Escorpio no dijo nada. Solo caminó hasta Leo y le puso el papelito doblado en la palma.
Leo lo abrió. Era el papel de la galleta de la suerte de Conejo.
Decía una sola cosa: _13_.
Leo lo leyó en silencio. Me miró. Y no se enojó, que fue lo peor.
-Lo hablamos en la cena -dijo.
La cena.
La mesa era larguísima. Doce sillas y una más, la mía, al final, como si no terminara de pertenecer. Aries estaba, con el pecho vendado pero con la misma cara de querer matarme. Eso me tranquilizó un poco, si tenía ganas de odiarme era porque estaba bien.
Al principio nadie dijo nada de la galleta. Fue peor. Fue un interrogatorio disfrazado de cena normal.
-¿Y en tu vida pasada qué hacías, 13? -dijo Géminis, uno sonriendo, el otro serio. Cambiaban de humor a mitad de la frase y mareaba.
-Nada -contesté.
-Nada no es una respuesta -soltó Tauro sin levantar la vista del plato.
Virgo y Acuario empezaron a teorizar entre ellos, como si yo no estuviera. Que si Conejo me estaba marcando, que si 13 era una advertencia, que si era un número de la suerte china.
Libra no decía nada. Solo miraba. Y eso ponía más nerviosa que las preguntas.
-Basta -cortó Leo. Su voz no fue fuerte, pero todos se callaron-. Si vamos a cenar, cenemos como gente normal. Sin interrogatorio.
El silencio que siguió lo rompió Capricornio. Dejó los cubiertos con un golpe seco.
-Quiero ir contra los chinos. Mataron a mi espía. Al más leal que tenía. Quiero venganza.
-Ahora no es el momento -respondió Leo, frío-. No vamos a empezar una guerra porque tengas bronca.
Yo sentí el papel de la galleta quemándome en el bolsillo aunque no lo tuviera yo.
Fue Escorpio el que me salvó del foco.
-Leo, ¿y si la llevamos a una misión de infiltración? Con Piscis. Que vea cómo trabajamos. Si Conejo la marcó, quizá no sea tan inútil.
Leo me miró. Dudó. Mucho. Miró a Piscis, que estaba jugando con la comida.
-Piscis puede cuidarla -dijo al fin-. Pero no van solos. Virgo y Capricornio, van con ellos. Por seguridad.
Así terminamos los cuatro en un casino.
El Casino Noir. Luces, gente gritando, fichas por todos lados. Piscis miraba todo con los ojos brillosos como si fuera un parque de diversiones. Virgo no miraba a nadie, solo analizaba. Capricornio caminaba como si fuera el dueño del lugar.
El informante era Kevin. Un flaco, con transpiración fría.
Virgo lo encontró primero.
-Hablá -le dijo.
Kevin se encogió de hombros.
-Hey, ni siquiera un ¿Hola? Qué modales... Ya saben todo, la mafia china se está moviendo, quieren la ciudad...
-Mentís -dijo Virgo-. Eso ya lo sabemos. Decime algo que no sepamos.
Virgo se le acercó más y lo vio temblar. Le levantó la manga de la camisa sin pedir permiso. Ahí estaba. Una marca quemada en la piel. Una serpiente.
-Estás marcado -susurró Virgo-. Te están vigilando. Por eso no hablas.
La mirada de Kevin era de puro pánico.
Virgo me miró a mí, rápido.
-Capricornio, revisá el perímetro. Hay gente de Serpiente acá. Nos están vigilando.
Capricornio asintió y se perdió entre las mesas. Piscis, sin que nadie se lo dijera, se metió por una puerta que decía SOLO PERSONAL y salió dos minutos después vestido de camarero, con una bandeja.
Virgo volvió a Kevin.
-Si no hablás, nos matan a todos.
Kevin me miró a mí, con lástima.
-Nena, andate. Andate afuera ya, va a haber tiroteo.
Tarde.
Sentí una mano en mi pelo, tirándome hacia atrás. Un tipo grandote me puso un arma en la sien.
-¡Todos quietos! ¡Si alguien se mueve la mato!
Capricornio ya estaba rodeado por cuatro tipos más. Nos tenían.
Kevin me miró con culpa.
-Perdón... perdón, si digo algo soy hombre muerto. Nada me asegura que voy a vivir.
Piscis apareció por detrás del tipo que me tenía. Sin decir una palabra, le rompió una botella en la cabeza. El tipo cayó.
-¡Salí por la salida de emergencia, 13! ¡YA! ¡Nosotros nos encargamos! -me gritó.
Corrí. Llorando, corriendo, con las piernas temblando por no poder hacer nada. Llegué a la puerta de emergencia y me frené.
No. No otra vez siendo la inútil.
Me di vuelta. Volví donde estaba el tipo que Piscis había noqueado y lo arrastré hasta un rincón sin luz, le saqué la chaqueta negra con la serpiente bordada y me la puse. Me até el pelo.
Salí caminando como uno de ellos.
Adentro, la cosa estaba fea. Virgo, Piscis y Capricornio de rodillas. Piscis tenía un ataque de pánico de verdad, lloraba sin parar. Capricornio lo insultaba.
-¡Dejá de llorar, inútil! ¡Nos vas a hacer matar!
Era parte del plan. Lo entendí después.
-Les damos la información que quieren -dijo Virgo, con una frialdad que asustaba-, pero dejan ir a Piscis y a Capricornio.
-Nosotros decimos lo mismo -dijeron Piscis y Capri al unísono.
Los de Serpiente se miraron confundidos y los cagaron a palos por no ponerse de acuerdo.
Ahí, desde una esquina, llamé. Llamé a refuerzos. Sabía que iban a tardar.
El que llegó no tardó.
La puerta del casino explotó. Aries entró a los tiros, con el pecho vendado y una sonrisa de loco.
-¡INCREÍBLE! ¡Siendo tres y los sometieron! JAJAJA -gritó mientras disparaba.
Virgo, Piscis y Capri se tiraron al piso. Fue una masacre de diez segundos.
Cuando el humo se fue, quedaban cinco contra uno. Nosotros contra Kevin, que temblaba en una esquina.
Aries me vio con la chaqueta de Serpiente y me apuntó. Yo me la saqué rápido y lo abracé. Él se puso duro, incómodo, y me apartó rápido para que nadie viera que le gustó.
-Llévenlo a la base -ordenó.
En la base, Kevin habló. Habló de todo. De la mafia china, de que no eran 12 como nosotros, sino otros 12. Y que su jefe quería quedarse con toda la ciudad. Quería a Leo y a Escorpio muertos. No sabía por qué.
Todos se quedaron helados.
Editado: 06.10.2026