Me gusta la sensación desconocida, tan ajena a mi vida, que me rodea el corazón cada vez que nuestros cuerpos chocan. Pero déjame ser más precisa.
Me gusta el roce de tus manos, aunque frías, jugando con los mechones que ondean por el viento.
Adoro lo que provoca un encuentro, un momento. Adoro lo que demuestras, lo que dices, lo que haces, lo que sueñas.
Me gusta pensar que es posible. Que puede convertirse en una realidad. Me fascina aquella emoción agradable que se instala en mi corazón, aunque de forma breve, por que solo con verte, siento que vale la pena hacerlo todo.
Vale la pena arriesgarme a vivir algo que, entre pensamientos crueles, puede acabar en cualquier instante.
Puede que terminemos con el corazón roto. Puede que esta felicidad no dure mucho. Pero quiero ver a donde nos lleva.
Y perdóname si lo repito todo el tiempo, aun me cuesta creerlo, pero si lo digo es porque quiero que lo que sentimos se vuelva eterno.
Mi niño dorado.
Te quiero.