Hoy es cuando se regalan flores amarillas. Y aunque dejaste claro que me las darías, jamás olvidaré tus ojos ni tu sonrisa. Ni tu esfuerzo, ni tus palabras. Ni el cariño que profesabas.
Jamás olvidaré los abrazos que te di en medio de tanta felicidad. Jamás olvidaré eso, ni por un instante.
Ni aunque mi mente colapse.
Tal vez esto sea un sueño febril entre la inmensa tristeza, entre la ansiedad que consumia mis huesos y mi carne hasta quitarme la piel a tirones dolorosos.
Tal vez tu seas un invento de mi mente.
Tal vez solo este soñando con algo que esta demasiado lejos de mi alcance.
Pero sigues demostrando que eres real.
Que somos reales para los dos aunque nos cueste creer que algo tan bonito era posible.
Y se lo debemos a ella.
Pero ya lo sabe, ¿cierto?
Que esta vida que tenemos la oportunidad de vivir es debido a que vio algo que nosotros desconociamos.
Por eso no tengo miedo de que todo vaya muy rápido ni que el pensamiento de volver a verte me resulte agradable y sincero.
No puedo esconderme.
De nuevo he llegado a la conclusión de que te quiero.