gritó pero no cayó. Agarró al gemelo del cuello con una llave de Krav Maga y lo ahorcó contra la estantería.
- ¡Sueltos no sirven! - dijo Perro, ahogándolo.
La hermana se le trepó a la espalda y le mordió la oreja, le clavó la otra daga en el hombro. Perro la tiró al suelo de un codazo.
Fue brutal. Dagas contra puños y culatazos. Cortes contra disparos. Los gemelos eran rápidos pero Perro era una pared.
Hasta que Perro hizo trampa. Dejó caer su escopeta a propósito. Los dos gemelos se lanzaron para rematarlo.
Perro, desde el suelo, sacó una segunda escopeta recortada que tenía atada al tobillo.
¡BANG! ¡BANG!
Dos disparos a quemarropa, no para matar, para frenar. Les dio en las piernas, cerca del pie.
Los gemelos cayeron de rodillas al mismo tiempo, agarrándose, con las dagas todavía en las manos, pero sin poder pararse.
Perro se dejó caer sentado contra la biblioteca, sangrando del hombro y de la pierna, jadeando. Sin poder seguir tampoco.
GANADOR: Perro. Gana por resistencia. Los gemelos Géminis quedan heridos en las piernas, fuera de combate. Perro queda exhausto y tirado en la biblioteca.
PELEA 2: SALA DE AJEDREZ - VIRGO VS MONO
Virgo no se había movido de la sala principal de ajedrez.
Estaba sentado frente al tablero gigante, moviendo una pieza. Alfil a C4. Como si no escuchara los disparos. Tranquilo.
La puerta se abrió de una patada. Mono entró girando su bastón largo como una hélice, sonriendo con todos los dientes.
- ¿Jugando solo, bonito? Qué aburrido - dijo Mono-. Yo juego con todo lo que veo.
Virgo ni lo miró.
- Llegas tarde. Ya es jaque mate.
Mono se rió y lanzó el bastón. Virgo se tiró al suelo rodando, el bastón destrozó el tablero y las piezas volaron.
Ahí empezó.
Mono usaba TODO como arma. Agarró una silla y la lanzó, rompió una lámpara y usó el vidrio como cuchillas, saltó sobre la mesa y usó las piezas de ajedrez gigantes como proyectiles. Su estilo era caos puro.
Virgo era lo opuesto. Chi Kung Do. Cada movimiento mínimo, preciso, sin gastar energía. Esquivaba girando el torso, bloqueaba con la palma abierta. Y de sus mangas sacaba sus armas de presión silenciadas. Psh. Psh.
- ¡Quieto! - gritó Mono.
Dos dardos le dieron en el cuello y en el brazo a Mono. Mono se los sacó riendo.
- ¿Veneno, doctorcito?
- Paralizante. En diez segundos te tiembla la mano derecha - dijo Virgo, arreglándose los lentes ensangrentados.
Mono se enojó porque tenía razón. Atacó con una lluvia de golpes de bastón. Virgo los bloqueaba, pero cada bloqueo lo hacía retroceder. Un golpe le cortó la ceja con el borde del bastón.
Editado: 06.10.2026